sábado, julio 08, 2023

Apocalipstick de Carlos Monsiváis: Comentarios

“Yo estoy allí, aunque no sean mis palabras y mis conceptos, pero sí mis reclamos” (Monsi y seguidores durante aquellos días de enero de 1994)

Soy poco conocedor de Carlos Monsiváis y de su extensa obra literaria; apenas ésta es la primera de sus obras que he leído. Uno conoce a Carlos Monsiváis, por sus columnas en la jornada, su participación en televisa, su participación en algunos documentales sobre el desafuero, sobre esto último, un recuerdo que me viene a la memoria es aquel en el que, desatada la guerra sucia señalando a AMLO como un peligro para México, Monsiváis señala el absurdo de mucha gente que se la cría y decía, “— ¡me van a quitar mi casa! —“, y remata  “— ¡pero si no tienen casa!—”.

Así, con ese tipo de absurdos y con una escritura donde se vale de la sátira, Monsiváis escribirá una de sus últimas obras, apocalipstick. La sátira comienza desde el nombre del mismo libro: ante el inminente apocalipsis provocado por el calentamiento global, provocado por el hombre —y yo agregaría: y su absurdo modo de producción dominante—, acudan a presenciar el fin del mundo con las últimas ofertas de temporada, unos lápiz labial versátiles, aerodinámicos y que producen labios flamígeros, propios para dar el beso de la despedida, señala apenas en el prólogo.

Este libro está compuesto de 35 crónicas y/o relatos donde Monsiváis pone como el protagonista principal  a la Ciudad de México, no una parte de la ciudad, sino toda ella, valga la redundancia, su ciudad, la ciudad donde nació y pasó la mayor parte de sus días. La ciudad de México, el amor de sus amores. La ciudad de México que señala, algo tiene de mágico, pues atrae gente a montones, todo mundo quiere entrar y parece que nadie quiere salir de ella, pese a que ya no cabe un alma. Una ciudad que como todo, tiene claroscuros, es bella pero da miedo, es grandiosa per allí roban mucho, es esperanzadora pero la derecha avanza, ¿será?

En esta obra veremos a la Ciudad de México y su devenir desde que los dioses aztecas, en este valle del Anáhuac, “autorizaron la convivencia de los extremos”, hasta comienzos del siglo XXI cuando la ciudad se conmocionó con la presencia de una gigantesca marcha del silencio en contra del desafuero de su jefe de gobierno, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, pues “han querido despojar de sus derechos electorales a un sector enorme del país.” “Los excluidos se incluyen” remata.

En el cuerpo del escrito, abunda de todo, lo cultural sobre todas las cosas en el espacio —una mancha urbana que se va haciendo más y más gigantesca  devorándolo todo— y en el tiempo —sugerentemente y con mayor ahínco desde los años veinte del siglo XX—. Relata de manera muy amplia como es la convivencia entre los pobres, —la mayoría de los habitantes de la ciudad—, sus razones y pasiones, pero sobre todo sus pasiones. La convivencia entre pobres y ricos y entre los ricos. La ciudad de México ya no es la misma de los años veinte, de los años cincuenta, setenta, muchas cosas han cambiado unas para bien y otras para mal.

La vida diurna en la ciudad de México, es complicada, en las vecindades, en el metro, en los supermercados y en el comercio informal, en las calles y avenidas con grandes masas de autos a vuelta de rueda que pone a prueba su paciencia. Los citadinos salen buscando nuevas oportunidades de ascenso social, buscando y creando nuevas oportunidades a través de la apertura de nuevas carreras que permitan el ascenso social. No podía faltar la existencia, en esa gran mole, en esa enorme jungla de asfalto, la leyenda urbana, los ritos religiosos llevados hasta la televisión, el nacimiento de los lideres barriales para exigir a las autoridades, alumbrado público, agua, drenaje, y más y sobre todo la presencia del big brother.

La ciudad de México no descansa, hay movimiento día y noche, las pasiones se desatan en la vida nocturna, los cabarets, las cantinas, los antros y sus espectáculos que avivan la esperanza de vida del citadino, Monsiváis señala que hubo una época de oro de la vida nocturna (sic), de 1930 a 1960, después de la penicilina y antes del sida. En la década de los setenta y ochenta, esta tremenda enfermedad obligaba al recato, al bouyerismo y a propiciar otras formas de encuentro pasional.

También se encuentran las aspiraciones de los ricos y sus aires de grandeza, de caché, con su espíritu individualista, de competencia y de despilfarro,  y sus necesarios encuentros y desencuentros con los pobres que da cuenta de su elitismo y clasismo que propician una ciudad fragmentada, con grandes y bellos edificios al lado de construcciones que desafían a la gravedad y en la que viven hacinados cientos, miles y millones de almas que luchan por un pedazo de tierra para edificar su patrimonio. En fin, los ricos, cada vez más ricos, cada vez más clasistas y racistas, cada vez más conservadores, pero políticamente venidos a menos. Monsiváis señala “el conservadurismo ya nada más emprende batallas culturales por el deleite de verse derrotado”.

Monsiváis demuestra que conoce muy bien la ciudad de México, sus colonias, los personajes de la farándula, de la cultura, de la política, sabe que su ciudad late a la izquierda, que ha tenido un largo caminar y se va desafanando de los prejuicios y lleva la delantera a la provincia en término de libertades y derechos ciudadanos. 

Y es que la ciudad de México ha sido todo un fenómeno a nivel mundial, por su grandeza y su riqueza cultural, por su historia, por la convivencia obligada entre varios, la ciudad es inmensa, es prodigiosa, con toneladas de concreto, con poca belleza estética de sus viviendas, los ciudadano no quieren habitar casas hermosas, solo quieren tener un techo donde descansar y vivir, un techo propio y poco importa la estética, así se pueden recorrer kilómetros y kilómetros sin nada hermoso, sin nada llamativo, aunque tenga cosas hermosas y llamativas. La ciudad de México se transforma con el paso del tiempo, seguirá cambiando para bien o para mal, pero seguirá cambiando.

En fin, aquí solo menciona pocas cosas, pero muy pocas cosas de lo que trata el libro, hay que tener mesura, pasión y dedicación para leerlo y analizarlo todo, por lo que invito a todos los del círculo su participación escrita también y saludo a la de Edna que ya lo he leído también.

“La Ciudad de México día a día se precipita a su final y, también a diario, se reconstituye con la energía de las multitudes convencidas de que no hay ningún otro sitio a donde ir.” (Monsiváis)