El México de López Obrador: ¿cambio real o gatopardismo?
https://periodicorevueltas.com.mx/2023/07/09/broncas-zurdas-el-mexico-de-lopez-obrador-cambio-real-o-gatopardismo/
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El ejercicio de la lectura es algo que debemos de normalizaren en las grandes masas, pero no hay que ser tan “aspiracionista”, esto se logrará poco a poco, picando piedra, basta con que empecemos en nuestro entorno, en nuestros hijos, padres, hermanos, compañeros y demás y también ahí cuesta trabajo pero está dentro de nuestras posibilidades.
El otro ejercicio que se relaciona con la lectura es la escritura, ésta también es todo un arte, pero no pedimos mucho, sino apenas que nos atrevamos a escribir, no los grandes tratados que realizan las grandes mentes, sino apenas algo modesto que nos aleje del pánico a escribir, porque muchas veces es eso, pánico lo que no nos anima a escribir nuestras impresiones, parecido al pánico podamos sentir al hablar ante grandes multitudes las primaras veces de hacerlo.
La novela es una fuente inagotable de reflexiones, opiniones y análisis de lo más variados que puede provocar, en un círculo de lectura, consciencia colectiva a través de mirar desde la mirada del otro, leer desde la perspectiva de los demás y encontrar de esa manera, desde la subjetividad, la tan ansiada objetividad. Otra vez está uno de ambicioso, pero, así las cosas, por ahí leí que para eso sirven las utopías, para eso, para caminar y hacer que un círculo de lectura siga caminando.
Así que, aquí van mis impresiones de la lectura del libro de Balún Canán.
A mi parecer, es una novela que es tanto histórica como autobiográfica, ahí se narran las relaciones sociales establecidas y normalizadas entre los indígenas y los terratenientes en Chiapas, específicamente en Comitán, narradas desde el recuerdo de una vida y dirigidos esos recuerdos en gran medida por ese gran personaje de la novela que es la niña, que refleja la inocencia de su edad para con lo que ve, mezclada con su tipo de educación; pero también refleja la inocencia de lo indígena manifestada en el personaje de la nana y de los indios que, desconfiados hacen visita periódicas a don German para darles detalles de la situación en Chactajal, su finca.
La novela muestra cómo se vive la vida en Comitán en el periodo de la gran reforma agraria impulsada por el general Lázaro Cárdenas y que vino a tensar más la relación histórica entre los ladinos, —dueños de las tierras y de todo lo que en ella se desenvuelve, incluyendo los indios— y los indios. Desde la visión dominante, al indio no se le educa, no se le empodera, no se le convence, no se dialoga con ellos, no tienen derechos, son indios y solo sirven para trabajar para el patrón, esa actitud racista impera hasta nuestros días y ha calado hondo en la sociedad mexicana. Hoy por hoy somos una sociedad muy racista aún, que no sabe aceptarse en la actualidad con raíces indígenas o que identifica a los indios como aquellos y no como nosotros.
Consecuencia de la reforma agraria, la novela narra el desmantelamiento de la hacienda de don Cesar Arguello y de sus primas Francisca, Romelia y Matilde, pero de una manera que muestra el entrelazamiento de este acontecimiento con las ideas y costumbres establecidas y que lleva a cada personaje a un desenlace singular, que la novela muestra con estilo artístico y yo lo sintetizo a través de bruscas y lineales relaciones.
La reforma agraria obliga a los hacendados a educar a sus peones, don Cesar, para burlarse de la ley, “contrata” a su hijo “bastardo” Ernesto, que de maestro no tiene nada, este acepta el cargo a regañadientes buscando una oportunidad mejor para sus propias ambiciones lo que implica que su actividad como maestro fuera una burla para sus trabajadores, las relaciones se tensan hasta que llevan a los rebeldes indios a provocar el incendio que acaba con la finca y las aspiraciones tanto de Cesar como de Ernesto, el primero termina en la bancarrota y el segundo muerto de muerte provocada por la rebelión iniciada. Como sabemos, la reforma agraria tuvo gran calado en México en sus inicios, aunque perdió impulso en años posteriores, seguía viva en el papel, hasta que el neoliberalismo la dio por muerta, incluso en el papel. La reforma agraria tuvo una influencia importante en el México de provincia, pero nunca fue demasiado radical, el movimiento zapatista de 1994 mostró que la situación indígena sigue estando tan deplorable como en aquellos años y lo que sí se ha incrementado de manera sustancial son lacras sociales: el racismo y el clasismo.
Unos comentarios y unas preguntas a propósito del día internacional de la mujer y de la novela recién comentada de Rosario Castellanos.
Me permito hacer unas reflexiones del papel de la mujer en la novela Balún Canán, en el que encontramos personajes femeninos como la niña, la nana, Zoraida la madre, las hermanas Francisca Romelia y Matilde y Doña Nati. Todas ladinas, excepto la nana. La novela no es sobre el indigenismo, en efecto, como tampoco es sobre el feminismo o sobre la lucha de clases, es una remembranza donde Castellanos plasma su infancia en un contexto que se le presenta como cosa natural. Pero la novela se presta para todo tipo de interpretaciones y reflexiones.
Dado el gran avance en las ciencias sociales realizado por Marx, se sabe que la historia del mundo es la historia de lucha de clases, oprimidos y opresores se enfrentan en franca lucha a veces abierta y letal y a veces presente de manera sutil. Ese gran descubrimiento nos permite entender hoy por hoy, los fenómenos sociales al que ponemos nuestro ojo observador y es muy difícil que se nos escape un fenómeno que no tenga carácter de clase, como cuando comentamos esta novela, por ejemplo o, por poner otro ejemplo, cuando conmemoramos el 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora.
En general, en la novela podemos percibir las relaciones sociales ya caducas, la relación del señor feudal con el siervo, que se plasma de manera concreta en una relación hombre ladino-indígena. Esa relación económica y su trastoque con la reforma agraria es la base de todas las demás relaciones que se manifiestan en la novela, son las circunstancias ajenas a los personajes, pero a partir de las cuáles los personajes, sin tener consciencia de ello, toman sus propias decisiones y enfrentan los desafíos de la vida.
Dichas relaciones de producción, esenciales, aunque existentes hoy en día, son caducas y se encuentran en regiones muy específicas del país. Cierto es que increíblemente no terminen de desaparecer, sino que sobrevivan en ese amasijo que es la formación económico social, pero bueno, ese es otro cantar. Como relaciones sociales caducas, ya no dominantes, Rosario logra plasmar lo injustas de dichas relaciones, la inconsciencia que los personajes tienen alrededor de dichas relaciones esenciales, pero el hastío de los de abajo sobre estas reglas de opresión que sufren en carne propia.
Otro cuento que cuenta, sin proponérselo, es la relación hombre-mujer, que son relaciones sociales no caducas, muy vigentes y muy normalizadas que cuesta trabajo tratar de comprenderlas. Al parecer las relaciones planteadas en la novela son las normales, las que vivimos en el día a día y en la que no nos fijamos sino en lo normales que llegan a ser. La relación hombre-mujer no vislumbra nada nuevo de lo que podríamos encontrar en nuestro contexto.
De ahí que la relación histórica hombre-mujer nos cueste entenderla o pase por ser un fenómeno pueril o simplemente circunscrito a la filosofía feminista, pues se nos figura que poner las íes en ese tema nos oculta la esencia de las esencias que es la relación de producción entre los que poseen los medios de producción y los que son libres hasta de los medios de producción. Así las cosas, la relación hombre-mujer se nos presenta como un fenómeno inesencial y se nos figura que el simple hecho del triunfo de la revolución social liberará automáticamente a la mujer del papel secundario que ha tenido frente al papel principal del hombre, en la historia.
Eh aquí mis preguntas. ¿Es la relación hombre-mujer una relación de opresión de una dimensión secular y —como la lucha de clases—, a veces se nos presenta de una violencia y brutal y a veces se nos presenta velada y sutil, pero igualmente opresiva? ¿Es que don Germán violenta a Zoraida su mujer por el simple hecho de ser mujer o hay vestigios de violencia alguna a lo largo de la novela?, a mi parecer Zoraida es una mujer ignorada en todos los sentidos, cuantimás en participar en la administración de la hacienda, no recibe golpizas, pero sí sufre otro tipo de violencias. ¿Es que Matilde sufre violencia de parte de Ernesto al mantener una relación incestuosa o al dejar a la deriva la responsabilidad mutua respecto al germen de su relación?, ¿es que la mamá de Ernesto sufrió violencia al mantener una relación ilegítima según los cánones de la época y del sistema, con don Germán, producto de la cual nace Ernesto?, que me dicen de la niña, ¿no es recurrente que hasta en la actualidad las grandes familias dejen encargados de la crianza de sus hijos a la servidumbre que contratan, pintando una línea bien definida entre lo que representan unos y otros, entre lo que representa el amo y el siervo?, ¿no va la niña a una escuela de puras niñas en donde, a parte de inculcarle el temor a dios le inculca el papel que la mujer debe tener en la sociedad imperante?, por otro lado ¿no es la nana un cero a la izquierda para la sociedad en Comitán y que su único papel es la de la obediencia para con sus amos, aunque en esa obediencia sea la única en transmitir amor no obediente sino amor verdadero que crea un lazo fraternal verídico con la niña y su hermanito?
Ni un personaje femenino trata de transgredir los límites impuestos por la sociedad, pues no es una novela que reivindica el feminismo, pero si nos relata el relegado lugar de la mujer en la sociedad. En la novela, en la década de los cincuenta y hoy en la actualidad, las diferencias hombre-mujer son indiferentes, inesenciales, simplemente están normalizadas pese a los avances de un movimiento ascendente feminista en México y en el mundo, aunque ya sin el carácter de clase que le dio origen, al parecer.
“Yo estoy allí, aunque no sean mis palabras y mis conceptos, pero sí mis reclamos” (Monsi y seguidores durante aquellos días de enero de 1994)
Soy poco conocedor de Carlos Monsiváis y de su extensa obra literaria; apenas ésta es la primera de sus obras que he leído. Uno conoce a Carlos Monsiváis, por sus columnas en la jornada, su participación en televisa, su participación en algunos documentales sobre el desafuero, sobre esto último, un recuerdo que me viene a la memoria es aquel en el que, desatada la guerra sucia señalando a AMLO como un peligro para México, Monsiváis señala el absurdo de mucha gente que se la cría y decía, “— ¡me van a quitar mi casa! —“, y remata “— ¡pero si no tienen casa!—”.
Así, con ese tipo de absurdos y con una escritura donde se vale de la sátira, Monsiváis escribirá una de sus últimas obras, apocalipstick. La sátira comienza desde el nombre del mismo libro: ante el inminente apocalipsis provocado por el calentamiento global, provocado por el hombre —y yo agregaría: y su absurdo modo de producción dominante—, acudan a presenciar el fin del mundo con las últimas ofertas de temporada, unos lápiz labial versátiles, aerodinámicos y que producen labios flamígeros, propios para dar el beso de la despedida, señala apenas en el prólogo.
Este libro está compuesto de 35 crónicas y/o relatos donde Monsiváis pone como el protagonista principal a la Ciudad de México, no una parte de la ciudad, sino toda ella, valga la redundancia, su ciudad, la ciudad donde nació y pasó la mayor parte de sus días. La ciudad de México, el amor de sus amores. La ciudad de México que señala, algo tiene de mágico, pues atrae gente a montones, todo mundo quiere entrar y parece que nadie quiere salir de ella, pese a que ya no cabe un alma. Una ciudad que como todo, tiene claroscuros, es bella pero da miedo, es grandiosa per allí roban mucho, es esperanzadora pero la derecha avanza, ¿será?
En esta obra veremos a la Ciudad de México y su devenir desde que los dioses aztecas, en este valle del Anáhuac, “autorizaron la convivencia de los extremos”, hasta comienzos del siglo XXI cuando la ciudad se conmocionó con la presencia de una gigantesca marcha del silencio en contra del desafuero de su jefe de gobierno, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, pues “han querido despojar de sus derechos electorales a un sector enorme del país.” “Los excluidos se incluyen” remata.
En el cuerpo del escrito, abunda de todo, lo cultural sobre todas las cosas en el espacio —una mancha urbana que se va haciendo más y más gigantesca devorándolo todo— y en el tiempo —sugerentemente y con mayor ahínco desde los años veinte del siglo XX—. Relata de manera muy amplia como es la convivencia entre los pobres, —la mayoría de los habitantes de la ciudad—, sus razones y pasiones, pero sobre todo sus pasiones. La convivencia entre pobres y ricos y entre los ricos. La ciudad de México ya no es la misma de los años veinte, de los años cincuenta, setenta, muchas cosas han cambiado unas para bien y otras para mal.
La vida diurna en la ciudad de México, es complicada, en las vecindades, en el metro, en los supermercados y en el comercio informal, en las calles y avenidas con grandes masas de autos a vuelta de rueda que pone a prueba su paciencia. Los citadinos salen buscando nuevas oportunidades de ascenso social, buscando y creando nuevas oportunidades a través de la apertura de nuevas carreras que permitan el ascenso social. No podía faltar la existencia, en esa gran mole, en esa enorme jungla de asfalto, la leyenda urbana, los ritos religiosos llevados hasta la televisión, el nacimiento de los lideres barriales para exigir a las autoridades, alumbrado público, agua, drenaje, y más y sobre todo la presencia del big brother.
La ciudad de México no descansa, hay movimiento día y noche, las pasiones se desatan en la vida nocturna, los cabarets, las cantinas, los antros y sus espectáculos que avivan la esperanza de vida del citadino, Monsiváis señala que hubo una época de oro de la vida nocturna (sic), de 1930 a 1960, después de la penicilina y antes del sida. En la década de los setenta y ochenta, esta tremenda enfermedad obligaba al recato, al bouyerismo y a propiciar otras formas de encuentro pasional.
También se encuentran las aspiraciones de los ricos y sus aires de grandeza, de caché, con su espíritu individualista, de competencia y de despilfarro, y sus necesarios encuentros y desencuentros con los pobres que da cuenta de su elitismo y clasismo que propician una ciudad fragmentada, con grandes y bellos edificios al lado de construcciones que desafían a la gravedad y en la que viven hacinados cientos, miles y millones de almas que luchan por un pedazo de tierra para edificar su patrimonio. En fin, los ricos, cada vez más ricos, cada vez más clasistas y racistas, cada vez más conservadores, pero políticamente venidos a menos. Monsiváis señala “el conservadurismo ya nada más emprende batallas culturales por el deleite de verse derrotado”.
Monsiváis demuestra que conoce muy bien la ciudad de México, sus colonias, los personajes de la farándula, de la cultura, de la política, sabe que su ciudad late a la izquierda, que ha tenido un largo caminar y se va desafanando de los prejuicios y lleva la delantera a la provincia en término de libertades y derechos ciudadanos.
Y es que la ciudad de México ha sido todo un fenómeno a nivel mundial, por su grandeza y su riqueza cultural, por su historia, por la convivencia obligada entre varios, la ciudad es inmensa, es prodigiosa, con toneladas de concreto, con poca belleza estética de sus viviendas, los ciudadano no quieren habitar casas hermosas, solo quieren tener un techo donde descansar y vivir, un techo propio y poco importa la estética, así se pueden recorrer kilómetros y kilómetros sin nada hermoso, sin nada llamativo, aunque tenga cosas hermosas y llamativas. La ciudad de México se transforma con el paso del tiempo, seguirá cambiando para bien o para mal, pero seguirá cambiando.
En fin, aquí solo menciona pocas cosas, pero muy pocas cosas de lo que trata el libro, hay que tener mesura, pasión y dedicación para leerlo y analizarlo todo, por lo que invito a todos los del círculo su participación escrita también y saludo a la de Edna que ya lo he leído también.
“La Ciudad de México día a día se precipita a su final y, también a diario, se reconstituye con la energía de las multitudes convencidas de que no hay ningún otro sitio a donde ir.” (Monsiváis)
Después de tener ocupado mi tiempo en otros menesteres, considero necesario retomar las impresiones de la obra de Inés Arredondo “Río Subterráneo”. En general considero que es una autora no fácil de leer, y sus cuentos narran lo maravillosa y trágica a la vez que puede ser la vida de las personas.
Alrededor de las relaciones humanas, la autora nos muestra, en una docena de cuentos, las pasiones y prejuicios de gran calado en la sociedad que rodean temas como la homosexualidad, la bisexualidad, el incesto, los conflictos en las relaciones de pareja, las tortuosas que pueden ser las relaciones familiares entre otros temas.
Habiéndose realizado el círculo de lectura y analizado otros materiales al respecto, tuve a bien releer algunos cuentos que para mí habían resultado difíciles de asimilar, mi conclusión es que el contenido de los cuentos nos proporciona buen material para analizar el trasfondo de esas complicadas relaciones humanas que todos, de alguno u otra manera hemos experimentado, que ha llevado a más de uno a tortuosas crisis existenciales en pro de un proyecto de vida socialmente viable alternativo al individualismo que permea en la mayoría de los casos y en la mayoría de los cuentos de Inés Arredondo.
Como un elemento de apoyo a la interpretación de los cuentos, se comentaba la visión Nietzschiana de la vida, lo dionisiaco de la vida, plagada de traiciones, deshonestidades, perversidades, una vida cruel y embriagante que tenía que tener algo bueno y maravilloso para hacerla más soportable, el lado apolinio basada en la inocencia, el amor, el erotismo, cierta locura que nos permite andar en el perímetro de lo que socialmente nos está permitido hacer.
Y eso creo que es la lógica de la obra de Inés Arredondo, la mezcla de lo apolinio y lo dionisiaco, el primero como calmante de las almas humanas y lo segundo como lo que más perdura alrededor de las pasiones humanas. De esa manera la vida humana es más que una odisea (donde impera el heroísmo frente a los desafíos de la vida), es más bien una tragedia (la mezcla de lo dionisiaco y lo apolinio), donde la vida de las personas es dominada por las perversiones humanas, pero siempre encontramos una mirada, un gesto amable, un reconocimiento de nuestra existencia por el otro o los otros, después de todo, las personas están ávidas de reconocimiento en un sistema que cosifica todo.
Lo interesante de los círculos de lectura sobre obras literarias es que, en su análisis, interpretación o simple opinión o comentario, se manifiestan en su máxima expresión nuestras subjetividades y eso es de lo más extraordinario; el punto de vista desde perspectivas diferentes que pueden estar en contradicción entre sí o complementarse dando pie a una variada interlocución entre los participantes que uno espera, nos sirva a todos para que, con sentido crítico, podamos proyectarnos en dichas obras en aras de transformarnos y transformar nuestra realidad de una manera objetiva. La obra en sí misma y el círculo de lectura no es determinante para ello, pero en algo puede contribuir para que eso suceda.
Una joya de la literatura se analiza desde diferentes perspectivas ofrecida, o por la propia obra en sí misma, o porque al lector en particular le interesa enfatizar un pasaje, hecho, suceso o personaje con el que sentimos cierta afinidad o gusto.
En dicho análisis vamos de lo simple a lo complejo y de lo complejo a lo simple consciente o inconscientemente en un intento de encontrarle cuadratura al círculo, de descubrirle sentido a una realidad que se nos presenta de una manera caótica en lo inmediato.
Entrando específicamente a la lectura de “el hombre de los hongos”, lo simple lo identifico con lo más abstracto cuando percibo la obra en general; lo simple son las relaciones de dominación amo-siervo y su relación dialéctica.
Arriba de la cúspide se encuentra Don Everardo que es reconocido por comportarse como si fuera dueño de su mujer Elvira, sus tres hijos (Emma, Sebastián y Lucila), la servidumbre y todo lo que se mueva dentro de sus tierras, pero este comportamiento de considerarse dueño de todo no aparece de manera burda sino con fino tacto como lo hace todo hombre de élite que se presume a sì mismo de culto. Nada se hace si no es con el aval de don Everardo, cuya peculiaridad es su gusto por la cacería y la buena gastronomía en general y su predilección por los hongos comestibles, que abundan, pero se mezclan con hongos venenosos en esos parajes en donde las lluvias se suceden durante todo el año.
Del otro lado del amo se encuentra el siervo, que en la obra es el hombre de los hongos, que viene a representar a la clase desposeída, los “nadies” diría Galeano. De los “nadies”, resalta el personaje de Gaspar, un “nadie” que, sin embargo, —desde el momento que don Evarardo lo considera de su propiedad cuando lo encuentra aun cuando niño y se lo regala a su hija menor Emma— trastoca y revoluciona la vida de la familia de don Everardo, apenas sin que éste tome consciencia de ello. En lo inmediato, el amo somete al siervo (Don Everardo a Gaspar al convertirlo en el hombre de los hongos), pero en el devenir, el amo termina sucumbiendo ante el siervo (Una comilona donde el amo termina envenenado producto de una tetra del siervo en una lucha desesperada por su supervivencia).
Hasta aquí lo simple, lo mas abstracto, lo más general de la novela, la clásica lucha de clases en un remoto sistema de dominación amo-siervo. Sergio Galindo escribe su novela y quizá sin estar consciente de ello, representa en esta novela esa lucha de clases. Galindo solo refleja la realidad y con un recurso en la técnica ficticia y a través de eventos mágicos, hace rodar los acontecimientos dentro de su obra bajo este contexto general.
Pero el hecho de descubrir o reconocer la lucha de clases en la obra apenas y se dice algo nuevo y eso implica que el concepto de la lucha de clases termina por ser un concepto vacío, dice todo, pero al mismo tiempo no dice nada al quedarse el análisis en la mera abstracción; abstracción que es lo más simple, lo más general y por lo tanto lo más indeterminado.
Entre que el amo domina al siervo en un inicio y el siervo termina dominando al amo, pasan cosas, muchos acontecimientos en el que las pasiones humanas se manifiestan y hacen pasar verdaderos infiernos o paraísos a los personajes según el caso y la perspectiva meramente subjetiva de los personajes y del lector mismo; pasan cosas muy concretas y específicas que implican una complejidad en sí misma que determina infinitas interpretaciones.
La verdadera riqueza está en lo concreto, que es real en el tiempo y en el espacio, y aquí sí hay que hacer esfuerzos ¿desesperados? para deshilvanar los entretejidos de las relaciones sociales y la conducta humana y hacer compatible lo simple con lo complejo, es decir, lo abstracto con lo concreto; toda apreciación subjetiva sirve para este propósito, la mera opinión o comentario es útil en el camino de comprender nuestro entorno y sobre todo a nosotros mismos.
El señor Everardo piensa de sí mismo que no es una persona desalmada, incluso se podría calificar así mismo de hombre generoso porque a nadie obligaba en un principio a ser el hombre de los hongos, sino que ofrecía una suma importante de dinero a aquellas personas que se ofrecieran a probar un bocado de setas para conocer su peligrosidad, ¿qué mayor libertad que eso? Tampoco le parecía un hombre cruel a su propia familia, incluyendo a la más sensible de ellas, a Emma, pues era normalizado el clasismo y racismo de una élite que ve siempre a sus subalternos como cosas, como nadies.
¿Qué persona se prestaría a probar unos hongos que podrías ser venenosos a cambio de una buena suma de dinero?, ¿a qué cantidad debe ascender el monto pagado para que un hombre decida poner en peligro su vida y decida ser el primero en probar las setas para corroborar si son saludables o venenosas?
En un primer momento se podría pensar “racionalmente” que mucho tiene que ver la probabilidad, si fuera muy común que el hombre de los hongos sobreviviera, entonces la tasa de sobrevivencia sería alta, muchos querrán aceptar el reto y ser el señor de los hongos, pero si lo común fuera que el hombre de los hongos no sobreviviera entonces el hombre de los hongos escaseará y será difícil encontrar a alguien que quiera poner en peligro su vida, aunque se le pague una buena cantidad de dinero. Hasta aquí este análisis es muy simplista porque no toma en cuenta ni el contexto, ni las necesidades de los hombres, ni la lucha de clases (ese concepto abstracto que habíamos dejado un poco más arriba medio vacío de contenido) ni una serie de circunstancias que en definitiva obligan a las personas a ser el señor de los hongos. Ese análisis simplista que pareciera racional, al hacer abstracción del contexto histórico se convierte en un análisis absolutamente irracional y sin embargo está muy en boga en los centros de enseñanza y se muestra como si fuera la última panacea.
El señor de los hongos siempre es una persona de la clase dominada, a partir de esa condición objetiva se circunscribe su libertad de probar o no probar los hongos para revelar su autenticidad no venenosa, ello implica que esté obligado por su condición económica y por ello está dispuesto a sacrificar su vida por un pago que beneficiará si no a él, si a los suyos, a sus familiares que son los que aprovecharían un sustancioso pago que recibirían de don Everardo, este venerable amo. ¿El hombre de los hongos goza de cabal libertad cuando su situación de oprimido lo obliga a aceptar poner en peligro su vida a cambio de un poco de bienestar para su familia?
El hecho de que don Everardo y su familia no cuestionen esa práctica cruel del señor de lo hongos y la tengan muy normalizada implica una concepción muy superficial de la vida, de la libertad y de otros valores de gran calado. Este hecho hace comprensible las demás relaciones humanas fatuas y superficiales que caracterizan a Elvira, Lucila y Sebastián que no viven mas allá de lo inmediato y se ponen los pies unos y otros enredándose entre sus aspiraciones individualistas y las de los demás. Elvira se comporta como toda mujer de alta alcurnia cuya preocupación no va más allá de su aparencial figura, mientras que Lucila y Sebastián tienen el comportamiento del típico junior que al ser hijos del amo se consideran con derechos rayados con el oportunismo de su nihilista vida.
Las únicas personas que al parecer trascienden en parte esa vida superficial son Emma y Gaspar al desarrollar una relación más humana dentro de los límites impuestos por su contexto. Emma muestra esa sensibilidad desde niña, al reconocer su actitud y comportamiento al no demandar el amor de sus padres a capa y espada, su sensibilidad también se muestra al alejarse del comportamiento tóxico y pueril de sus hermanos Lucila y Sebastián, y la relación que construye con Gaspar, lejos de la cosificación a la que debería estar obligada a desarrollar, que implicaba tratar a Gaspar, —el regalo de su padre— como muñeco; también se muestra su sensibilidad hacia los animales como lo demuestra en el caso de Toy el leopardo y finalmente esa sensibilidad que muestra al tener que actuar ante inconvenientes, cuando decide salvar a su amado Gaspar aunque ello implicara la vida de sus seres ¿queridos?
Finalmente, cada persona vive en un contexto determinado y ha creado y desarrollado valores que han implicado normalizar relaciones injustas y que, debido a esa normalización no las cuestionamos perpetuando de esa manera relaciones injustas bajo nuestra complacencia. Para evitar eso, es que es necesario un espíritu crítico que nos permita ser conscientes de injusticias que toleramos y buscar transformar esa realidad para construir un mundo más humano o menos injusto.
Morirás lejos es una obra literaria de José Emilio Pacheco escrita en 1967, y hace referencia al errante pueblo de los judíos que deambulaban por el mundo desde la diáspora, cuando el general romano Tito destruyó el Segundo Templo de Jerusalén; José Emilio Pacheco si bien hace referencia a esa destrucción en la introducción de la obra, se centra en el holocausto de la Segunda Guerra Mundial.
Morirás lejos parece el nombre de una profecía hacia un pueblo que, durante siglos vivió errante, creando comunidades judías es un buena cantidad de países del mundo.
En la primera parte de la obra, se narra la heroica defensa de Israel por los judíos en su enfrentamiento contra el imperio más poderoso de su tiempo, aquí da cuenta de la heroicidad de Juan y Simón y otros judíos que soportaron penas amargas y ofrendaron sus vidas defendiendo a su pueblo y a su religión.
En la segunda parte el autor repara precisamente en el holocausto y la tragedia judía en la Segunda Guerra Mundial, reseña de una manera singular lo que pasaba en los campos de concentración y la llegada ahí de millones de personas que fueron víctimas del nazismo; remarca la tragedia al señalar, entre otras prácticas macabras, la forma en que el gas se introducía en los órganos humanos y terminaba con sus vidas; esa industria de la muerte, en un parpadear, mataba con miles de vidas humanas.
La novela es un recordatorio, uno de los tantos que hay en la obra literaria respecto a lo ocurrido en los campos de exterminio nazis, pero lo hace de una forma peculiar, en la que José Emilio Pacheco, con sus grandes dotes de literato, cumple con la misión de recordar ese suceso reprobable a través de la creación de dos personajes poco claros que son eme y Alguien, que se confrontan en una historia de ficción en la que sus personalidades confusas da lugar a la especulación para tratar de esclarecer quienes son realmente eme y Alguien y la relación que guardan entre ellos y ellos con el holocausto.
El personaje eme asoma de manera sigilosa por la ventana y en la parte de enfrente, en un parque, se percata de la presencia de Alguien que lee el “Aviso Oportuno” del periódico El Universal pero que se le figura ser una persona que lo está vigilando a él, a eme, durante ya varios años, esperando el momento oportuno para aprehenderlo y obligarlo a enfrentar la justicia sobre su participación en el actos inhumanos. Pero realmente eme no está seguro de que Alguien lo esté vigilando, pues Alguien puede ser cualquier persona, bien puede ser un dramaturgo esperando un momento de inspiración, un desempleado en busca de trabajo, un delincuente sexual, un amante en espera de su amada, un padre que ha perdido a su hijo, un ser nostálgico que vuelve al parque en el que jugó de pequeño, un integrante de la policía secreta, una víctima anhelante de venganza, o simplemente Alguien no es nadie y simplemente es producto de la imaginación de eme que tiene delirios de persecución y piensa que tarde o temprano lo aprehenderán y le harán pagar sus abominables crímenes.
Alguien puede ser cualquier persona o también no puede ser nadie, entre el ser y el no ser se dan infinitas posibilidades en las que se puede especular y se puede uno dar libertad para especular.
¿Quién es eme en la obra de José Emilio Pacheco?, lo único cierto es que eme es un criminal de la guerra nazi, alguien que participó y luchó de una manera u otra en el frente alemán en la Segunda Guerra Mundial, pero puede haber sido un apóstol de la medicina futura que experimentaba con humanos, o un cirujano alemán que extirpó genitales a personas masculinas y femeninas, o un técnico del exterminio que dirigió un campo de concentración, o un oficial de la Gestapo, o el capitán del ejército alemán responsable de arrasar poblaciones enteras, o el Fùhrer, o un escriba de Hitler, o el destructor del Gueto de Varsovia, o un soldado alemán pero que no mató a nadie fuera del campo de batalla lo que lo hace una especie de víctima de la guerra, o fue un criminal nazi cualquiera. O más bien eme fue y ya no es, sí fue un criminar pero sí pagó sus crimines y murió en la cárcel de máxima seguridad, o fue linchado y muerto con la entrada del ejército rojo en Alemania.
O eme es producto de la imaginación de Alguien y realmente nunca existió; nuevamente entre el ser y el no ser se dan infinitas posibilidades.
Finalmente el desenlace de la obra no puede ser diferente, pues también da cabida a la especulación: eme y Alguien no son más que recursos que se tomaron con pretexto de recordar el holocausto en un intento de sumar para que el suceso histórico no se olvide y no se repita nunca más; o bien, que tal este otro desenlace, eme encara a Alguien y Alguien resulta no ser su perseguidor sino un obrero desempleado que se ha sentado para descansar después de buscar trabajo y no conseguirlo, lo que deja a eme momentáneamente tranquilo antes de volver a sufrir otro delirio de persecución, como los que sufre desde hace veinte años; o este otro desenlace, Alguien le cae encima a eme en su departamento, junto con decenas de hombres para aprehenderlo y llevarlo ante la justicia, pero antes eme se ha dado un balazo en la cabeza como último recurso para evitar ser atrapado; o bien este otro, Alguien no existe, eme no puede resistir su remordimiento de consciencia, toma un cuchillo y se corta las venas para morir desangrado.
En fin, recomiendo leer esta obra literaria, para recordar pero también para valorar el estilo de escritura de José Emilio Pacheco, comentar esta obra, el contenido y la forma, aprehender y aprender cuando compartimos nuestras impresiones al respecto.
La obra literaria siempre es buena y recomendable para recrear la memoria histórica y crear consciencia social, y finalmente en la cúspide de la consciencia social, crear organización social para transformar esa realidad social.
Todo es relativo, el pasar de la consciencia colectiva a la organización política puede ser a la par, o conseguirse en el corto plazo o en un plazo más bien largo, nadie lo sabe, pero siempre es bueno aportar en la transformación colectiva y que cada quien esté consciente de su papel histórico en este momento concreto.
Obra de teatro de Emilio Carballido escrita en 1983
Quién fue Chucho el Roto
En esta obra de teatro, que es muy amena y divertida, Carballido rescata una parte de la vida y las aventuras de uno de los bandidos más famosos que existieron en México durante la segunda mitad del siglo XIX, en pleno apogeo del largo periodo porfirista. Se trata de Jesús Arriaga, apodado Chucho el Roto, oriundo de Santa Ana Chiautempan Tlaxcala, nacido en 1858 y al parecer fallecido en 1894, con apenas 36 años de edad, de profesión carpintero, que se enamoró de Matilde de Frizac, mujer de abolengo francés y con la que tuvo una hija llamada Dolores. Por esa relación amorosa, que estaba prohibida por la familia de alcurnia francesa, le valió ser encarcelado injustamente, situación que definió su vida futura como un ladrón roba ladrones o un bandido roba riquillos para repartir lo robado entre la gente humilde.
Chucho el Roto fue un bandido para la pequeña élite porfirista y fue un héroe para la gente desamparada, para las masas condenadas a vivir en la miseria. El nombre de Chucho el Roto se volvió legendario y todavía hoy se le recuerda en varias obras literarias, en el cine y en el teatro, como es el caso que nos ocupa en este momento.
La esencia
En “tiempo de ladrones” Carballido pinta una esencia que es una realidad social en el que impera el clasismo y las masas son obligadas a vivir bajo ciertas leyes escritas para que una minoría rapaz domine a los débiles, normas que a los pobres los hacen ser más pobres, más débiles y desesperanzados; pinta pues una realidad objetiva, históricamente determinada y universalmente conocida, la de la explotación del hombre por el hombre, pero le agrega de su cosecha, de su subjetividad hecha arte, creando esta gran obra de teatro que atrapa, divierte y ofrece buen entretenimiento a un lector exigente de la cosa buena.
El contenido
En la obra de Carballido, Chucho el Roto, está consciente de la esencia de las relaciones sociales y le explica al Peludo, uno de sus compinches, en qué consiste esa esencia, le hace saber que quien genera la riqueza social material son los trabajadores y que los patrones, como dueños de los medios de producción, se quedan con la plusvalía, es decir, con aquella parte del trabajo generado por los trabajadores y no pagados a estos sino apropiado por los patrones, puestas las leyes a su contentillo. De tal suerte que eso le explica pero de una forma más amena, más sencilla, más simple sobre cómo vive el Peludo y su patrón; logra convencer al Peludo y a otros más como el Rorro, la Changa, al Marciano, formando de esa manera la pandilla que arrebatará —de las formas más inimaginables posibles—riqueza a los ricos, apenas una pizca, para repartirla entre los pobres.
El estilo
La lectura no es lineal, y eso puede provocar confusión en una primera lectura, pues de un apartado no se sigue el otro de manera cronológica, yo tuve que hacer una segunda lectura para mayor disfrute de la misma.
Sucede que en el primer acto se narra el final de los días del héroe-bandido en San Juan de Ulúa, muerto a golpes por una turba de soldados y luego tirado al mar para alimento de los tiburones, se continúa con la joven y bella Matilde acosada por lo que cree que son pensamientos pecaminosos propios y naturales de su aún corta edad, le sigue la charla en la que Chuco el Roto convence al Peludo de formar un grupo de ladrones para tratar de cambiar el mundo que es injusto para los pobres y benéfico solo para los ricos, para luego pasar a donde se narran distintos atracos a los ricos y la forma en que se reparten a los pobres.
La lectura puede causar confusión pero no es de difícil lectura, utiliza un lenguaje, claro, directo, con cierto y agradable erotismo. Una vez que uno le agarra el modo, se puede leer en un dos por tres.
De donde se cuentan algunas divertidas aventuras
Sin tratar de ser lineal tampoco, comento brevemente algunos pasajes a como los voy recordando.
Me gustó el pasaje donde Consuelo —una de las mujeres de Chucho el Roto, con quien había contraído nupcias—, acompañada de la señora Durón, zarpan el barco “la Esperanza” hacia Cuba para reunirse con una Mulata —que le hace al oficio de la brujería— con el fin de poder contactar a los espíritus del más allá y, estando en ello, se les aparece el espíritu del Rorro, que les narra la forma en que fue muerto en los fuertes de San Juan De Ulúa y cuenta la misma suerte que siguió su jefe Chucho el Roto, para desconsuelo de Consuelo.
O aquella otra aventura donde se burlan de la policía para escapar, aprovechando que Chucho el Roto supuestamente iba a arreglar algunas sillas de la comisaría que estaban en mal estado y terminan la jornada encerrando, a partir de triquiñuelas, a los policías y ellos aprovechan para escapar de su cautiverio, en una de las tantas veces que logró escaparse Chucho el Roto y los suyos.
O aquella otra aventura donde se da la traición del Marciano y como delator señala el cerro donde están las joyas que Chucho el Roto ha robado y que, planeando la policía una emboscada, terminan siendo emboscados por la pandilla de Chucho el Roto.
Estas y demás aventuras les esperan si se animan a leer y a disfrutar tiempo de Ladrones de Emilio Carballido.
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