Reseña crítica: “La Revuelta Silenciosa: Democracia, Espacio Público y Ciudadanía en América Latina” de Cesar Cansino
Tremendo libro este de “La Revuelta
Silenciosa. Democracia, Espacio Público y Ciudadanía en América Latina” editado
por El Otro Occidente en 2010, sin lugar a dudas es un libro crítico que invita
a repensar la política, a buscar alternativas en la comprensión de lo que está
sucediendo en la región latinoamericana en estos momentos. Todo el libro invita
a repensar el concepto de democracia y pensarla más allá de los límites
estrechos en que la tiene subsumida el pensamiento tradicional dominante.
Invita a definir y redefinir el espacio público como un espacio simbólico donde
la sociedad se encuentra y reencuentra para discutir en plena libertad e invita
a pensar al ciudadano como tal, lleno de derechos legalmente reconocidos y que
se reconoce en el debate público. Esta trilogía conceptual es analizada en el
libro de Cansino desde un punto crítico hacia el pensamiento dominante.
Hoy por hoy, las sociedades
latinoamericanas sufren de grandes males difíciles de erradicar, se vive en
deterioro de las condiciones sociales, económicas y políticas sin precedentes,
es la región más desigual del planeta, en ella se encuentran los ricos más
ricos del planeta pero también los pobres más pobres de entre los pobres. Este
mundo espacial donde la educación de unos se mide con la falta de educación de
otros, donde unos tienen oportunidades pero otros muchos ninguna de
desarrollarse y salir adelante. Las crisis económicas son recurrentes y
periódicas en nuestra América Latina, no se diga de la crisis política y la
crisis social. Sin embargo, es esta sociedad descompuesta, Cansino ve una
rebelión, una revuelta pacífica, que avanza sin hacer mucho ruido pero que todo
toca a su paso, es el papel de la ciudadanía, que ante décadas de
desorganización, cada día clama por mayores espacios de participación. Una
fracción de esa ciudadanía se encuentra organizada a través de las
organizaciones de la sociedad civil que luchas y pelean por cientos derechos,
grupos pequeños que cada vez se van incrementando y que van cobrando fuerza a
su encuentro. Esa revuelta silenciosa es la que le interesa a analizar a Cesar
Cansino en su idea de vanagloriar su lucha heroica por cambiar es status quo
imperante.
Ya, desde su libro “La Muerte de la
Ciencia Política”, Cesar Cansino crítica los saberes de la Ciencia Política al
considerarlos insustanciales a la hora de explicar los grandes acontecimientos
que se suscitan a su alrededor. El descredito de la Ciencia Política consiste
en darle más prioridad a un empirismo simplista a través de una metodología
donde la técnica domina sobre los valores en una sociedad cuando los valores no
pueden ser abstraídos o ser considerados como si no fueran importantes. ¿Cómo
llegó la ciencia política a tal situación de producir teorías pueriles que poco
sirven para explicar los cambios que se viven en nuestro mundo? En ese libro
hace un análisis histórico que le permite remontar hasta Weber, después hasta Schumpeter
y de ahí todos los arraigados enfoques a través de los cuales la ciencia
política hace sus análisis: la teoría de los sistemas, la teoría económica de
la democracia, la teoría institucional y neoinstitucional, el estructuralismo,
etc.
Otra crítica que hace a los politólogos
tradicionales es siempre estudiar al poder desde arriba, desde los grupos de
presión, desde las élites políticas y su poca atención a una democracia más
sustancial, donde el actor fundamental sea la ciudadanía y no, o no sólo las
élites políticas.
En esta otra obra “La Revuelta Silenciosa”
rescata una forma alternativa de analizar los acontecimientos políticos que
suceden a su alrededor, se trata de mirar hacía la sociedad, a la ciudadanía
que lucha por ser reconocida no sólo en lo político, sino también en leyes y
normas institucionales. En ese sentido, según Cansino, debemos rastrear en cómo
la ciudadanía lucha por conquistar espacios públicos de manera simbólica, como
una forma de reconocerse en la identidad y en la diferencia, de reconocer
distintos intereses que emanan de una sociedad no homogénea, sino más bien
heterogénea. La conquista de espacios públicos de discusión y debate que no
puede ser privatizado y donde no impere el pensamiento único que lleve al
totalitarismo sino a un espacio donde impere la democracia entendida como total
indeterminación de lo político.
En ese sentido el pensamiento de Cansino
se ubica en la antípoda de la teoría tradicional, su principal inquietud es cómo
esta sociedad lucha todos los días desde sus trincheras. Para él, lo mejor con
lo que cuenta un sistema político son sus ciudadanos y lo peor son las élites
políticas, la clase política que solo le interesen sus propios intereses más
que el interés común.
Al poner en el centro de su análisis a
los ciudadanos, él los ve como verdaderos héroes que se parten la vida día con
día, que cada vez se van reconociendo más como sociedad y que buscan rescatar
el espacio público donde puedan opinar y ser tomados en cuenta. El cómo la
ciudadanía va reconociéndose en la discusión y en el espacio público varía de
acuerdo al lugar y al contexto, en este libro busca dar fe de cómo esa
ciudadanía lucha por espacios públicos de participación en los últimos años en
la región de América Latina.
Qué es lo que Cansino ve en América
Latina, ve que la democracia está toda por hacerse, incluso la concepción de
democracia mínima, la democracia electorera donde se tienen puros saldos negativos
en toda la región. La pugna por el poder en América Latina ha sido siempre
entre élites relegando históricamente a
la sociedad civil a un rincón, sin tomarla realmente en cuenta, sin embargo,
esa sociedad civil poco organizada ha logrado triunfos en su reconocimiento, es
más, para el autor, si hoy en América Latina se ha avanzado en una democracia
electorera aunque imperfecta, ese avance no se debe a las élites, sino a la
tenacidad de la ciudadanía, si hoy en América Latina no estamos peor, se debe a
la ciudadanía y si hoy en América Latina se acabaron los regímenes militares se
debe también a la ciudadanía, no a la clase política que está absorta y
obnubilada por la lucha por el poder.
Sin embargo, advierte Cesar Cansino,
tampoco se trata de endiosar a la ciudadanía, esta también puede equivocarse, a
la sociedad hay que darle el mérito de héroe, no de dios, no se trata de
sustituir un dios padre, hijo y espíritu santo por un dios sociedad, se trata
según cansino de poner todo en su justa dimensión.
Entre los autores que Cansino reconoce
influyeron en su pensamiento se encuentran Hanna Arendt, (1958 y 1971), Cornelius
Castoriadis (1975), Claude Lefort (1983 y 1986), Helmut Dubiel (1989) y Agapito
Maestre (1994 y 2000), entre otros autores que analizan el concepto de lo
simbólico de la democracia. Son ellos los que tuvieron el mérito según Cansino
de mirar desde otra óptima los acontecimientos sociales, los que voltearon
hacia la gente, hacia la ciudadanía organizada y les merecieron mucha atención.
A ellos se les debe la redefinición de lo político, del espacio público de
democracia y de ciudadanía como partes elementales de lo que debe imperar en
una sociedad justa, equitativa y libre.
A partir de la tesis de que la
democracia es mucho más que una forma de gobierno, sino que es más bien una
forma de vida, y a partir del ideal de que los pueblos aspiran siempre a más y
mejor democracia, en esta obra “La Revuelta Silenciosa” da fe de cómo las
sociedades latinoamericanas luchan por ser reconocidas en su espacio en los
últimos treinta años.
Pero, advierte Cansino, el supuesto de
que las sociedades siempre aspiran a más y mejor democracia, es sólo eso, un supuesto, porque dada su
concepción de democracia como total indeterminación, un pueblo puede tomar
decisiones hacia ese sentir ideal o a un polo opuesto, es decir, la democracia
puede retroceder lo que a su juicio, es lo que está pasando en América Latina
con gobernantes como Chávez y Maduro, Evo Morales y Rafael Correa, que el autor
no duda de tacharlos de populistas ramplones y tiranos, pero que sin embargo,
llegaron al poder a través de las urnas y que gozan de una enorme popularidad
aun en estos momentos.
En este libro, Cesar Cansino reconoce
que América Latina ha sido interpretada de diversas maneras, una gran cantidad
de autores, tanto de ideología de izquierda como de derecha. La interpretación
desde la izquierda tuvo un fuerte dominio en la década de los ochenta, con
autores como Monsivais, Zea, Fuentes, Alan Touraine, Eduardo Galeano que aunque
no lo menciona entre dentro de este grupo, entre otros. Con un fuerte dominio
del marxismo, se explicaba que la situación precaria del continente se debía a
problemas estructurales del sistema capitalista surgiendo varias teorías como
la teoría de la dependencia o la teoría estructuralista de desarrollo.
La interpretación desde la derecha tiene
un fuerte dominio desde la década de los noventa hasta la actualidad con
autores como Linz y Stepan, Hungtington, Przeworski, Morlino, Cavarozzi, Nohlen
entre otros muchos más. Hoy por hoy, lo que domina en el pensamiento para
pensar América Latina es la ciencia racional exhaustiva, de estos pensadores
nace el concepto de calidad de la democracia que es muy cuestionado por Cansino
como una manera equivocada de entender nuestra realidad actual.
Para el pensamiento dominante hoy en día,
en América se llegó la democracia después de varias décadas de regímenes militares,
inestabilidad y golpes de Estado. Como ya llegó la democracia y es un hecho, lo
que queda es medir la calidad de esa democracia, cosa que Cansino pone en entre
dicho debido a dos situaciones, la primera es que, pese al avance democrático
que nadie puede negar, no se puede cantar victoria, pues no se ha ganado nada y
realmente está más cercano un retroceso que un avance, es decir, aunque hay
avances democráticos, no hay una democracia mínima consolidada y mientras no lo
esté no puede medirse la calidad de esa democracia que está toda por hacerse.
En segundo lugar la teoría de la calidad de la democracia es otro intento
teórico simple y superficial de medir la democracia, ni siquiera la democracia
mínima, electorera o procedimental, se puede medir lejos o libre de valores o,
en palabras de Cansino, “no contaminada por ningún tipo de prejuicio valorativo
o prescriptivo”.
¿Qué es lo tenemos hoy en América
Latina?, no tenemos una consolidación ni siquiera mínima de la democracia, lo
que tenemos es una crisis de representación política, de los partidos
políticos, de gobernabilidad; los ciudadanos son incrédulos de las
instituciones y no se sienten representados por sus dirigentes, en otras
palabras, el sentir latinoamericano es que los representantes no representan,
los gobiernos no gobiernan para todos, no hay claridad en la rendición de
cuentas, impera la corrupción, el despotismo, los intereses de las élites más
que los de la sociedad, esta crisis de representación lleva ya muchos años, en el
que las instituciones se han venido desgastando y perdiendo credibilidad,
mientras tanto antes esta estructura política los ciudadanos o se desmoralizan
y gana la apatía y la despolitización o toman el camino de la organización
civil para participar en un espacio público donde puedan debatir y enarbolar
sus existencias para con el sistema político.
Qué es lo que .desde mi punto de vista
propone Cansino, ante la crisis de representatividad política, un elemento
clave es la desestatización de la política. En otras palabras, se debe dejar de
lado el relacionar la política con el estado o el estado con la política, para
Cansino desestatizar la política es ampliar el horizonte de la misma, es partir
de que la “sociedad ya no depende de ningún tipo absoluto y el poder queda como
un espacio vacío que la sociedad civil ocupa simbólicamente de vez en cuando a
partir de la esfera pública” (Cansino, 123). Cansino propone hacer a un lado una
concepción de democracia mínima, electorera o procedimental simplemente y
construir una democracia para ciudadanos, una democracia que traspase el ámbito
estatal, una democracia para la conquista del espacio público donde todo sea
susceptible de ser politizable.
En la concepción de democracia que viene
defendiendo Cansino desde su libro, “considera a la sociedad civil como el
espacio ´público por excelencia, el lugar donde los ciudadanos cuestionan y
enfrentan cualquier norma o decisión que no haya tenido su origen o
rectificación en ellos mismos” (Cansino). Ante la crisis de representatividad,
hace falta rescatar lo público, adueñarse del espacio donde los ciudadanos
puedan debatir libremente, esos espacios públicos se ha ido incrementando
paulatinamente.
Para Cansino, que si bien ha criticado
las democracias latinoamericanas por lo insipientes que son y ante su
señalamiento de que están muy lejos de ser democracias consolidadas, sin
embargo, lo que hay es mejor de lo que hubo, pero lo que hay es deficiente con
lo que debe haber. Lo que hubo fueron dictaduras militares, sanguinarias,
represivas, lo que debe haber es más y mejor democracia. No podemos cantar
victoria de que la democracia es un hecho en América cuando no se ha legislado
ni garantizado los derechos de los ciudadanos a su libre actuación.
Lo que hay es mejor de lo que hubo, lo
que habrá debe ser mejor de lo que hay, hay muchos intereses que buscan
desandar lo andado, que buscan volver a las épocas negras de oscurantismo y
represión del pasado, los fantasmas del pasado tratan de resurgir en el
presente, sin embargo, a diferencia del pasado, según Cansino, la sociedad ya no
es la misma, aunque mínima, una parte de esa sociedad se encuentra organizada en
distintas formas y puede impedir cualquier intento de retroceso político.
El futuro esperanzador en Latinoamérica
choca con la terrible realidad de desandar lo andado, sin embargo, para Cansino
hay signos o hechos o sucesos que abonan a la esperanza, el menciona 6 aunque
se pueden mencionar muchos más, a saber, las elecciones presidenciales en
México del 2000, el rescate de Ingrid Betancourt en Colombia, la crisis de
Argentina que propició un enojo de la sociedad de tal dimensión que en una
semana tuvieron cuatro presidentes, la situación en Venezuela, entro otros
casos.
Se pueden mencionar muchos factores más
que hablan de un futuro promisorio y esperanzador para América Latina, las
pasadas elecciones intermedias en México, con la llegada de Morena a ocupar el
papel abandonado por el PRD y la esperanza en las candidaturas independientes,
la ausencia de derrocamientos de gobiernos recurrentes en América Latina, sin
embargo también hay terribles amenazas como el caso de la desigualdad que puede
propiciar una cadena de violencia sin precedentes sino se controla a tiempo esa
calamidad, los intereses de las élites que se resisten a concebir un nuevo tipo
de democracia y que tratan de eternizarse en el poder.
Es mucho estoy de acuerdo con Cansino,
debemos alentar más la participación ciudadana, debemos desestatizar la
política, debemos concebir la democracia como algo más que una simple forma de
gobierno, debemos llevar la democracia fuera del ámbito de donde la tienen
secuestrada los partidos políticos, deberos rescatar el espacio público y
adueñarse de el de manera simbólica para que la sociedad puede manifestarse y disentir,
sin embargo, debemos discutir donde comienza la sociedad civil y donde comienza
el ámbito del estado, dilucidar bien esa delgada línea que puede ser
determinante para concebir la política y la democracia más allá del ámbito
estatal.
Finalmente América Latina se encuentra
en una encrucijada, en términos reales impera la crisis económica política y
social, no hay empleo, no hay seguridad, hay deterioro en las condiciones de
vida de los ciudadanos en todos los sentidos, parece que esta situación real
será muy difícil de revertir, la otra es la participación más organizada de la
sociedad, que utiliza el espacio público para expresarse y dejar escuchar su
voz, su demanda principal es que lo político trascienda lo estatal, es que lo
estatal no domine a lo social, que el Estado no domine al ciudadano cuando debe
de estar a su servicio.
De todas las concepciones de democracia,
se pueden dilucidar dos, la democracia tradicional que impera y domina amplios
sectores que consiste en una democracia procedimental y electoral en donde
América Latina está muy lejos de consolidarla y la democracia más amplia, donde
lo público va más allá de lo estatal.
Para Cansino América Latina sufre una
revuelta de la sociedad civil, pacífica, que parece avanza lentamente pero que
avanza, que busca rescatar es espacio público como su dominio absoluto, ese
espacio público potencialmente de todos y materialmente de nadie. Esa sociedad
civil obliga y presiona al Estado a defender y legislar para salvaguardar sus
intereses.
Para Cansino la democracia estará
incompleta o no será democracia mientras no se legisle y cree una nueva
constitución que “cristalice los anhelos
de ciudadanos y ciudadanas que reunidos en sociedad buscan crear las estructuras
jurídico políticas que normarán por muchos años tanto las relaciones entre
gobernados y gobernantes, como el equilibrio institucional que facilite la toma
de decisiones en la resolución de
conflictos” (Cansino 377).
La revuelta aunque silenciosa, se vive,
se palma, es la que niega la violencia para cambiar las cosas, es la que busca
por vías pacíficas resolver la “cuestión social” de la democracia, es la que
paró la guerra en el conflicto chiapaneco, es la que fomentó los diálogos entre
el gobierno y los rebeldes en México, es la que ha propuesto la alternancia
política en muchas latitudes, la que ofrece el voto de castigo para aquellos
gobernantes que no cumplieron con las expectativas por la que fueron elegidos,
es la que con su impulso aceleró la caída de los regímenes autoritarias y/o
populistas, es la que ha avanzado hacia más y mejor democracia en nuestra
región.
Ante el poder del Estado y ante el
cuarto Estado o los poderes fácticos, la sociedad busca alternativas para su
organización, sin lugar a dudas las redes sociales se han convertido no solo en
la región sino en el resto del mundo en un espacio donde la sociedad discute,
alienta, participa, demanda políticas sociales, hace eco de la crisis de
gobernabilidad, se mofa y denuncia de los políticos corruptos. Hoy por hoy, las
redes sociales se han convertido en un espacio de encuentro, donde nada es
censurado y cuyo impacto ha sido de tal magnitud que hace ganar elecciones a
candidatos sin el apoyo de la televisión como ha sucedido recientemente en las
elecciones in México.
Sin embargo, señala Cansino, si bien la
sociedad civil ha jugado un rol cada vez más protagónico, cada vez más
organizado, eso no significa que la sociedad civil suplantará al Estado, para
Cansino, sociedad civil y Estado son dos elementos interdependientes, uno se debe
al otro y viceversa. No se trata de desaparecer al Estado, sino de que este
legisle a favor de los derechos de los ciudadanos, que respete la libertad de
la sociedad a manifestarse, que legisle sobre esos derechos ciudadanos y sobre
todo que sean respetados esos derechos.
Lo que plantea Cansino es una nueva
dimensión en la relación Estado ciudadano, porque lo que el Estado ha
reconocido desde la independencia de los países de la región es un ciudadano
imaginario, de papel, pero que en los hechos el ciudadano siempre ha quedado
relegado de la esfera pública, solamente llamado a votar en las elecciones
cuando éstas han existido pero para su desaparición de la escena la mayor parte
del tiempo. Eso es, para Cansino lo que debe de cambiar. Nunca más un Estado sin
ciudadanos, nunca más un estado secuestrado por las élites. El estado debe dar
la garantía de que el ciudadano sea libre, libre de disentir, de organizarse,
de influir en las decisiones del Estado, solamente de ese modo se podría hablar
de una democracia plena, e una democracia real y de una democracia sustancial.
Debo concluir que la concepción de
Cansino se dirige hacia un ideal, algo utópico para algunos, pero es un ideal
hacia el cual deben ir dirigidos los esfuerzos, debe ir dirigida la sociedad y
el Estado. La sociedad civil tiene por naturaleza en su seno la diferencia, la
pluralidad de intereses, esa pluralidad le impide jugar papeles de Estado. Si
se diera el caso que un organismo de la sociedad civil intentara implantar al
Estado entonces se implementaría una concepción de gobierno hacia los demás, se
implementaría el pensamiento único y entonces lejos de la democracia,
estaríamos más cerca del totalitarismo. Por ello no hay que endiosar a la
sociedad civil, hay que ver en que es útil para la democracia y en qué sentido
amenaza a la misma. La sociedad civil es importante en su diferencia, en su
pluralidad, en su participación dentro del espacio público, no como suplente
del Estado sino como complemento.

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