Impresión del libro Tiene la noche un árbol escrito por Guadalupe Dueñas
Veinticinco cuentos ordenados en
124 páginas en los que Guadalupe Dueñas desparramó su creatividad literaria; 124
páginas que se antoja del doble o triple dada la complejidad de su escritura
que provoca la necesidad de leerlo muy lentamente, repetidamente, hasta encontrar
la ilación de la narración; me fue indispensable además tener un diccionario a
la mano, pues constantemente me topé con una amalgama de palabras que
desconocía pero que daban sentido a la historia contada. La paciencia que tuve
me dejó mucha satisfacción a la vez que aprendizaje de algunas palabras para mí
nuevas como mostrenca, demudar, garambullos,
zahúrda, apipizca, émbolo, romanza, mazurca, cabujón, catafalco, marisabidilla,
calcañar, epiceno, congrio, galerna, áspides, por mencionar algunas de las
muchas que se encuentran a lo largo del libro. También te encuentras frases
increíbles como murmullos negros,
cementerio de alas oscuras, desahuciado cemento, el rostro del tiempo,
claraboya insaciable, el corazón cabalgaba empavorecido, hemorragias de odio, metía el cansancio en
sus articulaciones, ráfaga de hongos marchitos, cascadas ciegas, el cabello del
viento por decir otro tanto.
En general, quedé impactado por
su lectura y más después de haber intercambiado impresiones en el círculo rojo
de lectura. Gracias al círculo de lectura me animé a realizar una segunda
lectura con mayor interés y mejor satisfacción. Cada cuento es una joya
literaria.
Rescato lo cómico que me
resultaron los cuentos: prueba de
inteligencia, el correo, al revés, zapatos para toda la vida, los piojos,
conversación de navidad, digo yo como vaca, canina fábula, topos uranus, una
carta para Absalón; lo alegre que me parecieron los cuentos de la araña, y se abrirá el libro de la vida; no faltan cuentos tétricos como tiene la noche un árbol, al roce de la
sombra, guía en la muerte, las ratas, Judit, caso clínico; también se encuentran
cuentos tristes como la historia de
mariquita, el sapo, el cuento del moribundo, la hora desteñida, mi chimpancé,
la timidez de Armando.
Así sean cuentos cortos de tan
solo dos páginas, o más largos, su lectura requiere serenidad y paciencia para
captar la historia, pero termina uno admirando la magia de la escritura de esta
peculiar escritora.
Mientras que algunos cuentos son
tremendamente realistas como la tía
Carlota, el sapo, el correo entre
otros, también los hay de ciencia ficción como mi chimpancé y sobre todo, guía
de muerte. Los que mezclan la fantasía con la realidad abundan; un caso peculiar es la historia de Mariquita que aún en estos
momentos me parece paradigmática, cuando comienza la lectura uno se imagina el
insecto también llamado Catarina que había sido adoptada por la familia; en el
transcurso de la lectura se pierde o se extraña o se aclara que Mariquita fue
la mayor de las hermanas, nacida prematuramente, tan débil que la llevó a morir
en poco tiempo y, al no aceptar su muerte, el padre llevó a esconderla en un
frasco de chiles lleno de líquido con su química exclusiva y, de esa manera
Mariquita estuvo presente en sus frenéticas mudanzas durante veinte años, hasta
que al fin las hermanas decidieron sepultarla en el jardín de una de las casas
en la que fueron inquilinos; si bien aquí radica la fantasía, la historia del
cuento pinta la realidad de unos padres que no aceptan la muerte de su hija y
cuyas decisiones al respecto impacta la vida entera de todos los demás
integrantes de la familia.

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