sábado, agosto 06, 2005

La "Cultura Política" en México

PRESENTACIÓN.
El siguiente trabajo tiene la finalidad a partir de lo que la burguesía entiende por cultura democrática; a partir de ahí, se trata de estudiar la “cultura política” en México y caracterizarla ya sea como una cultura parroquial que es el nombre que se le ha dado a culturas totalmente antidemocráticas, donde los ciudadanos están vagamente concientes de su sistema político, o si se trata de una cultura política subordinada, -que es así como le han llamado los intelectuales burgueses- donde los ciudadanos están conscientes de sus sistema político pero se relacionan con el Estado como entes subordinados o estamos hablando en México de una cultura política participativa donde el ciudadano es un sujeto consciente de su sistema político e influye activamente en él desarrollando un régimen pluralista. Todo ello basado dentro del campo teórico burgués de la ciencia política, que se ha caracterizado por hacer a un lado dentro de sus análisis la lucha de clases y considerarla ésta incluso por reconocidas personalidades de la ciencia política como algo desfasado y caduco. Para llegar a algo concreto tenemos como fuente principal la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2003 realizada por dependencias del gobierno federal como la Secretaría de Gobernación y el INEGI.
A partir de esta encuesta y siempre y cuando partimos por lo que los intelectuales burgueses llaman la cultura política, podemos llegar a deducir si las transformaciones sociales que ha sufrido nuestro país se ha logrado por un desarrollo hacia una cultura cívica o realmente tenemos una sociedad más pasiva que activa por lo que se debe a otros factores los cambios recientes operados en nuestro país.
Sabemos que no sólo un factor es determinante en dichas transformaciones, que hay un sin fin de vertientes que nos permitirán entender estas transformaciones por lo que esperamos darle a la encuesta su validez limitada.
Nos movemos entonces por la arena movediza de la subjetividad y a partir de datos empíricos sin embargo ello no nos ata para que al finalizar podamos sacar conclusiones certeras respecto a nuestra realidad política, social y cultural. Es necesario que este análisis parta de entender la cultura democrática tal y como lo plantea Jacqueline Paschard por lo que no entramos a cuestionar su análisis, sino partir de ahí para analizar el caso concreto de nuestro país. No me meteré a cuestiones de la base económica sino el análisis se basa en la cuestión de las estructuras políticas, de nuestro sistema político y de cómo según la encuesta, lo percibe la ciudadanía.

LA CULTURA POLÍTICA EN MEXICO
“Se define como cultura política democrática como un conjunto de motivaciones, medios y modos de actuar en la vida política compartido por amplios grupos sociales; conjunto que expresa la concepción que las personas tienen acerca de la política, del sistema político y de sí mismos como actores políticos, orientan su comportamiento y se reflejan en las acciones de otros actores políticos, en su discurso político, en las instituciones y en el funcionamiento del sistema político.”[1]
Entendiendo que, según Jacqueline Peschard, una cultura política será más democrática en la medida en que la sociedad tenga más información y conocimientos sobre el sistema político en su conjunto y los actores que lo conforman, no dejándose guiar simplemente por percepciones más o menos espontáneas,[2] tenemos que evaluar la Cultura Política de México y para ello nos serviremos principalmente de la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2003, dada a conocer por la Secretaría de Gobernación.
No debemos perder de vista que en los últimos tiempos se ha desarrollado en la sociedad mexicana cambios supraestructurales importantes para la vida política del país, desde la crisis de 1988 con el mega-fraude que llevó ilegítimamente a Carlos Salinas de Gortari a la Presidencia de la República, hasta el año 2000 donde pierde el PRI los comicios para la Presidencia de la República, se han cambiado las leyes jurídicas y una de las más importantes es la reforma a las leyes electorales, esto es útil mencionarlo ya que como Eduardo Castellanos lo menciona “una cultura política democrática pasa necesariamente por una cultura de la legalidad electoral y la cultura política democrática se sustenta a su vez en la cultura de la legalidad”[3]. Lo que aquí podemos adelantar es que toda la investigación de la cultura política democrática no es para cambiar el orden existente sino buscar la manera de regular y afianzar aquellos elementos que permitan atacar problemas de desestabilización de las instituciones políticas y sociales. Por ello no debemos omitir el esquema de lo que se ha dado por llamar la cultura política democrática que tal y como la definen los teóricos burgueses no existe en ninguna parte del mundo capitalista, toda vez que toda sociedad capitalista no es democrática sino una sociedad de clases. Es decir la democracia puta no existe y la que existe es con apellido, aquí los teóricos burgueses quieren dar gato por liebre al tratar de entender una cultura democrática en estado puro en una sociedad capitalista, donde lo único que puede haber es una democracia burguesa, una democracia para una minoría, la de los explotadores.
Pero bien, una vez aclarado lo anterior, es necesario proseguir con el ensayo. Es innegable la serie de transformaciones que se han suscitado en nuestro país, sobre todo en el sistema político y el surgimiento de un Estado tripartidista, las elecciones aparentemente son más confiables y la participación ciudadana ha cambiado de forma por lo que surgen necesariamente una serie de interrogantes que hay que tratar de explicar. Las interrogantes que también el mismo autor se plantea son las siguientes: “¿Qué sucede con los actores políticos que protagonizan la lucha por el poder político en México? ¿Cuál es su cultura política democrática? ¿La transición política y alternancia democrática en la Titularidad del Ejecutivo Federal, son consecuencia o inicio de una cultura política democrática de los actores que protagonizan la lucha por el poder político en México y la ciudadanía en general? ¿La cultura política democrática de los actores protagónicos se corresponde con los de la ciudadanía en su conjunto? Como se verá son preguntas no tan fáciles de contestar toda vez que como veremos más adelante existen muchos cuestionen que no nos permiten concluir peregrinamente que vivimos o estamos en una transición a un régimen de cultura cívica, incluso dentro del mismo sistema capitalista, tal y como lo definen Almond y Verba.

Antecedentes en es estudio de la “cultura política” en México
Los estudios más recientes en el intento de medir la cultura política en nuestro país se remonta a 1959 a través de las investigaciones de Almond y Verba publicadas en 1963, en el que se detectó en nuestro país un fuerte despolitización y bajos niveles informativos. Esto no podía permitir que se desarrollara una “cultura política democrática” y sí una cultura política de súbdito y subordinada que es aquella sociedad caracterizada en que los ciudadanos están conscientes del sistema político nacional, lo conocen grosso modo, pero no tienen ninguna influencia sobre el mismo, al regirse el sistema político por un fuerte autoritarismo o la así llamada dictadura perfecta por parte de un solo partido a saber, el PRI. Durante toda la trayectoria de éste partido en el gobierno la sociedad mexicana vivió una profunda despolitización social que tiene sus secuelas hasta hoy día como lo demuestra la el resultado de la propia encuesta a que hemos hecho referencia.
La investigación realizada por Roger D. Hansen y publicada en su libro intitulado “La Política del Desarrollo Mexicano” publicado en 1971 hace referencia a la poca actividad ciudadana en los asuntos políticos cuando se refiere al carácter restringido de las demandas presentadas al sistema político por parte de la población, ya antes de éste estudio existía otro del autor Pablo González Casanova quién había llegado a la conclusión en su obra “La Democracia en México” publicado en 1967, que “la apatía y el conformismo observado en franjas importantes de la sociedad mexicana, se explicaba por la lógica de una estructura política que “ha hecho de la no participación una condición de estabilidad”.[4]
En 1987 aparece el trabajo de Alberto Nano y Luis Hernández con su obra “Cómo somos los Mexicanos” donde resumen el resultado de una encuesta aplicada a 1987 personas. Esta obra resalta la situación particular de que a pesar de que la mayoría de los mexicanos, se interesaba en cierto grado por la política, sólo una minoría se inclinaba a participar activamente en ella, el fenómeno de la mayoría apática, es decir de una sociedad desactivada y desinteresada por lo político.[5] El trabajo plantea la tendencia dominante de imaginar el cambio de la sociedad como un cambio gradual y a través de reformas (4/5 partes de los encuestados se manifestaron a favor de esta postura).[6]
En la segunda mitad de los años 80s se desarrolla el trabajo de Raúl Bejar y Héctor Capello (1990). En este estudio se desprende que existe un lazo identificatorio más fuerte entre las instituciones sociales que hacia las políticas.[7] En 1990 Ricardo De la Peña y Rosario Toledo estudiaron la cultura política del D. F., el desinterés y la incredulidad hacia la política y los políticos serían los aspectos destacables de este estudio y también nos habla de un proceso de despolitización ciudadano, no propio de México sino de una cuestión global.[8]
Cómo se puede observar hasta aquí tenemos una tradición de una “cultura política” más bien subordinada que democrática y esta cultura parece más bien estructural y se debe a otras causas de cómo funciona el sistema en su conjunto para saber a quién beneficia este tipo de cultura política. De ahí que no podemos caer ingenuamente que México va camino a desarrollar una cultura democrática al estilo de otros países capitalistas, en primer lugar por la situación económica que vive la población en nuestro país. 48.7% de los encuestados dice que la situación del país es mala, 11.6% dice que muy mala y sólo 12.6% plantea que es buena. Lo real es que ésta es una buena medida para saber si realmente esta viviendo un desarrollo de la cultura política democrática o seguimos como antaño, subordinados a las decisiones del Estado.
Según Jacqueline Peschard, estos son los componentes de la cultura política democrática: la ciudadanía, la participación, una sociedad abierta activa y deliberativa, la secularización, la competencia o eficacia cívica, la legalidad, la pluralidad, la cooperación con los ciudadanos, una autoridad política responsable. Vamos a analizar cada una de ellas para el caso de nuestro país y después de haber hecho este trabajo sacar nuestras conclusiones.

La Ciudadanía
Los intelectuales burgueses de la ciencia política entienden por ciudadanía, un grupo de individuos racionales, libres e iguales ante la ley. El ciudadano es el protagonista de la cosa pública, no es un súbdito del estado sino que participa directa o indirectamente en el diseño de dichos dictados. En el modelo cívico supone la existencia de individuos racionales que en la esfera privada son egoístas e interesados porque velan por la promoción de sus intereses, mientras que en la pública son responsables y solidarios.[9] Con respecto a los resultados de la encuesta aquí notamos la primera diferencia entre lo que debería ser y lo que es. La concepción de la gente, el 73.7% de los encuestados opina que el Presidente influye mucho en la vida política de México, mientras que los ciudadanos participan menos en las decisiones políticas, según la encuesta, el 46% opina que el ciudadano pesa mucho en la vida política y 38.3% opina que influye poco. Con respecto al último punto referente a la solidaridad y responsabilidad en asuntos públicos tenemos estos resultados de la encuesta. Según la encuesta 2003 sólo 9.7% está interesado en la política y esto se podría definir como acto irresponsable. Todavía más. El 87.4% de los ciudadanos no participó en alguna reunión para discutir asuntos políticos durante el último año. El 71.4% no participo en alguna junta de vecinos. El 83.3% no participó en alguna reunión de colonos. El 88.2% del os encuestados no participó en alguna reunión de agrupaciones de ciudadanos. El 76.8% no participó en alguna asamblea de la ciudad. El 90.3% no participó en alguna reunión durante el último año de algún partido político. El 94.1% no participó en alguna reunión sindical. Todavía más, menos del 50% de los encuestados sabe lo que es ser un ciudadano. Solamente lo sabe el 49.5% de la población encuestada. Y el 16.6% reducen la ciudadanía el tener derecho al voto. Hasta aquí en cuanto a la concepción de ciudadanía, factor importante para la formación de una cultura política democrática.

La Participación.
La participación, donde el ciudadano le interesa la participación política, para elegir a sus representantes y para defender sus derechos. Sólo 37.2% de los mexicanos piensa que vivimos en una democracia y 50% piensa que vivimos bajo el yugo del autoritarismo. El 60% de los encuestados no ha participado en alguna actividad para beneficio de la comunidad. 72.5 % no ha actuado en actos de apoyo de alguna causa. El 87.6% no ha participado en algún sindicato. El 89.9% no ha participado en algún partido político. El 94.8% no ha participado en ninguna agrupación profesional. El 92% no ha participado en ninguna cooperativa. El 93.7% no ha participado en ninguna agrupación política. El 93.5% no ha participado en ninguna institución de beneficiencia. El 76.1% no ha participado en alguna agrupación religiosa. El 85.8% no ha participado en alguna organización de ciudadanos. El 91.1% no ha participado en alguna agrupación de ayuda social. Todo ello refleja el interés real que contrasta en que el 81.9% está de acuerdo en que el voto ciudadano debería incidir en las decisiones del gobierno.
Hay autores que en referencia a la participación ciudadana ven un problema con respecto a la autoridad. Así por ejemplo, Yemite Mizrahi, en su artículo intitulado “democracia, eficiencia y participación: los dilemas de los gobiernos de oposición en México”[10] plantea que una de las condiciones que permiten a un gobierno introducir nuevas políticas y nuevos estilos de gobierno es el de tener autoridad para introducir las reformas y es precisamente aquí donde puede caer en contradicción, al imponer su autoridad con el problema de la participación social, pues esta es necesaria para que el poder llegue legitimado y tanto una como otra es necesaria para el desarrollo de una cultura política democrática.

Tipo De Sociedad ¿Activa Y Deliberativa?
Por lo anterior y analizado la participación ciudadana según la encuesta, qué podemos concluir, pues que en México no hay un desarrollo social activo y deliberativo. Hay autores que plantean que la sociedad mexicana no ha sido una sociedad propositiva y su actuación no ha sido heroica en el terreno político, sobre todo en referencia en los últimos años de reformas mas o menos importantes en el sistema político nacional, y lo demuestran con varios hechos y tendencias como es el caso de tráfico de influencias, la utilización de la apertura política y los cambios constitucionales para medrar política y económicamente, las prácticas ilegales y corruptas, así como el escaso conocimiento acerca de los cambios constitucionales y políticas ya logradas y la existencia de grupos de poder que boicoteen la transición democrática.[11] No hay deliberación, no hay república, es un sistema donde se impone todo desde arriba. Esta falta de deliberación se transforma en una sociedad despolitizada, desinteresada, apática y con poca participación social.
En este apartado es interesante la reflexión de Nicolas Tenzer con respecto a la cultura y a la política plantea que “la cultura, fundada en el aumento potencialmente infinito de la comunicación es política; la política, entendida como arte de construir un proyecto mediante la participación de todos, es cultural. La cultura permite el ensanchamiento del mundo y la educación de la personalidad y el gusto, es un factor de integración”[12]

Secularización.
Según Jacqueline Peschard, una cultura que se seculariza es aquella en que las creencias, sentimientos, concepciones y actitudes hacia los objetos políticos van dejando de estar ligados a estilos ideológicos rígidos y dogmáticos que dependen de la voluntad ajena, para abrirse a toda clase de información y convertirse en seculares, es decir, conscientes, pragmáticos y multivalorativos, esto es, sujetos al libre albedrío y tolerantes frente al flujo de cambios. Según la encuesta podemos concluir que no existe cultura política democrática en nuestro país y que está muy lejos de lograrse, por lo tanto no se puede secularizar lo que está por lograrse. Esto es así porque vivimos en una sociedad despolitizada, donde opinamos pero en general desconocemos información esencial de nuestro sistema político lo que no nos permite tener una participación más activa. El saber compromete y una sociedad que no sabe no tiene compromiso social alguno precisamente, porque se comporta como una sociedad subordinada a las decisiones de las actores políticos.

La Competencia Y Eficacia Cívica.
Según Jacqueline PerchardUn ciudadano activo, que participa en actividades políticas y está informado de lo que pasa a su alrededor, es alguien con un sentido de competencia y eficacia cívica, es decir, que está convencido de que se puede hacer algo, tanto para reclamar del gobierno soluciones a problemas, como para defenderse y reaccionar ante arbitrariedades o injusticias del poder y de que existen canales para hacerlo.
Según la encuesta la mayoría de los encuestados no sabe cuestiones esenciales como el saber lo que es público y privado y mucho menos distinguir una de otra. Así por ejemplo 27% no sabe que es privado y sólo 15.2% lo define como algo personal o propio. Sólo 37.1% sabe cuanto duran en su cargo los diputados y el 61% no sabe. El 50.7% esta interesado poco en política y sólo 9.7% está interesado mucho. Esto es así pese a que el 43.2% piensa que la política contribuye a mejorar las condiciones de vida de los mexicanos, por lo que estamos hablando de una verdadera apatía en la población o una carencia de eficacia cívica.

La Legalidad.
“Hay una escasa valoración, captación y vigencia de las leyes, normas y procedimientos político administrativos, reglamentado para la aplicación de la justicia, así como la realización de trámites rutinarios a nivel municipal y estatal. Se prefiere el trato y la negociación al margen de la ley. Se trata del recurso a arreglos extraordinarios o del tráfico de influencias, es decir, de una cultura de escaso apego a la ley y a las instituciones. Este es el núcleo duro de la cultura política dominante. Constituye uno de sus rasgos estructurales”[13]

La Pluralidad, La Cooperación Con Los Ciudadanos
Es claro que una cultura política democrática conlleva un régimen plural, de participación de organizaciones autónomas y de control limitado. Una cultura política democrática refleja un rostro que marca las líneas de pluralidad social, cultural y política, es el reconocimiento del otro de su derecho a ser diferente, a militar en un partido u organización distinta y la cooperación implica que se tiene confianza en los otros. De esto último son ilustrativos los siguientes datos de la encuesta. El 73.1% de la población plantea que el gobierno lo les apoyó a mejorar sus condiciones de vida o los de su familia por lo que no hay confianza en el gobierno. El 96.2% no recibió apoyo de alguna organización de ciudadanos como por ejemplo Caritas, por lo que no hay confianza en las organizaciones de ciudadanos. El 93.2% no recibió apoyo para mejorar sus condiciones de vida de parte de los partidos políticos, por lo que no hay confianza tampoco en ellos y sin embargo, el 46.3% del os encuestados dicen que los partidos políticos son indispensables para que el país mejore. Pero lo más ilustrativo es que solamente 12.2% confían mucho en las demás personas; 65% confían poco y el 21.2% no confían nada en las demás personas. Como ya se mencionó más arriba por lo mismo de la desconfianza los ciudadanos se muestran reacios a formar parte de una organización o partido político y este es un factor que en nada coadyuva a elevar la influencia ciudadana frente al gobierno.
Podemos destacar todavía en cuestión de la cooperación los siguientes datos de la muestra. El 60.5% de las personas no ha tratado de organizarse con otras personas por algún problema que tengan en común varios. El 92.9% no ha tratado de mandar cartas al periódico para resolver un problema que tenga y le afecta a uno y a varios a la vez. La mayoría de la población no hace nada para resolver un problema que le afecte a él y a varios, no acude en auxilio de organizaciones ciudadanas, partidos políticos, a las autoridades, asistir a manifestaciones, pedir ayuda a diputados y senadores, etc.

Autoridad Prácticamente Responsable.
Según la encuesta el 50% de los encuestados cree que el gobierno se comporta más de manera autoritaria que de forma democrática. Y el 59.8 piensa que el rumbo que sigue el país no es el adecuado y sólo el 22.8% piensa que sí es el adecuado. El 53.7% cree que existe seriedad en los programas de gobierno de combate a la pobreza. El 43.9% cree en la seriedad de los programas de gobierno en combate a la corrupción. Y el 52.5% cree que los diputados al aprobar leyes toman en cuanta, más que los intereses de la población, toman en cuenta los intereses partidistas y la gente confía muy poco en las autoridades.

CONCLUSIONES
Como era de esperarse por los resultados, una cultura cívica tal y como los teóricos burgueses se han pintado como algo idóneo está muy lejos de existir en México particularmente y esto es así porque no vivimos en una sociedad homogénea y no puede existir una cultura cívica con alto nivel de participación ciudadana si lo que domina son las relaciones del capital, los intereses de clase que da pauta a que exista siempre una élite con intereses bien concretos luchando por sus prerrogativas y así, es conveniente que una sociedad despolitizada sirve a un sector de la población que de esa forma garantiza estabilidad para seguir viviendo del presupuesto público,
En ninguna sociedad, ni mucho menos en la gringa, donde existe un alto abstencionismo en las elecciones federales, se puede hablar de una verdadera cultura política democrática. ¿Dónde se podría imaginar una sociedad así cuando lo que domina son las relaciones de producción capitalistas donde los burgueses lo que buscan es el de maximizar sus ganancias y no una sociedad participativa? Incluso, para ir más lejos, una sociedad verdaderamente participativa es dañina para el capital, va contra la ganancia así que esa sociedad participativa en el capitalismo es mas que imposible.
Hemos analizado el caso mexicano, sin embargo el problema de la cultura política no democrática y de una sociedad despolitizada no es un fenómeno local. Hay autores que hablan de crisis social cultural y política. Por ejemplo, Nicolás Tenzer plantea que si “la política se derrumba es porque ya no hay interés en los asuntos comunes y porque la propia sociedad se disgrega”[14] y la encuesta misma lo demuestra cuando el 71.6% de la población encuestada opina que en general, la mayoría de la gente se preocupa por sí misma. “Si desaparece la conciencia de la existencia de una sociedad, la idea misma de cultura común pasa a ser un sin sentido y el individuo pierde todo punto de referencia”[15]
Lo que podemos desprender es la atomización del individuo, que ha empequeñecido su mundo y no sale de él, es el individualismo acrecentado por el cual es imposible pensar en el advenimiento de una cultura política democrática. La encuesta es tajante en éste sentido

BIBLIOGRAFÍA.
-PESCHARD, Jacqueline. “La Cultura Política Democrática”. Cuaderno de Divulgación de la cultura Democrática, 2. Instituto Federal Electoral.
-ALMOND A. Gabriel. Sydney Verba. “The Civic Cultura Revisited.” Litle. Brown and Company. Boston. Toronto.
-RAMÍREZ, Sáiz, Jorge Regalado Santillán, (coordinadores). “Cambio Polìtico y Participación Ciudadana en México.” Editorial. Centro de Estudios de Política Comparada. A. C. Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Colección Sociedad Civil.
-TENZER, Nicolás. “La Sociedad Despolitizada.” Editorial Paidos. 1 edición, 1992.
-KROTZ, Esteban. (coordinador). “El Estudio de la Cultura Política en México (Perspectivas Disciplinarias y Actores Políticos).” Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Ciesas, Pensar la Cultura. Primera edición. 1996.
-MAYER-Serra, Carlos Elizondo y Benito Nacif Hernández (compiladores). “Lecturas Sobre el Cambio Político en México”. Editorial. F. C. E. CIDE. Primera edición 2002.
-SÁNCHEZ Gutierres, Arturo. “Las Elecciones de Salinas, Un Balance Crítico a 1991”. Ed. Plaza y Valdés. FLACSO, cede México. Primera edición 1992.
-CASTELLANO, Hernández Eduardo. “Gobernabilidad democrática en la Transición y Alternancia en México”. Ed. Porrua, México. Instituto Internacional del Derecho y del Estado.
[1] CASTELLANOS, Hernández Eduardo. “Gobernabilidad democrática en la transición y alternancia en México.” Editorial Porrua.
[2] PESCHARD, Jacqueline. “La Cultura Política Democrática.” IFE. Pág. 7
[3] CASTELLANOS, Hernández Eduardo. Op. Cit.
[4] KROTZ, Esteban. “El Estudio de la Cultura Política en México”. Ciesas.
[5] Para Juan Manuel Ramírez Sáiz, “es discutible que la gente tipificada como apática no participe ni actúe en política ni individual ni grupalmente. El hecho de que no se manifieste, movilice. Proteste u proponga cambios, no quiere decir que no actúe para favorecer sus intereses particulares, para obtener concesiones y ganar cotos de poder por diferentes medios, legales e ilegales.” (“Cambio Político y Participación Ciudadana en México.”) Pág. 35.
[6] KROTZ, Op. Cit.
[7] Ídem.
[8] Ídem.
[9] Jacqueline Peschard. Op. Cit. Pág. 10
[10] MAYER-Serna, Carlos Elizondo. “Lecturas sobre el Cambio Político en México”. CIDE.
[11] Juan Manuel Ramírez Sáiz. Op. Cit.
[12] TENZER, Nicolas. “La sociedad Despolitizada.” Ed. Paidos. Pág. 320
[13] Juan Manuel Ramírez Sáiz. Op. Cit.
[14] Nicolas Tenzer. Op. Cit.
[15] Ídem.