jueves, mayo 26, 2016

Reseña crítica: “La Revuelta Silenciosa: Democracia, Espacio Público y Ciudadanía en América Latina” de Cesar Cansino

Tremendo libro este de “La Revuelta Silenciosa. Democracia, Espacio Público y Ciudadanía en América Latina” editado por El Otro Occidente en 2010, sin lugar a dudas es un libro crítico que invita a repensar la política, a buscar alternativas en la comprensión de lo que está sucediendo en la región latinoamericana en estos momentos. Todo el libro invita a repensar el concepto de democracia y pensarla más allá de los límites estrechos en que la tiene subsumida el pensamiento tradicional dominante. Invita a definir y redefinir el espacio público como un espacio simbólico donde la sociedad se encuentra y reencuentra para discutir en plena libertad e invita a pensar al ciudadano como tal, lleno de derechos legalmente reconocidos y que se reconoce en el debate público. Esta trilogía conceptual es analizada en el libro de Cansino desde un punto crítico hacia el pensamiento dominante.
Hoy por hoy, las sociedades latinoamericanas sufren de grandes males difíciles de erradicar, se vive en deterioro de las condiciones sociales, económicas y políticas sin precedentes, es la región más desigual del planeta, en ella se encuentran los ricos más ricos del planeta pero también los pobres más pobres de entre los pobres. Este mundo espacial donde la educación de unos se mide con la falta de educación de otros, donde unos tienen oportunidades pero otros muchos ninguna de desarrollarse y salir adelante. Las crisis económicas son recurrentes y periódicas en nuestra América Latina, no se diga de la crisis política y la crisis social. Sin embargo, es esta sociedad descompuesta, Cansino ve una rebelión, una revuelta pacífica, que avanza sin hacer mucho ruido pero que todo toca a su paso, es el papel de la ciudadanía, que ante décadas de desorganización, cada día clama por mayores espacios de participación. Una fracción de esa ciudadanía se encuentra organizada a través de las organizaciones de la sociedad civil que luchas y pelean por cientos derechos, grupos pequeños que cada vez se van incrementando y que van cobrando fuerza a su encuentro. Esa revuelta silenciosa es la que le interesa a analizar a Cesar Cansino en su idea de vanagloriar su lucha heroica por cambiar es status quo imperante.
Ya, desde su libro “La Muerte de la Ciencia Política”, Cesar Cansino crítica los saberes de la Ciencia Política al considerarlos insustanciales a la hora de explicar los grandes acontecimientos que se suscitan a su alrededor. El descredito de la Ciencia Política consiste en darle más prioridad a un empirismo simplista a través de una metodología donde la técnica domina sobre los valores en una sociedad cuando los valores no pueden ser abstraídos o ser considerados como si no fueran importantes. ¿Cómo llegó la ciencia política a tal situación de producir teorías pueriles que poco sirven para explicar los cambios que se viven en nuestro mundo? En ese libro hace un análisis histórico que le permite remontar hasta Weber, después hasta Schumpeter y de ahí todos los arraigados enfoques a través de los cuales la ciencia política hace sus análisis: la teoría de los sistemas, la teoría económica de la democracia, la teoría institucional y neoinstitucional, el estructuralismo, etc.
Otra crítica que hace a los politólogos tradicionales es siempre estudiar al poder desde arriba, desde los grupos de presión, desde las élites políticas y su poca atención a una democracia más sustancial, donde el actor fundamental sea la ciudadanía y no, o no sólo las élites políticas.
En esta otra obra “La Revuelta Silenciosa” rescata una forma alternativa de analizar los acontecimientos políticos que suceden a su alrededor, se trata de mirar hacía la sociedad, a la ciudadanía que lucha por ser reconocida no sólo en lo político, sino también en leyes y normas institucionales. En ese sentido, según Cansino, debemos rastrear en cómo la ciudadanía lucha por conquistar espacios públicos de manera simbólica, como una forma de reconocerse en la identidad y en la diferencia, de reconocer distintos intereses que emanan de una sociedad no homogénea, sino más bien heterogénea. La conquista de espacios públicos de discusión y debate que no puede ser privatizado y donde no impere el pensamiento único que lleve al totalitarismo sino a un espacio donde impere la democracia entendida como total indeterminación de lo político.
En ese sentido el pensamiento de Cansino se ubica en la antípoda de la teoría tradicional, su principal inquietud es cómo esta sociedad lucha todos los días desde sus trincheras. Para él, lo mejor con lo que cuenta un sistema político son sus ciudadanos y lo peor son las élites políticas, la clase política que solo le interesen sus propios intereses más que el interés común.
Al poner en el centro de su análisis a los ciudadanos, él los ve como verdaderos héroes que se parten la vida día con día, que cada vez se van reconociendo más como sociedad y que buscan rescatar el espacio público donde puedan opinar y ser tomados en cuenta. El cómo la ciudadanía va reconociéndose en la discusión y en el espacio público varía de acuerdo al lugar y al contexto, en este libro busca dar fe de cómo esa ciudadanía lucha por espacios públicos de participación en los últimos años en la región de América Latina.
Qué es lo que Cansino ve en América Latina, ve que la democracia está toda por hacerse, incluso la concepción de democracia mínima, la democracia electorera donde se tienen puros saldos negativos en toda la región. La pugna por el poder en América Latina ha sido siempre entre  élites relegando históricamente a la sociedad civil a un rincón, sin tomarla realmente en cuenta, sin embargo, esa sociedad civil poco organizada ha logrado triunfos en su reconocimiento, es más, para el autor, si hoy en América Latina se ha avanzado en una democracia electorera aunque imperfecta, ese avance no se debe a las élites, sino a la tenacidad de la ciudadanía, si hoy en América Latina no estamos peor, se debe a la ciudadanía y si hoy en América Latina se acabaron los regímenes militares se debe también a la ciudadanía, no a la clase política que está absorta y obnubilada por la lucha por el poder.
Sin embargo, advierte Cesar Cansino, tampoco se trata de endiosar a la ciudadanía, esta también puede equivocarse, a la sociedad hay que darle el mérito de héroe, no de dios, no se trata de sustituir un dios padre, hijo y espíritu santo por un dios sociedad, se trata según cansino de poner todo en su justa dimensión.
Entre los autores que Cansino reconoce influyeron en su pensamiento se encuentran Hanna Arendt, (1958 y 1971), Cornelius Castoriadis (1975), Claude Lefort (1983 y 1986), Helmut Dubiel (1989) y Agapito Maestre (1994 y 2000), entre otros autores que analizan el concepto de lo simbólico de la democracia. Son ellos los que tuvieron el mérito según Cansino de mirar desde otra óptima los acontecimientos sociales, los que voltearon hacia la gente, hacia la ciudadanía organizada y les merecieron mucha atención. A ellos se les debe la redefinición de lo político, del espacio público de democracia y de ciudadanía como partes elementales de lo que debe imperar en una sociedad justa, equitativa y libre.
A partir de la tesis de que la democracia es mucho más que una forma de gobierno, sino que es más bien una forma de vida, y a partir del ideal de que los pueblos aspiran siempre a más y mejor democracia, en esta obra “La Revuelta Silenciosa” da fe de cómo las sociedades latinoamericanas luchan por ser reconocidas en su espacio en los últimos treinta años.
Pero, advierte Cansino, el supuesto de que las sociedades siempre aspiran a más y mejor democracia,  es sólo eso, un supuesto, porque dada su concepción de democracia como total indeterminación, un pueblo puede tomar decisiones hacia ese sentir ideal o a un polo opuesto, es decir, la democracia puede retroceder lo que a su juicio, es lo que está pasando en América Latina con gobernantes como Chávez y Maduro, Evo Morales y Rafael Correa, que el autor no duda de tacharlos de populistas ramplones y tiranos, pero que sin embargo, llegaron al poder a través de las urnas y que gozan de una enorme popularidad aun en estos momentos.
En este libro, Cesar Cansino reconoce que América Latina ha sido interpretada de diversas maneras, una gran cantidad de autores, tanto de ideología de izquierda como de derecha. La interpretación desde la izquierda tuvo un fuerte dominio en la década de los ochenta, con autores como Monsivais, Zea, Fuentes, Alan Touraine, Eduardo Galeano que aunque no lo menciona entre dentro de este grupo, entre otros. Con un fuerte dominio del marxismo, se explicaba que la situación precaria del continente se debía a problemas estructurales del sistema capitalista surgiendo varias teorías como la teoría de la dependencia o la teoría estructuralista de desarrollo.
La interpretación desde la derecha tiene un fuerte dominio desde la década de los noventa hasta la actualidad con autores como Linz y Stepan, Hungtington, Przeworski, Morlino, Cavarozzi, Nohlen entre otros muchos más. Hoy por hoy, lo que domina en el pensamiento para pensar América Latina es la ciencia racional exhaustiva, de estos pensadores nace el concepto de calidad de la democracia que es muy cuestionado por Cansino como una manera equivocada de entender nuestra realidad actual.
Para el pensamiento dominante hoy en día, en América se llegó la democracia después de varias décadas de regímenes militares, inestabilidad y golpes de Estado. Como ya llegó la democracia y es un hecho, lo que queda es medir la calidad de esa democracia, cosa que Cansino pone en entre dicho debido a dos situaciones, la primera es que, pese al avance democrático que nadie puede negar, no se puede cantar victoria, pues no se ha ganado nada y realmente está más cercano un retroceso que un avance, es decir, aunque hay avances democráticos, no hay una democracia mínima consolidada y mientras no lo esté no puede medirse la calidad de esa democracia que está toda por hacerse. En segundo lugar la teoría de la calidad de la democracia es otro intento teórico simple y superficial de medir la democracia, ni siquiera la democracia mínima, electorera o procedimental, se puede medir lejos o libre de valores o, en palabras de Cansino, “no contaminada por ningún tipo de prejuicio valorativo o prescriptivo”.
¿Qué es lo tenemos hoy en América Latina?, no tenemos una consolidación ni siquiera mínima de la democracia, lo que tenemos es una crisis de representación política, de los partidos políticos, de gobernabilidad; los ciudadanos son incrédulos de las instituciones y no se sienten representados por sus dirigentes, en otras palabras, el sentir latinoamericano es que los representantes no representan, los gobiernos no gobiernan para todos, no hay claridad en la rendición de cuentas, impera la corrupción, el despotismo, los intereses de las élites más que los de la sociedad, esta crisis de representación lleva ya muchos años, en el que las instituciones se han venido desgastando y perdiendo credibilidad, mientras tanto antes esta estructura política los ciudadanos o se desmoralizan y gana la apatía y la despolitización o toman el camino de la organización civil para participar en un espacio público donde puedan debatir y enarbolar sus existencias para con el sistema político.
Qué es lo que .desde mi punto de vista propone Cansino, ante la crisis de representatividad política, un elemento clave es la desestatización de la política. En otras palabras, se debe dejar de lado el relacionar la política con el estado o el estado con la política, para Cansino desestatizar la política es ampliar el horizonte de la misma, es partir de que la “sociedad ya no depende de ningún tipo absoluto y el poder queda como un espacio vacío que la sociedad civil ocupa simbólicamente de vez en cuando a partir de la esfera pública” (Cansino, 123). Cansino propone hacer a un lado una concepción de democracia mínima, electorera o procedimental simplemente y construir una democracia para ciudadanos, una democracia que traspase el ámbito estatal, una democracia para la conquista del espacio público donde todo sea susceptible de ser politizable.
En la concepción de democracia que viene defendiendo Cansino desde su libro, “considera a la sociedad civil como el espacio ´público por excelencia, el lugar donde los ciudadanos cuestionan y enfrentan cualquier norma o decisión que no haya tenido su origen o rectificación en ellos mismos” (Cansino). Ante la crisis de representatividad, hace falta rescatar lo público, adueñarse del espacio donde los ciudadanos puedan debatir libremente, esos espacios públicos se ha ido incrementando paulatinamente.
Para Cansino, que si bien ha criticado las democracias latinoamericanas por lo insipientes que son y ante su señalamiento de que están muy lejos de ser democracias consolidadas, sin embargo, lo que hay es mejor de lo que hubo, pero lo que hay es deficiente con lo que debe haber. Lo que hubo fueron dictaduras militares, sanguinarias, represivas, lo que debe haber es más y mejor democracia. No podemos cantar victoria de que la democracia es un hecho en América cuando no se ha legislado ni garantizado los derechos de los ciudadanos a su libre actuación.
Lo que hay es mejor de lo que hubo, lo que habrá debe ser mejor de lo que hay, hay muchos intereses que buscan desandar lo andado, que buscan volver a las épocas negras de oscurantismo y represión del pasado, los fantasmas del pasado tratan de resurgir en el presente, sin embargo, a diferencia del pasado, según Cansino, la sociedad ya no es la misma, aunque mínima, una parte de esa sociedad se encuentra organizada en distintas formas y puede impedir cualquier intento de retroceso político.
El futuro esperanzador en Latinoamérica choca con la terrible realidad de desandar lo andado, sin embargo, para Cansino hay signos o hechos o sucesos que abonan a la esperanza, el menciona 6 aunque se pueden mencionar muchos más, a saber, las elecciones presidenciales en México del 2000, el rescate de Ingrid Betancourt en Colombia, la crisis de Argentina que propició un enojo de la sociedad de tal dimensión que en una semana tuvieron cuatro presidentes, la situación en Venezuela, entro otros casos.
Se pueden mencionar muchos factores más que hablan de un futuro promisorio y esperanzador para América Latina, las pasadas elecciones intermedias en México, con la llegada de Morena a ocupar el papel abandonado por el PRD y la esperanza en las candidaturas independientes, la ausencia de derrocamientos de gobiernos recurrentes en América Latina, sin embargo también hay terribles amenazas como el caso de la desigualdad que puede propiciar una cadena de violencia sin precedentes sino se controla a tiempo esa calamidad, los intereses de las élites que se resisten a concebir un nuevo tipo de democracia y que tratan de eternizarse en el poder.
Es mucho estoy de acuerdo con Cansino, debemos alentar más la participación ciudadana, debemos desestatizar la política, debemos concebir la democracia como algo más que una simple forma de gobierno, debemos llevar la democracia fuera del ámbito de donde la tienen secuestrada los partidos políticos, deberos rescatar el espacio público y adueñarse de el de manera simbólica para que la sociedad puede manifestarse y disentir, sin embargo, debemos discutir donde comienza la sociedad civil y donde comienza el ámbito del estado, dilucidar bien esa delgada línea que puede ser determinante para concebir la política y la democracia más allá del ámbito estatal.
Finalmente América Latina se encuentra en una encrucijada, en términos reales impera la crisis económica política y social, no hay empleo, no hay seguridad, hay deterioro en las condiciones de vida de los ciudadanos en todos los sentidos, parece que esta situación real será muy difícil de revertir, la otra es la participación más organizada de la sociedad, que utiliza el espacio público para expresarse y dejar escuchar su voz, su demanda principal es que lo político trascienda lo estatal, es que lo estatal no domine a lo social, que el Estado no domine al ciudadano cuando debe de estar a su servicio.
De todas las concepciones de democracia, se pueden dilucidar dos, la democracia tradicional que impera y domina amplios sectores que consiste en una democracia procedimental y electoral en donde América Latina está muy lejos de consolidarla y la democracia más amplia, donde lo público va más allá de lo estatal.
Para Cansino América Latina sufre una revuelta de la sociedad civil, pacífica, que parece avanza lentamente pero que avanza, que busca rescatar es espacio público como su dominio absoluto, ese espacio público potencialmente de todos y materialmente de nadie. Esa sociedad civil obliga y presiona al Estado a defender y legislar para salvaguardar sus intereses.
Para Cansino la democracia estará incompleta o no será democracia mientras no se legisle y cree una nueva constitución  que “cristalice los anhelos de ciudadanos y ciudadanas que reunidos en sociedad buscan crear las estructuras jurídico políticas que normarán por muchos años tanto las relaciones entre gobernados y gobernantes, como el equilibrio institucional que facilite la toma de decisiones  en la resolución de conflictos” (Cansino 377).
La revuelta aunque silenciosa, se vive, se palma, es la que niega la violencia para cambiar las cosas, es la que busca por vías pacíficas resolver la “cuestión social” de la democracia, es la que paró la guerra en el conflicto chiapaneco, es la que fomentó los diálogos entre el gobierno y los rebeldes en México, es la que ha propuesto la alternancia política en muchas latitudes, la que ofrece el voto de castigo para aquellos gobernantes que no cumplieron con las expectativas por la que fueron elegidos, es la que con su impulso aceleró la caída de los regímenes autoritarias y/o populistas, es la que ha avanzado hacia más y mejor democracia en nuestra región.
Ante el poder del Estado y ante el cuarto Estado o los poderes fácticos, la sociedad busca alternativas para su organización, sin lugar a dudas las redes sociales se han convertido no solo en la región sino en el resto del mundo en un espacio donde la sociedad discute, alienta, participa, demanda políticas sociales, hace eco de la crisis de gobernabilidad, se mofa y denuncia de los políticos corruptos. Hoy por hoy, las redes sociales se han convertido en un espacio de encuentro, donde nada es censurado y cuyo impacto ha sido de tal magnitud que hace ganar elecciones a candidatos sin el apoyo de la televisión como ha sucedido recientemente en las elecciones in México.
Sin embargo, señala Cansino, si bien la sociedad civil ha jugado un rol cada vez más protagónico, cada vez más organizado, eso no significa que la sociedad civil suplantará al Estado, para Cansino, sociedad civil y Estado son dos elementos interdependientes, uno se debe al otro y viceversa. No se trata de desaparecer al Estado, sino de que este legisle a favor de los derechos de los ciudadanos, que respete la libertad de la sociedad a manifestarse, que legisle sobre esos derechos ciudadanos y sobre todo que sean respetados esos derechos.
Lo que plantea Cansino es una nueva dimensión en la relación Estado ciudadano, porque lo que el Estado ha reconocido desde la independencia de los países de la región es un ciudadano imaginario, de papel, pero que en los hechos el ciudadano siempre ha quedado relegado de la esfera pública, solamente llamado a votar en las elecciones cuando éstas han existido pero para su desaparición de la escena la mayor parte del tiempo. Eso es, para Cansino lo que debe de cambiar. Nunca más un Estado sin ciudadanos, nunca más un estado secuestrado por las élites. El estado debe dar la garantía de que el ciudadano sea libre, libre de disentir, de organizarse, de influir en las decisiones del Estado, solamente de ese modo se podría hablar de una democracia plena, e una democracia real y de una democracia sustancial.

Debo concluir que la concepción de Cansino se dirige hacia un ideal, algo utópico para algunos, pero es un ideal hacia el cual deben ir dirigidos los esfuerzos, debe ir dirigida la sociedad y el Estado. La sociedad civil tiene por naturaleza en su seno la diferencia, la pluralidad de intereses, esa pluralidad le impide jugar papeles de Estado. Si se diera el caso que un organismo de la sociedad civil intentara implantar al Estado entonces se implementaría una concepción de gobierno hacia los demás, se implementaría el pensamiento único y entonces lejos de la democracia, estaríamos más cerca del totalitarismo. Por ello no hay que endiosar a la sociedad civil, hay que ver en que es útil para la democracia y en qué sentido amenaza a la misma. La sociedad civil es importante en su diferencia, en su pluralidad, en su participación dentro del espacio público, no como suplente del Estado sino como complemento.