Una pequeña y sugerente reflexión sobre el libro "por una cabeza" de Alejandro Badillo
Una de las preocupaciones más acuciantes del país es la inseguridad
pública, la violencia ha quitado la vida a miles de personas desde hace ya un
buen tiempo, el homicidio es uno de los delitos más atroces que existen pues
implica privar de la vida a las personas, la vida que es un derecho humano y de
los más sagrados, además. El incremento en la cantidad de homicidios no pasa
desapercibido en la población y eso implica zozobra, angustia, desesperación y
un sentimiento de impotencia. Pues bien, estas características son las que
pintan de cuerpo entero el actuar del maestro rural cuando presencia la
ejecución de una persona, conocida, además. Esa cantidad de sentimientos
provocan inseguridades y yerros a la hora de querer actuar ante tales
circunstancias. -Yo ni de loco lo tocaba-comenta uno, -yo me largaba de ahí y
ya, asunto resuelto-, secunda otro; pues bien, eso hizo exactamente su amigo
Colmenares y no por eso salvó la vida, fue ejecutado metros o quizá uno o dos
kilómetros más adelante, es decir, ni para donde hacerse, malo lo que hizo el
maestro, malo lo que hizo Colmenares, pareciera igualmente mala cualquier otra
decisión como posibilidad. Lo cierto es que esos muchos – yo no lo tocaba- no
son todos, alguien habría actuado como lo hizo el maestro, y habría cometido
yerro tras yerro como lo hizo el maestro. Y es que no es que tengamos la mejor
visibilidad y objetividad cuando vivimos apanicados, nos enclaustramos y
enclaustramos a nuestros hijos o a nuestros seres queridos ante la angustia y
el miedo de que en la calle les pase algo. Así como el maestro, nosotros que
percibimos la violencia y vivimos con ella, podríamos estar errando también y
como el, no nos daremos cuanta hasta que la decisión tomada sea acto consumado
y las consecuencias se muestren a simple vista.
Desde mi visión todo eso
retrata la novela de Alejandro Badillo, desde su particular punto de
observación y eso es lo valioso, que pinta de cuerpo entero, en unos cuantos
personajes, la vivencia diaria de una sociedad hastiada y con miedo, sabiendo
que la policía no te defiende, no defiende al ciudadano común, sino que se
colude con los grupos delictivos, tanto de la delincuencia así llamada
organizada como de la delincuencia de cuello blanco, por lo que se
yergue sobre nosotros no un monstruo de dos cabezas sino una hidra con
múltiples cabezas que pareciera que no queda más que correr hacia donde sea,
hacia el desierto, hacia la nada, por eso nos quedamos así en el qué hago, qué
hubieras hecho tú, qué sigue, para dónde nos movemos. Esa novela se debió haber
escrito hace unos diez años y aquí seguimos todavía, sin encontrar claramente
un rumbo fijo, estamos mirando el horizonte, vemos un país convertido en un
cementerio, sin atinarle a saber dónde está la puerta de la salvación.
PD Yo hubiera hecho lo que
muchos y lo que hizo Colmenares, huir de ahí a toda prisa, aunque no hubiera
historia que contar o, aunque no viviera para contarla como sucedió con el buen
Colmenares, sin embargo, hay gente que simplemente
actúa de la manera más inesperada los sucesos de la vida.

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