Análisis de la novela “el hombre de los hongos” de Sergio Galindo
Lo interesante de los círculos de lectura sobre obras literarias es que, en su análisis, interpretación o simple opinión o comentario, se manifiestan en su máxima expresión nuestras subjetividades y eso es de lo más extraordinario; el punto de vista desde perspectivas diferentes que pueden estar en contradicción entre sí o complementarse dando pie a una variada interlocución entre los participantes que uno espera, nos sirva a todos para que, con sentido crítico, podamos proyectarnos en dichas obras en aras de transformarnos y transformar nuestra realidad de una manera objetiva. La obra en sí misma y el círculo de lectura no es determinante para ello, pero en algo puede contribuir para que eso suceda.
Una joya de la literatura se analiza desde diferentes perspectivas ofrecida, o por la propia obra en sí misma, o porque al lector en particular le interesa enfatizar un pasaje, hecho, suceso o personaje con el que sentimos cierta afinidad o gusto.
En dicho análisis vamos de lo simple a lo complejo y de lo complejo a lo simple consciente o inconscientemente en un intento de encontrarle cuadratura al círculo, de descubrirle sentido a una realidad que se nos presenta de una manera caótica en lo inmediato.
Entrando específicamente a la lectura de “el hombre de los hongos”, lo simple lo identifico con lo más abstracto cuando percibo la obra en general; lo simple son las relaciones de dominación amo-siervo y su relación dialéctica.
Arriba de la cúspide se encuentra Don Everardo que es reconocido por comportarse como si fuera dueño de su mujer Elvira, sus tres hijos (Emma, Sebastián y Lucila), la servidumbre y todo lo que se mueva dentro de sus tierras, pero este comportamiento de considerarse dueño de todo no aparece de manera burda sino con fino tacto como lo hace todo hombre de élite que se presume a sì mismo de culto. Nada se hace si no es con el aval de don Everardo, cuya peculiaridad es su gusto por la cacería y la buena gastronomía en general y su predilección por los hongos comestibles, que abundan, pero se mezclan con hongos venenosos en esos parajes en donde las lluvias se suceden durante todo el año.
Del otro lado del amo se encuentra el siervo, que en la obra es el hombre de los hongos, que viene a representar a la clase desposeída, los “nadies” diría Galeano. De los “nadies”, resalta el personaje de Gaspar, un “nadie” que, sin embargo, —desde el momento que don Evarardo lo considera de su propiedad cuando lo encuentra aun cuando niño y se lo regala a su hija menor Emma— trastoca y revoluciona la vida de la familia de don Everardo, apenas sin que éste tome consciencia de ello. En lo inmediato, el amo somete al siervo (Don Everardo a Gaspar al convertirlo en el hombre de los hongos), pero en el devenir, el amo termina sucumbiendo ante el siervo (Una comilona donde el amo termina envenenado producto de una tetra del siervo en una lucha desesperada por su supervivencia).
Hasta aquí lo simple, lo mas abstracto, lo más general de la novela, la clásica lucha de clases en un remoto sistema de dominación amo-siervo. Sergio Galindo escribe su novela y quizá sin estar consciente de ello, representa en esta novela esa lucha de clases. Galindo solo refleja la realidad y con un recurso en la técnica ficticia y a través de eventos mágicos, hace rodar los acontecimientos dentro de su obra bajo este contexto general.
Pero el hecho de descubrir o reconocer la lucha de clases en la obra apenas y se dice algo nuevo y eso implica que el concepto de la lucha de clases termina por ser un concepto vacío, dice todo, pero al mismo tiempo no dice nada al quedarse el análisis en la mera abstracción; abstracción que es lo más simple, lo más general y por lo tanto lo más indeterminado.
Entre que el amo domina al siervo en un inicio y el siervo termina dominando al amo, pasan cosas, muchos acontecimientos en el que las pasiones humanas se manifiestan y hacen pasar verdaderos infiernos o paraísos a los personajes según el caso y la perspectiva meramente subjetiva de los personajes y del lector mismo; pasan cosas muy concretas y específicas que implican una complejidad en sí misma que determina infinitas interpretaciones.
La verdadera riqueza está en lo concreto, que es real en el tiempo y en el espacio, y aquí sí hay que hacer esfuerzos ¿desesperados? para deshilvanar los entretejidos de las relaciones sociales y la conducta humana y hacer compatible lo simple con lo complejo, es decir, lo abstracto con lo concreto; toda apreciación subjetiva sirve para este propósito, la mera opinión o comentario es útil en el camino de comprender nuestro entorno y sobre todo a nosotros mismos.
El señor Everardo piensa de sí mismo que no es una persona desalmada, incluso se podría calificar así mismo de hombre generoso porque a nadie obligaba en un principio a ser el hombre de los hongos, sino que ofrecía una suma importante de dinero a aquellas personas que se ofrecieran a probar un bocado de setas para conocer su peligrosidad, ¿qué mayor libertad que eso? Tampoco le parecía un hombre cruel a su propia familia, incluyendo a la más sensible de ellas, a Emma, pues era normalizado el clasismo y racismo de una élite que ve siempre a sus subalternos como cosas, como nadies.
¿Qué persona se prestaría a probar unos hongos que podrías ser venenosos a cambio de una buena suma de dinero?, ¿a qué cantidad debe ascender el monto pagado para que un hombre decida poner en peligro su vida y decida ser el primero en probar las setas para corroborar si son saludables o venenosas?
En un primer momento se podría pensar “racionalmente” que mucho tiene que ver la probabilidad, si fuera muy común que el hombre de los hongos sobreviviera, entonces la tasa de sobrevivencia sería alta, muchos querrán aceptar el reto y ser el señor de los hongos, pero si lo común fuera que el hombre de los hongos no sobreviviera entonces el hombre de los hongos escaseará y será difícil encontrar a alguien que quiera poner en peligro su vida, aunque se le pague una buena cantidad de dinero. Hasta aquí este análisis es muy simplista porque no toma en cuenta ni el contexto, ni las necesidades de los hombres, ni la lucha de clases (ese concepto abstracto que habíamos dejado un poco más arriba medio vacío de contenido) ni una serie de circunstancias que en definitiva obligan a las personas a ser el señor de los hongos. Ese análisis simplista que pareciera racional, al hacer abstracción del contexto histórico se convierte en un análisis absolutamente irracional y sin embargo está muy en boga en los centros de enseñanza y se muestra como si fuera la última panacea.
El señor de los hongos siempre es una persona de la clase dominada, a partir de esa condición objetiva se circunscribe su libertad de probar o no probar los hongos para revelar su autenticidad no venenosa, ello implica que esté obligado por su condición económica y por ello está dispuesto a sacrificar su vida por un pago que beneficiará si no a él, si a los suyos, a sus familiares que son los que aprovecharían un sustancioso pago que recibirían de don Everardo, este venerable amo. ¿El hombre de los hongos goza de cabal libertad cuando su situación de oprimido lo obliga a aceptar poner en peligro su vida a cambio de un poco de bienestar para su familia?
El hecho de que don Everardo y su familia no cuestionen esa práctica cruel del señor de lo hongos y la tengan muy normalizada implica una concepción muy superficial de la vida, de la libertad y de otros valores de gran calado. Este hecho hace comprensible las demás relaciones humanas fatuas y superficiales que caracterizan a Elvira, Lucila y Sebastián que no viven mas allá de lo inmediato y se ponen los pies unos y otros enredándose entre sus aspiraciones individualistas y las de los demás. Elvira se comporta como toda mujer de alta alcurnia cuya preocupación no va más allá de su aparencial figura, mientras que Lucila y Sebastián tienen el comportamiento del típico junior que al ser hijos del amo se consideran con derechos rayados con el oportunismo de su nihilista vida.
Las únicas personas que al parecer trascienden en parte esa vida superficial son Emma y Gaspar al desarrollar una relación más humana dentro de los límites impuestos por su contexto. Emma muestra esa sensibilidad desde niña, al reconocer su actitud y comportamiento al no demandar el amor de sus padres a capa y espada, su sensibilidad también se muestra al alejarse del comportamiento tóxico y pueril de sus hermanos Lucila y Sebastián, y la relación que construye con Gaspar, lejos de la cosificación a la que debería estar obligada a desarrollar, que implicaba tratar a Gaspar, —el regalo de su padre— como muñeco; también se muestra su sensibilidad hacia los animales como lo demuestra en el caso de Toy el leopardo y finalmente esa sensibilidad que muestra al tener que actuar ante inconvenientes, cuando decide salvar a su amado Gaspar aunque ello implicara la vida de sus seres ¿queridos?
Finalmente, cada persona vive en un contexto determinado y ha creado y desarrollado valores que han implicado normalizar relaciones injustas y que, debido a esa normalización no las cuestionamos perpetuando de esa manera relaciones injustas bajo nuestra complacencia. Para evitar eso, es que es necesario un espíritu crítico que nos permita ser conscientes de injusticias que toleramos y buscar transformar esa realidad para construir un mundo más humano o menos injusto.
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