sábado, diciembre 10, 2022

Una pequeña y sugerente reflexión sobre el libro "por una cabeza" de Alejandro Badillo

Una de las preocupaciones más acuciantes del país es la inseguridad pública, la violencia ha quitado la vida a miles de personas desde hace ya un buen tiempo, el homicidio es uno de los delitos más atroces que existen pues implica privar de la vida a las personas, la vida que es un derecho humano y de los más sagrados, además. El incremento en la cantidad de homicidios no pasa desapercibido en la población y eso implica zozobra, angustia, desesperación y un sentimiento de impotencia. Pues bien, estas características son las que pintan de cuerpo entero el actuar del maestro rural cuando presencia la ejecución de una persona, conocida, además. Esa cantidad de sentimientos provocan inseguridades y yerros a la hora de querer actuar ante tales circunstancias. -Yo ni de loco lo tocaba-comenta uno, -yo me largaba de ahí y ya, asunto resuelto-, secunda otro; pues bien, eso hizo exactamente su amigo Colmenares y no por eso salvó la vida, fue ejecutado metros o quizá uno o dos kilómetros más adelante, es decir, ni para donde hacerse, malo lo que hizo el maestro, malo lo que hizo Colmenares, pareciera igualmente mala cualquier otra decisión como posibilidad. Lo cierto es que esos muchos – yo no lo tocaba- no son todos, alguien habría actuado como lo hizo el maestro, y habría cometido yerro tras yerro como lo hizo el maestro. Y es que no es que tengamos la mejor visibilidad y objetividad cuando vivimos apanicados, nos enclaustramos y enclaustramos a nuestros hijos o a nuestros seres queridos ante la angustia y el miedo de que en la calle les pase algo. Así como el maestro, nosotros que percibimos la violencia y vivimos con ella, podríamos estar errando también y como el, no nos daremos cuanta hasta que la decisión tomada sea acto consumado y las consecuencias se muestren a simple vista.

Desde mi visión todo eso retrata la novela de Alejandro Badillo, desde su particular punto de observación y eso es lo valioso, que pinta de cuerpo entero, en unos cuantos personajes, la vivencia diaria de una sociedad hastiada y con miedo, sabiendo que la policía no te defiende, no defiende al ciudadano común, sino que se colude con los grupos delictivos, tanto de la delincuencia así llamada organizada como de la delincuencia  de cuello blanco, por lo que se yergue sobre nosotros no un monstruo de dos cabezas sino una hidra con múltiples cabezas que pareciera que no queda más que correr hacia donde sea, hacia el desierto, hacia la nada, por eso nos quedamos así en el qué hago, qué hubieras hecho tú, qué sigue, para dónde nos movemos. Esa novela se debió haber escrito hace unos diez años y aquí seguimos todavía, sin encontrar claramente un rumbo fijo, estamos mirando el horizonte, vemos un país convertido en un cementerio, sin atinarle a saber dónde está la puerta de la salvación.

PD Yo hubiera hecho lo que muchos y lo que hizo Colmenares, huir de ahí a toda prisa, aunque no hubiera historia que contar o, aunque no viviera para contarla como sucedió con el buen Colmenares, sin embargo, hay gente que simplemente actúa de la manera más inesperada los sucesos de la vida.