Sobre el sistema político mexicano
EL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO EN EL SIGLO XX
INTRODUCCIÓN.
Hablar en general del sistema político mexicano durante todo el largo siglo XX tiene la finalidad de analizar el factor o los factores comunes que fueron moldeando las instituciones actuales y ubicar el grado de representatividad burguesa que ha logrado alcanzar. Entendiendo que hay una relación directa entre la supraestructura, léase, las instituciones políticas que es lo que aquí nos interesa y la base económica o el grado de desarrollo de las fuerzas productivas de cualquier sociedad. Esto con el fin de ubicar hasta que momento son indispensables los cambios estructurales dentro del capitalismo mexicano y que alcances y límites tienen esos cambios.
En el largo proceso del desarrollo de las relaciones capitalistas en general, han surgido análisis clásicos relevantes de la ciencia y filosofía política sobre el sistema político ideal dentro de los límites de la sociedad burguesa y así se ha discutido teóricamente sobre el problema de la democracia, el liberalismo, la representatividad política, la ciudadanía, el federalismo, etc., y cada uno con múltiples ramas que estudian casos específicos de los sistemas políticos.
En el caso concreto de nuestro país, al adoptar las relaciones capitalistas, también se ha visto influido por tender a un régimen de representación política acorde con las relaciones de producción vigentes. Nuestro país ha creado a sus propios clásicos como Fray ServandoTeresa de Mier, Lorenzo de Zavala, Carlos María Bustamante, Lucas Alamán, Joaquín García Izcabalceta, Justo Sierra, etc., personajes del siglo XIX, que no sólo fueron historiadores, sino que tuvieron una influencia en la formación del Estado mexicano.
Este trabajo pretende ser un análisis histórico de nuestro sistema político con todo y sus contradicciones, por tal motivo, siempre partimos de indagar los acontecimientos que desembocaron en las instituciones del Estado hasta donde las conocemos actualmente.
Dada la complejidad del tema, retomo dos aspectos fundamentales del sistema político mexicano en particular durante el siglo XX, la fuerte influencia política de un partido político, a saber, el PRI y el fenómeno del presidencialismo, dos aspectos que van de la mano para entender contextualmente el funcionamiento de este régimen político. Obviamente la existencia de estos dos actores políticos no debe su existencia a cuestiones del azar, sino a la forma en que se fueron desarrollando los acontecimientos históricos.
Otro de los objetivos de este ensayo es el descubrir los aspectos generales que dieron origen a los cambios que ha sufrido nuestro régimen político. Es decir, debe haber un mínimo de comprensión entre las condiciones materiales y las necesidades supraestructurales creadas por esas condiciones materiales y esas condiciones materiales tienen que ver con la profundización de las relaciones sociales de producción capitalista como relaciones dominantes y la decadencia de relaciones de producción creadas desde la Colonia.
Es evidente que esas relaciones de producción ahora dominantes llegaron a su madurez hasta el siglo XX si bien no de manera homogénea en todo el territorio nacional, la supraestructura dominante si lo fue sin considerar grado de madurez de las relaciones capitalistas en distintos espacios del país, creándose por tal motivo diferentes fuerzas políticas que llevaron al país a diez años de la así llamada Revolución Méxicana, y cuyos vencedores de esa Revolución a fin de garantizar su predominio llevaron a intitucionalizar la Revolución en un Partido a fin de que las diferencias las absorbiera la organización corporativa del partido.
En fin, pensamos que la burguesía sigue luchando por perfeccionar sus instituciones, pero ese perfeccionamiento, sabemos que al ser al estilo burgués , no está pensado para que le sirve a la población toda, sino a las relaciones de producción dominantes.
SOBRE EL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO
Digo que el sistema político mexicano esta en relación directa con el régimen de producción capitalista, es decir, que a mayor desarrollo de las fuerzas productivas dentro de nuestro país, mayor el perfeccionamiento del sistema político que lo determina y que a la vez es determinado. Que este régimen, para su existencia, necesita de un Estado burgués que garantice condiciones para el desarrollo de las leyes del capital. Que este sistema político se crea y perfecciona y al perfeccionarse, se nos aparece como algo independiente del régimen de producción, algo desligado del modo de producción predominante y así se estudia. Por ello los teóricos de la ciencia política burguesa piensan y analizan el Estado ideal, con hombres también ideales, lejos de la pugna entre intereses de clase. Ignorando que la realidad verdaderamente existente, es la de la lucha de clases entre capitalistas y trabajadores, los intereses materiales de una u otra clase, origen de los conflictos sociales.
En México mientras no había una marcada relación de producción capitalista y por tanto ésta se encontraba en fase de creación, lo son también las instituciones políticas quienes se encuentran en franca procreación, véase la primera etapa de la independencia de la Nueva España , donde gran parte de los puestos públicos eran otorgados por el Rey de España y las Diputaciones Provinciales que eran toda una institución en aquella época, estaban compuestas en orden de jerarquía por un Virrey, jefe político, secretario y diputados provinciales, de los cuáles sólo los diputados provinciales eran elegidos por voto popular. La Constitución española de Cádiz de 1812, es un primer intento de avanzar en un régimen representativo, pues daba ciertos derechos a los ciudadanos de elegir sólo a diputaciones provinciales y que la Nueva España tenga representación política en las Cortes españolas. Pero estos sólo van a ser los prolegómenos de un tipo de representatividad al estilo burgués.
Pero no va a ser sino hasta principios del siglo XX y después de una Revolución que las instituciones de un verdadero Estado nación empiezan a cuajar, a tener tintes definitivos tal y como las conocemos actualmente. A la par, también se empieza a consolidar un mercado capitalista y a crearse la planta productiva del país, es decir hay una relación determinante - determinado entre el avance del sistema económico y el del sistema político mexicano. Es con un fuerte desarrollo del Estado burgués que México tuvo su desarrollo industrial más importante a lo largo de su historia y que por tanto las instituciones políticas de la época van a jugar un papel importante en el proceso de instauración del régimen capitalista como régimen dominante.
Esta supraestreuctura, producto de las relaciones sociales, se construye de acuerdo con las necesidades materiales concretas que es el avance del régimen del capital, por tanto el nivel alcanzado por las instituciones políticas responde a las exigencias de cada época histórica de México, del actuar de los hombres y sus intereses hacia un proyecto de nación típico burgués.
Vemos que la Revolución Mexicana , -y en esto coincido con Arnaldo Córdova- en sentido estricto no fue revolución[1] y no lo fue por el hecho de que tanto Porfirio Díaz como los que le siguieron una vez concluida la revolución perseguían el mismo objetivo, crear las condiciones subjetivas para la industrialización de la economía mexicana, crear el capitalismo y crear el Estado que hace falta para ese capitalismo. Que también ese fue el camino de la época de la Reforma , que se llevó a cabo antes que Díaz asumiera el poder. Así las leyes de Reforma entre las que sobresale aquella ley de la desamortización de los bienes eclesiásticos y comunales, tuvo como finalidad el poner a producir eficientemente las tierras e invertir en ella no para el consumo personal sino para el mercado capitalista. Todo ello nos faculta para decir que la Revolución Méxicano no fue Revolución, más bien en realidad se buscaba crear condiciones para la inversión y la obtención de ganancias.
Lo que aconteció a partir de la década de los veintes del siglo XX fue el intento de apaciguar los ánimos, llevar al país a la absoluta calma y comenzar el largo proceso de desarrollo industrial, para ello se debían crear las instituciones políticas y no sólo crearlas sino consolidar esas instituciones para hacerlas efectivas en razón de que garantizaran estabilidad, paz orden y progreso.
El Estado burgués que conocemos, se construyó en base a la Constitución , la de 1917, y la constitución lo que buscaba era dar forma a las instituciones políticas del Estado para que este Estado con su política económica apoyara el desarrollo de un mercado interno a partir de lo que se tenía, la tierra junto con sus recursos naturales, pues la industria estaba muy limitada en cuanto desarrollo. Para ello el Estado tenía que fortalecerse y eso era a través de un fuerte centralismo democrático y una división de poderes no iguales en el hecho, sino con un ejecutivo con amplias facultades que lo hicieran capaz de influir en los otros poderes de la unión.
A la vez, toda la anarquía vivida antes de la década de los veintes del siglo XX planteó la necesidad de lo que vivimos después, la formación de un Estado “representativo”, con una democracia electorera que permitía a un partido único mantenerse en el poder sin violar el principio sacrosanto producto de la revolución: la no reelección.
Así tenemos un presidente durante seis años y un poder legislativo que se revoca vía elecciones y un poder judicial, ambos supeditados al ejecutivo, pues de otra manera el desarrollo nacional y el fortalecimiento de un federalismo podría resultar ineficiente.
Este poder del ejecutivo, que permite la subordinación del legislativo y judicial gracias a la constitución de 1917, además de la inexistencia de un sistema de partidos que permitiera que la misma clase burguesa llegara al poder pero por vía distintas siglas, provocará un fuerte centralismo institucional que será elemento particular de la formación de nuestro sistema político actual.
Sistema político burgués que sirve a los intereses de clase dominante y que es dentro de la clase dominante donde se discute el mejorar este sistema político dentro de los límites del sistema económico y dentro de ese ámbito se da un prolijo análisis sobre las deficiencias que todavía muestra nuestro régimen político.
Que vivimos en una democracia burguesa es un hecho pues un elemento fundamental para que un régimen político burgués se pueda llamar democrático es la existencia de elecciones aunque en estas elecciones sólo gane un único partido, claro está siempre y cuando el partido sea de la clase dominante y no es menos democrático que aquel donde hay alternancia de poderes, donde lo que cambia es que hay más de un partido político que llega al poder, pero sin dejar de pertenecer a una misma clase dominante. Cambia la forma, es todo, pero eso no quita que sólo la clase dominante es la que tenga el derecho de participar en las elecciones federales o estatales de mayor jerarquía.
Pero también es cierto que esa democracia al ser una democracia burguesa, se trueca en dictadura de una clase sobre otra, en una dictadura de la burguesía sobre los trabajadores y que si vemos la cosa más crítica, estamos muy lejos todavía de vivir en una democracia plena y sin apellido.
Dadas así las cosas, la formación del sistema político mexicano durante el siglo XX, siglo en el que se consolidaron las instituciones de un estado burgués que en el siglo XIX vivía una total anarquía, permite la existencia de un partido único y un presidencialismo[2] que concentra mucho poder, dos características fundamentales que según Daniel Cosío Villegas es lo que caracteriza a nuestro régimen político por lo menos hasta el año 2000, año de la alternancia al estilo burgués.
Y en efecto no puede entenderse nuestro sistema político sin estos dos elementos.
EL RÉGIMEN PRESIDENCIAL.
Como ya lo mencionamos anteriormente, la constitución de 1917, ante un nuevo intento de consolidar el estado mexicano, es la respuesta a la necesidad de implementar leyes que gobiernen y formen nuestra nación, y esa implementación de nuevas leyes en una situación concreta, para su plena aplicación, cuando la sociedad no está preparada para obedecerlas aun, debe aplicarse por la fuerza, debe de ir acompañada necesariamente de la coacción puesto que no hay otra forma de adherirlas al cuerpo social. Esto es así por que la ley no está hecha en beneficio de todos en general y eso vuelve un tanto más complicado introducir nuevas leyes pues siempre están hechas a propósito de los intereses de la clase o clases que coadyuvaron en crearla e implementarla[3]. La forma en que pudo consolidarse ese Estado nación fue a través de un presidente dotado por la ley de amplias facultades resultando de ello además de consolidar las instituciones del estado, obtener una autoridad dictatorial en el contenido y forma. Porque ese Estado dictatorial y paternalista, al creerse ser el que salvaguarda los intereses de la nación, reprime y sofoca drásticamente, masacra cuando ve que sus intereses o los intereses del Estado de Derecho ponen en peligro la nación[4]. De hecho cualquier Estado burgués tiene la obligación de mantener un estado de derecho para la reproducción del capital y cualquier Estado burgués tiene su tinte autoritario cada vez que se necesite que se aplique y haga valer su autoridad.
Nuestro sistema político desarrolló un régimen presidencialista y eso quiere decir que la figura del Presidente de la República es tan importante porque se deposita en una sola persona mucho poder e influencia social para decidir en todos los ámbitos de la vida nacional. Que el poder legislativo y judicial están supeditados al poder ejecutivo y que el Presidente no sólo es Jefe de Gobierno, sino también Jefe de Estado. Esto con la finalidad de mantener la integridad de la federación. El Presidente de la república ya no debe entenderse como la persona que inviste la figura presidencial, que el presidente ya no es una persona sino una institución[5].
El político que representa al ejecutivo federal es, en México, unos meses atrás del inicio de su mandato, un perfecto desconocido, y en el momento que toma el poder, la persona más honorable y respetada en toda la nación, por lo que lo verdaderamente importante no es la persona, sino el ser Presidente[6]. En el momento de finiquitado su periodo, la persona con investidura presidencial vuelve de las sombras de donde surgió, es atacado si es necesario para el sistema; el único recuerdo de su periodo es el sueldo vitalicio que reciben por el hecho de haber sido presidente.
Una característica fundamental de nuestro régimen presidencialista es que el presidente de la república, además de tener amplias facultades constitucionales, no sólo es Jefe de Gobierno y de Estado, sino también es el jefe máximo del partido oficial; del PRI., el que destapa candidatos e impone personas en puestos de elección popular.
EL PARTIDO POLÍTICO.
En el caso concreto de México me refiero al Partido Revolucionario Institucional que gobernó México de manera ininterrumpida más de setenta años en el poder y hasta hoy gobierna una porción significativa de los estados de la federación. Poco más de dos veces el periodo de Don Porfirio Díaz. Un partido político que cobijó a la así llamada familia revolucionaria. Un partido que se fue transformando, no sólo de siglas, sino estructuralmente para responder a las exigencias de la gestación del Estado mexicano. Aquel partido formador de cuadros políticos que iban a dirigir los destinos del a nación. Este es el otro ingrediente importante en nuestro sistema político. Desde 1929 cuando se estructuró y hasta la fecha, el PRI está integrado por elementos de todas las clases sociales, desde campesinos, obreros, clase media y alta burguesía.
El PRI es un partido que cumplió su misión histórica, es un partido que enarboló los principios de la revolución mexicana, pero no de todos los revolucionarios, sino de los vencedores, de aquella porción de la población que demandaban el desarrollo de la economía nacional capitalista; de los Constitucionalistas. Se mantuvo fiel al principio de la no reelección y llevó a la práctica una política económica que permitió el fortalecimiento de la planta productiva nacional. Es decir, el PRI enarboló el desarrollo del capitalismo con una fuerte intervención estatal en sectores estratégicos de la economía.
El PRI mismo creo su propia élite, el grupo gobernante. No había un solo municipio gobernado por la oposición, y fue solamente con el avance del capital y cuando los principios de su política económica llegaron a un límite en el cual ya era contraproducente para los grandes capitalistas la intervención del gobierno en la economía cuando el PRI comienza a mostrar debilidad que se empieza a manifestar en la última década del siglo.
Así cuando el PRI tiene que virar de política social y económica de acuerdo a las nuevas necesidades del capital, es que aparece que el PRI abandona o se aleja de la revolución que le dio existencia, se escinde entre los ortodoxos y los neoliberales, los que peleaban por seguir con un estado paternalista o aquellos neoliberales que pensaban en la modernidad del capitalismo en México. Imposible que el PRI pudiera seguir por más tiempo con esa escisión y tuvo que llegar su inevitable decadencia.
Cada gobierno neoliberal priísta que llegaba al poder, lo hacía con mucho poder sin lugar a dudas, pero a la vez más debilitado, eso provocaría la existencia política real de dos partidos burgueses opuestos en cuanto a la visión no de Estado, sino de política de Estado, el Partido de acción Nacional, meramente elitista y convencido del planteamiento del neoliberalismo y por otro lado, el Partido de la revolución Democrática, partido de la chusma y con una amplia identificación de una política económica keynesiana.
Hasta aquí dos aspectos fundamentales del sistema político mexicano del siglo XX que retomo de Daniel Cosío Villegas, la presencia de un partido político y el fenómeno del presidencialismo. Las ideas desarrolladas por mi tratan de enlazar el aspecto de los intereses económicos con la formación del sistema político mexicano, para mi no son dos fenómenos que hay que estudiar aisladamente puesto que podremos perdernos a la hora de explicar o de tratar de entender porque tenemos las instituciones que tenemos y que tanto falta para llegar a una verdadera democracia. Para mi gusto que los intelectuales busquen llegar aun gobierno más democrático y un sistema político más abierto sin mirar siquiera los intereses económicos que se ponen en juego, es nada más que utopías. Y seguirán escribiendo tratando de descubrir el hilo negro cuando la realidad no es tan difícil de entender si se busca la esencia de la multiplicidad del os fenómenos.
CONCLUSIONES.
El sistema político mexicano se empieza a consolidar a partir de la década de los veintes y su desarrollo obedece a las exigencias de la formación del capitalismo en México por lo que la tarea de las instituciones del régimen político era buscar crear las condiciones para la inversión del capital en nuestro país. Dos aspectos fueron vitales para eso, la formación de un presidencialismo autoritario y la existencia de un partido oficial. El primero tiene como finalidad aplicar la constitución de 1917 que le da amplios poderes para consolidar y centralizar poder para mantener unida la federación y el papel del PRI era la de formación de cuadros políticos que pudieran consolidar las estructuras capitalistas.
Esas instituciones políticas creadas después de la Revolución Méxicana fue el inicio de una prolongada industrialización de la economía mexicana. La intervención estatal era prioritaria dado el escaso desarrollo y crecimiento de la iniciativa privada, digamos que la clase capitalista no tiene la capacidad de inversión necesaria para el fortalecimiento de las estructuras económicas, principalmente en aquellos sectores estratégicos. Con el apoyo gubernamental, la industrialización desembocó en la necesaria acumulación de capital y su necesaria concentración y centralización de capital. Cuando éste ya está bastante centralizado, tiende a buscar nuevos sectores de inversión, estando estos sectores en manos del gobierno, empieza la exigencia necesaria del adelgazamiento del mercado para que la iniciativa privada invierta donde tiempo atrás por su capacidad productiva no podía hacerlo. Como las instituciones políticas dejaron de funcionar en este nivel de desarrollo, surgió la necesidad de reformar todo el aparato supraestructural y hacerlas corresponder por el nuevo grado de desarrollo de las fuerzas productivas, nace el neoliberalismo y en México se empieza a hablar de la modernización del capitalismo mexicano enarbolado por el presidente Carlos Salinas de Gortari no sin antes crear las condiciones legales para que eso se llevara a cabo en un sexenio anterior, con Miguel de la Madrid Hurtado. De tal forma que hoy se habla de cambiar las estructuras, de no volver al pasado, de avanzar hacia delante que para el capital es más neoliberalismo.
En fin los cambios que hoy se están suscitando responden no a una exigencia mayor de la población a más libertades, sino a la exigencia de capital que quiere más libertades para producir y comercial con el resto del mundo, ahí donde se habla de más libertades a la población en verdad se quiere decir, más libertades al capital, a la libertad de valorizarse, de concentrarse y centralizarse en pocas manos.
BIBLIOGRAFÍA.
-CÓRDOVA, Arnaldo. “LA FORMACIÓN DEL PODER POLÍTICO EN MÉXICO”. Ediciones Era. Décimo octava reimpresión. 1993. México D. F.
- COSÍO, Villegas, Daniel. “EL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO.” Cuadernos de Joaquín Mortiz. México 1982.
- CARPIZO, Jorge. “EL PRESIDENCIALISMO MEXICANO”. Editorial Siglo XXI. Décimo octava edición 2004. México D.F.
- MEDINA, Peña, Luis. “HACIA EL NUEVO ESTADO. MEXICO, 1920-1994.” Editorial FCE. Quinta reimpresión 2004. México D. F.
- MAQUIAVELO, Nicolás. “EL PRINCIPE”. Editorial FCE. Colección “Sepan Cuántos”. No. 152. México D. F.
- BERRY , Charles, R. “THE ELECTION OF THE MEXICAN DEPUTIES TO THE SPANISH CORTES, 1810-1822.” Universidad de Texas. 1966.
-BENSON, Nettie. “LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL Y EL FEDERALISMO MEXICANO.” COLMEX-UNAM. México 1994.
