jueves, diciembre 04, 2014

Reseña Crítica: La Noción de Estado de Alessandro Passerin D´Entrèves

Introducción

El libro “La Noción de Estado” de Alessandro Passerin D´Entrevès, es, sin lugar a dudas, una completa y profunda síntesis sobre el Estado desde los griegos hasta la modernidad. De una escritura clara y concisa, el autor nos muestra la complejidad del concepto y el desarrollo del análisis histórico hasta entender el surgimiento del Estado Moderno.
Desde Platón y Aristóteles, pasando por autores como San Agustín, Maquiavelo, Rousseau entre otros clásicos dentro de la historia del pensamiento político, el autor se inmiscuye en las profundidades de la filosofía política para darnos un panorama del Estado que nos permite acercarnos a su complejidad de un periodo a otro.
Antes que nada el autor nos advierte que el uso de la palabra Estado se empezó a popularizar a comienzos de la modernidad, endilgando a Maquiavelo como el autor que popularizó el concepto de lo que antes se conocía con neologismos como polis para los griegos, res publica para los romanos, civitas o regnum durante la edad media. Claro, no sin antes advertir las diferencias conceptuales debido a la época en que se utilizaron.
Tomando en cuenta lo anterior, y con dos mil años de evolución de ese concepto político, analiza el Estado a través de tres nociones: el Estado como fuerza, pura fuerza, es decir, el cuerpo político que tiene el monopolio del poder para hacer valer su existencia a la sociedad; el Estado como poder, en el que la fuerza debe ir acompañada con el derecho o la legalidad, no es la pura fuerza, sino fuerza respaldada por las leyes, lo que comúnmente se conoce como Estado de Derecho; la tercera noción que abarca es el Estado como autoridad, en el entendido que no todo es coerción, sino también aceptación y consentimiento para imponer el orden que lleve justicia, de esta manera Estado y justicia aparecen fuertemente ligados. En la modernidad ese Estado justo será acompañado por nuevos elementos de aceptación como los conceptos de nación y patria; surgiendo el concepto de Estado Nación y el amor a la patria.

El Estado como fuerza

En este punto Passerin plantea un primer acercamiento acerca de la noción del Estado, la pura fuerza, entendiéndose esta no sólo la fuerza física sino la que proviene de la habilidad y sabiduría del que manda, hecho fáctico que es más fácil de percibir dentro de una determinada comunidad. El Estado no es nada si no sabe imponerse y sólo se puede imponer si tiene la fuerza para ello.
¿Es la fuerza el elemento sustancial del Estado o es solo la aplicación de su ejercicio? Para Passerin, la noción del Estado como fuerza está presente en todas las épocas, desde los griegos hasta el siglo XX; de ese modo desde el argumento de Platón -por boca de Trasímaco para el que “la justicia no es más que un nombre para designar en la ciudad lo que conviene al que manda”- hasta la actualidad se han desarrollado distintas teorías políticas que ponen énfasis en la capacidad del Estado para imponer por la fuerza.
De esa manera Passerin rescata la visión de algunos pensadores clásicos como Lutero para quien los príncipes son el azote o los verdugos de Dios y son necesarios para domeñar a los malvados y conseguir que reinen el orden y la paz por medio del terror, para De Maistre, el Estado aparece como  la suprema encarnación de la fuerza. Passerin señala que ya a en los inicios de la modernidad Maquiavelo planteaba que el problema central de la política es un problema de fuerza y mientras un Estado carezca de esta está condenado a la ruina.
Para Maquiavelo la fuerza es un elemento clave para la supervivencia de cualquier Estado y en su libro el Príncipe, recomienda al hombre de Estado aprender a no ser bueno, a hacer uso de la maldad de ser necesario, parte de una concepción negativa del ser humano. Para Maquiavelo, asegura Passerin, los hombres son malvados y perversos, poseídos por una sed inextinguible de dominio, por lo que para gobernar se debe partir del hecho de que todos los hombres son criminales en potencia y que querrán conquistar el poder en la menor oportunidad (Passerin, 66 y 67).
Una teoría que presenta a la sociedad como relaciones de fuerza es la denominada teoría de las clases sociales planteada por el marxismo para el cual las relaciones de producción son relaciones de lucha entre dos clases antagónicas, por un lado están los que poseen medios de producción y por el otro los que no poseen medios de producción. Según el marxismo, la historia de las sociedades es la historia de la lucha de clases en donde la clase dominante subordina y somete a las clases dominadas a través del Estado; de esa manera el Estado es todo un aparato político al servicio de la clase dominante para asegurar la explotación sobre la o las clases dominadas. El Estado como fuerza es elemental para que una minoría poseedora de los medios de producción subordine y explote a las demás clases desposeídas de esos medios de producción.
Otra teoría que pone énfasis en la noción del Estado como fuerza es la teoría de las élites. Esta teoría, contrario al marxismo, es una teoría conservadora donde los que gobiernan son las élites de una determinada comunidad. Sus principales autores son Gaetano Mosca y Wilfrido Pareto, el primero parte de dividir a la sociedad entre gobernantes y gobernados, los primeros poco numerosos son mantenidos por los segundos a través de la fuerza, hecho tan evidente para cualquier observador; el segundo plantea que la historia del Estado es una historia de circularidad de élites, una clase poco numerosa (la aristocracia) se mantiene por la fuerza y domina a la mayoría; para Pareto la historia de la humanidad es un cementerio de aristocracias pues éstas no duran, unas desaparecen para aparecer otras que la sustituyen. Alessandro Passerín plantea que la diferencia de Mosca y Pareto con Marx es que mientras para los primeros, la historia siempre ha sido así, una minoría gobernando una mayoría, el marxismo tiene un elemento superador que es la sociedad sin clases.
Ya en pleno siglo XX, la Ciencia Política, a través del estudio empírico trata de demostrar que el aparato político es acaparado por grupos de presión que tratan de incidir en la gobernanza para su propio beneficio. La moderna Ciencia Política separa el estudio político del problema del Estado y como le interesan las relaciones de fuerza en un determinado contexto social,  se desinteresa del Estado y amplía su análisis a otras relaciones de fuerza. Para Bentley, precursor de la Ciencia Política el gobierno es un proceso, una cosa que se hace de acuerdo a determinados intereses que determinan el obrar de los hombres vinculándolos entre sí a través de una gran variedad de relaciones denominados grupos de interés que utilizan la fuerza o la presión para imponer sus intereses. La existencia de grupos de presión conllevará al surgimiento del pluralismo político, reduciendo toda realidad política a la dinámica de grupos en lucha.
Finalmente, la noción de Estado como fuerza no es la negación de las otras dos nociones de Estado (como poder y autoridad), sino que en última instancia la fuerza impera sobre el derecho y sobre la autoridad. Passerín denomina como realismo político a todo intento de reducir el problema de Estado como un mero problema de fuerza, producto de una concepción negativa del ser humano. Pareciera que para Passerin todas las teorías antes analizadas son reduccionistas, sin embargo al meter todas esas teorías en un solo costal es pecar de lo que el mismo critica: vulgar reduccionismo. De todas las teorías antes analizadas, solo el marxismo no tiene una concepción negativa del ser humano, en efecto para Marx, el hombre es producto de las condiciones materiales en las que se desarrolla su existencia y no parte de una concepción natural del ser humano, sino de una concepción histórica en la que los hombres se encuentran al nacer. Son las condiciones materiales los que le dan al hombre una concepción del mundo determinada y que les permiten actuar de una forma determinada. Por otro lado desde el análisis de la así llamada Ciencia Política, que buscó hacer análisis de la simple observación, trató de hacer a un lado valores para investigar desde los datos, el papel del sistema político y los grupos de presión que sobre ese sistema pesan. Sin embargo, para avanzar continuemos con la obra de Passerin

El Estado como poder

Una vez analizado el Estado desde el “realismo político”, Passerin se dirige a plantear la noción del Estado como poder, entendiéndose éste no como la pura fuerza o la fuerza por sí misma como elemento sustancial del Estado sino fuerza que se apoya en la legalidad, la fuerza apoyada en una relación jurídica, de derecho. La noción del Estado como poder o como fuerza basada en el derecho no es nuevo y data de los griegos, pero fundamentalmente de los romanos.
En esta parte el autor se plantea analizar cómo una noción del Estado no se puede concebir sin el derecho, entendiéndose ésta como normas o constituciones sobre el que el Estado debe actuar. El autor encuentra dos relaciones entre Estado y Derecho, los que lo consideran como uno y la misma cosa y los que consideran al derecho como precursor del Estado. El autor señala la enorme influencia de la civilización romana en el surgimiento del Estado Moderno y enfatiza la carencia de una teoría de la norma jurídica en el caso griego.
Es interesante señalar la contraposición existente en los griegos entre lo que es un gobierno de hombres y un gobierno de leyes. Para Platón el ideal sería un gobierno de hombres sabios, mientras que Aristóteles, discrepando de Platón señala por el contrario que un gobierno de leyes es superior a cualquier gobierno de hombres por la simple razón de que mientras que la ley es inteligencia sin pasiones, el hombre es gobernado por la codicia y es fácil es de corromper. Para Passerin los griegos no conciben al Derecho un atributo esencial del Estado sino como un instrumento para el desarrollo de la actividad del mismo.
Sin embargo, para los romanos, señala Passerín, el Estado no es concebible fuera del derecho y el derecho no es concebible sin la justicia, por lo tanto una ley injusta no es ley y al no serlo no puede dar sustento al Estado, de ahí que para los romanos el Estado y el Derecho están indisolublemente unidos. Para los romanos el Estado emana de la ley y la ley emana del pueblo jurídicamente organizado, por tanto señala el autor, la ley es en esencia la emanación de la voluntad colectiva del pueblo.
Se señala por lo tanto, una vinculación entre la ley y el Estado que da origen al poder. El poder es atributo del Estado en tanto que es un Estado de Derecho, fuera de la cual es pura fuerza y por tanto no es Estado.
El autor señala que esta concepción de unidad entre Estado y derecho creado por los romanos es deformada en el medioevo a través de la separación entre Estado y derecho, si bien en la edad media, el Estado debe ser un Estado de derecho, el derecho precede al Estado. En el medioevo, mientras el Estado es una creación humana, el derecho puede existir sin el Estado. Por lo tanto se pueden identificar dos tipos de derecho: el que emana del Estado y el precede al Estado, este último es el denominado derecho natural que es diferente y superior a los demás y que más adelante nos llevará al término del derecho positivo.
De la noción del Estado como poder o de la relación entre Estado y derecho surgirá un nuevo concepto y elemento sustancial en la época moderna que será el de soberanía. No basta con que el derecho cree al Estado o que este sean creaciones humanas mutuas, sino que el Estado debe prevalecer y ser aceptado por los de adentro y por los de afuera de la comunidad, es decir, debe ser reconocido como Soberano. La soberanía por lo tanto será parte esencial del Estado Moderno y nos llevará a dos instituciones muy importantes: la representación y la división de poderes, la primera de origen medieval mientras que la segunda más propia de la modernidad.
Con el concepto de la soberanía y la complejidad en el aparado del Estado con instituciones como la representación y la división de poderes se va ungiendo el Estado como lo conocemos actualmente. De esa manera el Estado está dotado de poder  que administra, promulga leyes, juzga e impone tributos por razón de un conjunto de normas  que son de derecho público.
De esta manera llegamos a que el Estado Moderno es un ordenamiento jurídico. Para el autor, el problema del nacimiento el Estado Moderno no es otro que el del nacimiento y afirmación del concepto de soberanía desde las relaciones desde dentro de una comunidad dada y las relaciones de poder entre diversas comunidades en el plano internacional. En términos de la soberanía, los gobernantes tienden a reclamar todo el poder. La soberanía es unidad, indivisibilidad, perpetua y absoluta.
Por otra parte, señala el autor, para Hobbes la soberanía no es solo un atributo del Estado sino el alma misma del Estado, un alma artificial como el Estado mismo, resultado de la autorización y de la renuncia al derecho a gobernarse así mismo. Para Hobbes, la soberanía está estrechamente vinculada con la fuerza pero no se confunde con ella, sin embargo, el reinado de la ley es precario sin la fuerza. Los pactos, sin la espada son meras palabras.
Ahora bien, se pregunta el autor, ¿es posible controlar el poder sin contradecir la lógica misma de la soberanía? En este sentido se trata de determinar si el poder puede ser ordenado de tal forma que garantice  la seguridad que Hobbes considera como la mínima condición para la existencia del Estado. De lo que se trata pues es de controlar el poder sin destruir la soberanía y la salida fue la moderna teoría de la división de poderes que ya los clásicos definen como la constitución mixta.

El Estado como autoridad

Habiendo desarrollado al Estado como fuerza y como poder, es menester llegar a la conclusión que no basta que el estado ejerza la fuerza y de que esa fuerza tenga respaldo legal, hace falta que el Estado sea reconocido como autoridad por los subalternos a través de una serie de valores que fortalezcan la relación entre mando y obediencia. Palabras como orden, justicia, patria permitirá transportar al plano valorativo la noción de poder como fuerza legal.
Para el autor la palabra “orden” está cargada de significados emocionales de la que carece la palabra “legalidad”. El orden encarna la normalidad, la paz y la seguridad y se impone  por la misma evidencia de la razón y no por la fuerza. El orden es un bien deseable, es positivo y por lo tanto necesario y es lo que distingue al hombre de la bestia.
Ahora bien el orden basado en la legalidad, se pregunta el autor, hasta qué punto puede llamarse “legítimo” y “justo”. En otras palabras es el Estado un “orden justo”, es decir, es la encarnación de la justicia o es un medio para llegar a ella. Cualquiera que sea la respuesta lo que se plantea es la relación del  Estado con la Justicia.
Con respecto a otro concepto valorativo, la nación, aunque su definición arrastre consigo un carácter plurisignificativo se le suele relacionar como un sentimiento  y este como un poderoso incentivo para perseguir una serie de fines. La nación significa un sentimiento  de singularidad de cada pueblo, el respeto por sus propias tradiciones, la custodia celosa de las particularidades de cada Estado que aparece en Europa en el movimiento cultural denominado Romanticismo. Para el autor  el término de nación marca el advenimiento de un nueva consciencia política y al mismo tiempo de una nueva pasión, la pasión nacional similar a la pasión religiosa de los pueblos del medioevo y que la unidad nacional se convierte en un ideal  que debe perseguirse y alimentarse dando origen a lo que se conoce como Estado nación como el único Estado bueno.
Por otra parte el concepto de patria para Passarin es un concepto mediador entre Estado y Nación  y de él procede ese halo sentimental y emocional que circunda a los Estados modernos que puede adoptar la forma de una aspiración hacia la unidad y la independencia o sobre la orgullosa afirmación de la libertad.
Los conceptos de orden, justicia y patria se utilizan para justificar o legitimar al Estado. Otro elemento necesario para justificar la legalidad es sobre el ejercicio del poder que implica que unos hombres que detentan el poder dictan mandatos a otros hombres y estos hombres tienden a obedecer dichos mandatos, para ello se plantea como pregunta, ¿Cuál es la fuente del poder? El autor señala que es el principio del carácter sagrado de la autoridad y del deber  de obediencia que ha sobrevivido del derecho divino de la edad media, pero que dicho reconocimiento exige la apelación a un principio superior que la legitime: la fuerza y el consentimiento. En cuanto al consentimiento éste se da por la aceptación de un poder establecido y del reconocimiento de las desigualdades inherentes a las relaciones sociales y políticas. En cuanto a la libertad, para que el Estado pueda proporcionarla, habría que distinguir entre libertad negativa y positiva.
Por libertad negativa se entiende la remoción de los obstáculos que se opongan al desarrollo individual y el aseguramiento de una esfera de independencia  que haga posible tal desarrollo, por lo tanto leyes buenas son aquellas que resulten indispensables para asegurar la pacífica coexistencia de los hombres. Por libertad positiva es la libertad de incidir en cómo y por quién debe ser ejercido el poder.
Finalmente el autor concluye como el elemento que da legitimidad al Estado, la determinación del bien común que ha sido uno de los temas más controvertido a lo largo de la historia y que sin lugar a dudas determina el éxito o el fracaso de los Estados Modernos.

Conclusiones

Finalmente hemos llegado al final de este ensayo sobre el análisis del libro “la noción de Estado” y con ella una cosa queda clara: el Estado es producto de un largo producto histórico que se fue haciendo complejo conforme se hacían complejas las relaciones sociales y políticas. El Estado no es producto natural, es una construcción humana que surgió en una situación histórica determinada y que se fue haciendo compleja conforme las sociedades evolucionaban. Para una teorías, el Estado no es sino producto de las relaciones sociales basadas en la necesidad de vivir en colectivo por parte de los hombres, para otras teorías, es Estado es producto para mantener el dominio de una minoría sobre una mayoría dentro de las comunidades.
La discusión sobre el Estado ha perdurado durante siglos y aun hoy se sigue perfeccionando pero lo que es un hecho es que se pueden identificar tres nociones: el Estado como fuerza, el Estado como poder y el Estado como autoridad, en términos generales las tres nociones están fuertemente vinculadas y relacionadas entre sí en el sentido de que las nociones del Estado como poder no niegan la fuerza del Estado, sino que esa fuerza está legalizada y esa legalización a la vez es consentida por el carácter  de autoridad que tiene al consentimiento del Estado como una necesidad de las sociedades civilizadas.
Sin lugar a dudas, el tema del Estado ha generado una secular discusión en aras de encontrar la esencia del Estado Moderno y el autor, con profundidad y conocimiento profundo ha logrado sintetizar las nociones actuales e históricas del Estado para aclarar la discusión que sobre el mismo se tiene en la actualidad.
El intento del autor consistió en sintetizar el complejo pensamiento que sobre el Estado han pensado grandes mentes, el intento es interesante, pero no por eso deja de ser incuestionable, ciertamente el derecho y la autoridad producen en la concepción del Estado un elemento imparcial, un arbitraje entre la convivencia de los hombres y sus encontrados intereses. Se escucha hablar sobre los medios de comunicación de masas del Estado de derecho y de la autoridad del Estado para con todos sus ciudadanos, pero todas, absolutamente todas las decisiones están basados en cotos de poder, en una interpretación a modo de las leyes y en amor a la patria para defender oscuros intereses económicos. A un sin negar la complejidad del Estado, termina de imperar la fuerza del Estado, violentando el marco legal y aprovechando los medios de comunicación como controlador y adormecedor de las masas. Antes como hoy, el Estado, pese al derecho y al consentimiento de los hombres, se impone por la fuerza, utiliza la fuerza como el principal instrumento de mantener el estado de cosas que benefician a unos cuantos. El conocimiento de ese hecho sustancial ha promovido dos tipos de acciones, conocer la fuerza del Estado como un intento de la clase dominante de perpetuarse en el poder o conocerlo para transformar las condiciones imperantes de dominación y explotación de una minoría sobre los intereses de toda una comunidad.

Bibliografía
Passerin, D., & Alessandro. (2001). La Noción del Estado. Barcelona: Ariel S. A. .


Reseña crítica: “La Muerte de la Ciencia Política” de Cesar Cansino

Introducción

El libro “La muerte de la Ciencia Política” de Cesar Cansino, que salió a luz en México en el 2010, representa una fuerte crítica al desarrollo y evolución que la Ciencia Política tuvo desde su surgimiento en el siglo pasado. La obra está dividida en dos partes, en la primera realiza una crítica de cómo ha evolucionado la Ciencia Política y en la segunda trata de construir una propuesta de cómo debe entenderse para revivirla. A mi entender el autor no la declara muerta para siempre, sino que cabe la posibilidad de que, como el ave fénix, resurja de entre sus cenizas.
Para decretar la muerte de la Ciencia Política, el autor hace una revisión de la evolución de  la teoría de la democracia desde distintas perspectivas que han dominado los debates en los últimos 70 años.
La Ciencia Política es por naturaleza empirista, así fue creada por Sartori para distinguirla de la Filosofía Política, sin embargo, en su afán de demostrar empíricamente sus hipótesis, se fue perdiendo en la construcción de modelos cada vez más sofisticados, que implicaban una práctica reduccionista terminando por dar resultados insustanciales, pobres de contenido e inservibles para su aplicación, lo que llevó a su creador Sartori a darle pronta sepultura.
En el mismo tenor que Sartori, Cansino escribe este libro para demostrar como los propios politólogos contribuyeron a matar a la Ciencia Política y sugiere un desandar para corregir el camino.
Su libro empieza analizando fenómenos políticos y sociales de enorme impacto social, la caída del muro de Berlín, el fenómeno del terrorismo internacional, la redefinición de nuevos bloques económicos y el fenómeno de la globalización e integración. La pregunta que se hace es cómo estos fenómenos son estudiados desde la Ciencia Política y cómo éstos mismos fenómenos van a impactar el desenlace de su muerte prematura.
Lo que le recrimina a los teóricos de la Ciencia Política es que no supieron predecir todos estos fenómenos en su tiempo, -pues estaban mirando a otros lados analizando temas pueriles- y cuando los tenían en puerta no supieron dimensionar la trascendencia histórica de tales fenómenos. Lo más que pudieron alcanzar a construir en una teoría sobre la calidad de la democracia, que por sí misma es intrascendente e insuficiente para medir los cambios que se están suscitando hoy en día.
En esta reseña crítica intentaré reconstruir algunos temas trascendentales y en la concusión señalaré algunas críticas constructivas.

Análisis Shumpeteriano de la democracia

Cesar Cansino se pregunta qué fue lo que llevó a la Ciencia Política a tal nivel de degradación en cuanto a resultados de sus investigaciones, para contestarse trata de realizar un bosquejo histórico a través de la teoría política para  tratar de ubicar el punto exacto donde estas ciencias se desviaron y perdieron su objeto de estudio. Siempre tomando como punto central el tema de la democracia.
En ese sentido hace un análisis retrospectivo desde Weber a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, afirma que este importante sociólogo contribuyó a entender la democracia como un asunto de elección de líderes carismáticos en las democracias modernas, relegando de esa manera a un papel secundario al ciudadano, a la sociedad civil. Pero Weber, reconoce Cansino, no reduce todo a un problema de elecciones y de mercado aunque sí lo haya analizado. Cansino no denosta a Weber, lo reconoce como un autor fundamental en la historia, lo que ubica es su teoría elitista de la política, misma que será retomada por Schumpeter.
Es Schumpeter, para Cansino, un autor con una concepción elitista de la democracia, todo lo reduce a la competencia por el caudillaje político y su relación con la masa. El papel de las masas se reduce a elegir a sus representantes en un mercado político, esos representantes tomarán las decisiones que afectarán a todos. Es con este autor que Cansino ve un parteaguas en la concepción de la democracia como hasta ese momento se concebía.
Hasta antes de Schumpeter dominaba la idea de que la democracia tenía como base una serie de valores que rescataban la dignidad del hombre al ser actuante y partícipe activo de lo político y social. El concepto minimalista de la democracia de Schumpeter hizo a un lado esa serie de valores ubicando a la democracia como sinónimo de elecciones. Este concepto schumpeteriano de la democracia será desarrollado más tarde por autores como Dahl, Sartori, Gabriel Almond, Lipset, Sydney Verba, hasta ser colonizada por lo peor de la ciencia económica: la teoría utilitarista y la teoría racional que impera en los análisis de la mayoría de los economistas. El análisis económico de la democracia lo ubica en autores como Anthony Downs, James M. Buchanan, Gordon Tullock, Walter Riker, Peter Ordeshook y Mancur Olson (Cansino, 64).
A partir de Schumpeter, Cansino ubica el surgimiento de dos vertientes, la elección racional y la teoría pluralista de la democracia que para Cansino no es más que una teoría elitista de la democracia desarrollada en gran parte por Robert Dalh en su libro de “La Poliarquía”. En cualquiera de estas dos vertientes se puede observar el reduccionismo y la simplificación de los análisis políticos de poca sustancia que causó una serie de saberes inútiles por su escasa o nula relevancia social.

Análisis sistémico de la democracia

Una vertiente paralela a Schumpeter analizada por Cansino fue la teoría de los sistemas. Mientras que el análisis de Schumpeter surgió en la década de los cuarenta con la publicación del libro “socialismo, capitalismo y democracia”, la teoría de los sistemas surge en la década de los cincuenta con la publicación del libro “el sistema político” de David Easton y el libro “el sistema social” de Talcott Parson; pero el que vino a culminar el análisis de los sistemas sería Niklas Luhmann. Este autor, plantea Cansino, busca crear una teoría social que explique la complejidad de las sociedades modernas, para ello se vale de tres grandes teorías, la teoría de sistemas, la teoría de la comunicación y la teoría de la evolución, las cuales van acompañadas por la teoría funcionalista (Cansino, 85).
De esta manera, Luhmann analiza la realidad política social como una serie de sistemas que van de lo simple a lo complejo. Para Luhmann, todo está dominado por sistemas y estos son autorreferenciales y autopoiéticos, es decir que tienen la capacidad de retroalimentarse y sobrevivir sin necesidad de otro sistema y también la capacidad de comunicarse entre sí. Desde este punto de vista, la democracia se vuelve una técnica de socialización anti humanista, los sistemas funcionan, se autoconstruyen y se comunican y nada puede hacer al respecto el ciudadano común o la sociedad civil.
Para Cansino, esa teoría anti humanista provocó fuertes reacciones entre las cuales la más importante sería la de Habermas quién reconociendo la obra de Luhmann, le recrimina el papel al que queda relegada la sociedad civil, como respuesta a los sistemas, él agrega los mundos de vida como ámbitos de reconocimiento y de construcción de la cultura, como un espacio de socialización fuera del dominio de los sistemas.
Cansino reconoce la trascendencia de la obra de Luhmann pero le cuestiona ese aspecto donde la sociedad no puede hacer nada para cambiar la realidad social por eso rescata buena parte de la respuesta de Habermas que le parece complementa la teoría de sistemas.
Desde mi punto de vista estas dos partes descritas son la base para entender por qué Cansino declara la muerte de la Ciencia Política. Demuestra que tanto la teoría shumpeteriana -que llevó a un análisis económico de la democracia y al análisis del pluralismo democrático- como la teoría de sistemas no reconocen el papel preponderante de la sociedad, pues esta se encuentra subyugada por el aparato político que a la vez es manejado por las élites.

Teoría de la calidad de la democracia

En adelante una vez analizado las dos vertientes empíricas hacia donde se dirigió la ciencia política, esta es rematada en la actualidad cuando surge la teoría de la calidad de la democracia. Con la caída del muro de Berlín y del socialismo en la mayor parte del mundo, los politólogos, de manera por demás ciega, decretaban el triunfo de la democracia y el reto sería el cómo medirla. La preocupación era crear unos indicadores que midieran ya no la democracia, -que se creía había ganado la batalla contra el socialismo- sino la calidad de esa democracia.
Surgieron obras importantes como la de Huntington denominada “tercera ola de las democratizaciones”, Francis Fucuyama y su fin de la historia y otra serie de obras que reflejaban el ánimo subjetivo de la época. Surgieron o se fortalecieron teorías como el neo pluralismo, el estructuralismo, el conductismo, institucionalistas y neo institucionalistas, pos moderno, desarrollistas que desde distinto ángulo buscaban aportar elementos para la construcción del nuevo mundo.
La calidad de la democracia -que es una teoría que surge en la década del os noventa y que ha sido moda hasta en la actualidad- según Cansino, no dice nada sustancioso y sólo lleva a saberes pueriles, no aporta nada para entender la complejidad de los momentos actuales.

Concepción simbólica de la democracia: la propuesta.

Para Cansino la propuesta es girar la mirada a la sociedad civil, que está viva y que se moviliza; es crear un espacio de participación en la que los individuos interactúen y desde el cual puedan crear presión hacia arriba, hacia el poder. No se trata de conquistar espacios públicos de manera física, sino simbólicamente, ese espacio público de discusión y debate que no es propiedad privada de nadie sino que es más bien de todos. Ese espacio público que no puede ser privatizado, en la cual la ciudadanía se exprese sobre temas diversos de la vida pública.
Para Cansino, la dimensión simbólica de la democracia implica hacer ciudadanía. Para él, la ciudadanía jugó un papel importante en la caída del muro de Berlín y ha jugado un papel importante en los acontecimientos de orden internacional que han cambiado nuestro mundo.
El rescate de la sociedad civil es crucial para Cansino ante la crisis de gobernabilidad de los pueblos, provocado por una crisis de representatividad de los partidos políticos y de las instituciones gubernamentales. Voltear hacia la sociedad civil implica redimensionar al estado a raíz de nuevos actores y movimientos sociales.
Cansino señala que si bien hay que abrir espacios para que se exprese la sociedad civil, no debemos endiosarla  puesto que ésta incluye formas de orden social no satisfactorias. El no endiosarla implica concebir a la democracia como total indeterminación en el sentido de que se pueden suscitar cambios positivos pero también negativos. Fue la democracia lo que llevó a Hitler al poder, pero también puede la democracia crear más y mejor democracia, en eso consiste su indeterminación.
Lo que se necesita revitalizar, continúa Cansino, es una sociedad civil independiente, no se trata de negar al Estado, sino de sobre dimensionarlo, ampliarlo a la sociedad civil, las relaciones entre Estado y sociedad civil  no deben ser discrecionales, sino que deben estar sujetas a normas e instituciones sometidas al público.
Entre los autores que han seguido esta línea se encuentra Hannah Arendt, Cornelius Castoriadis, Claude Lefort, Helmut Dubiel y Agapito Maestre y se ha venido desarrollando desde 1958, a los cuales se une Cesar Cansino, que encuentra en ellos una vuelta a la sociedad civil, una desestatización de la política, la consideración de la sociedad civil como el espacio público por excelencia donde se desarrolla el proceso democrático que concibe  el poder político  como un espacio materialmente de nadie y potencialmente de todos. (Cansino, 184).
Con respecto al rescate de la Ciencia Política propone un regreso a la lectura e interpretación de los clásicos, que ayuden a entender y retroalimentar el debate sobre el mundo actual, tal como lo hicieron Hannah Arendt y Carl Schmitt. Mientras que la primera estudió a los clásicos desde los griegos hasta Marx para constituirse como una demócrata, el segundo lo hizo desde la mirada de Hobbes para constituirse en un ideólogo fascista.
Se requiere también no solo de la multidisciplinariedad de las ciencias, también se requiere la interdisciplinariedad y por sobre todas las cosas de la transdisciplinariedad, esto último en el sentido de que se requiere que las ciencias políticas convivan con otros saberes como el arte, la literatura, la experiencia común, la intuición y la imaginación social (cansino, 280).

Conclusiones

Sin lugar a dudas el libro es interesante, no sólo por el tema de investigación sino por la forma de abordarlo, a partir de una perspectiva histórica y de la teoría política. Estoy de acuerdo en que en la actualidad, las ciencias sociales en general y las ciencias políticas en particular si no muertas, se encuentran en grave crisis debido al extremo reduccionista en su afán de especializarse y en su afán de simplificar lo que es complejo (la realidad) y complejizar lo que debe ser simple (métodos cuantitativos y estadísticos).
Actualmente, en las instituciones educativas, realizar una investigación requiere del dominio del método científico cuantitativo o cualitativo, el manejo de base de datos o de una entrevista, la creación de modelos cada vez más complejos en su elaboración y simple en sus resultados. Sin embargo esto no es novedad como queda constatado en este libro, es algo que domina desde por lo menos la segunda mitad del siglo pasado. Sin embargo muchas preguntas queda en el aire, aunque el autor hace un análisis histórico para encontrar el punto donde las ciencias políticas de desviaron, no queda claro en el libro porqué tomaron ese rumbo y no otro, o mejor dicho, porque dominó esa expectativa y no otra.
La colonización de la ciencia política por lo peor de la teoría económica, o la dominación de una teoría de élites bajo el cobijo del denominado pluralismo democrático terminaron por imponerse. ¿Qué tenían esas teorías que dominaron las investigaciones de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días? El libro encuentra el punto en el que se desviaron pero no la causa de porqué se desvió hacia ese sentido y no hacia otro.
La respuesta parece ser simple, la Ciencia Política se desvió, le dio la espalda a la sociedad para mantener el statu quo, y a los que convenía que no cambiara el orden de las cosas eran a las élites, tal y como sucede ahora. La propuesta que hace Cansino, si bien la desarrolla, no es nueva, en el tiempo viene desde que la economía y los estudios empíricos se adueñaron de la Ciencia Política, desde que se institucionalizó esa Ciencia Política en las universidades de Estados Unidos y el mundo.
En lo que queda de los programas de las Ciencias Políticas en la actualidad, sigue predominando esa ciencia reduccionista y con un mayor grado de modelización y exageración del uso de las matemáticas, siguen planteando cosas insustanciales y sigue alimentando la academia, el papel de la sociedad civil, su movilización no es nuevo, por lo menos es retomado desde la época de Hegel y siempre ha quedado relegada por las élites.
Lo que se plantea en la actualidad en efecto, como lo plantea el libro es el debate de la calidad de la democracia a través de una concepción schumpeteriana, mínima de la democracia, la ahora denominada democracia procedimental. Pero no ha cambiado el sistema político y el autoritarismo inherente. La sociedad siempre ha encontrado canales de comunicación, antes los panfletos, la imprenta, hoy el internet y medios alternativos y cuando daña el estado de cosas, entonces se le recrimina como antes, esto es lo que está pasando en México actualmente que, pese a la discusión institucional de calidad de la democracia, democracia directa, democracia sustancial, democracia deliberativa, etc., sigue prevaleciendo el interés de las élites políticas y económicas.
La Ciencia Política se han desviado de la ciencia y ofrecen saberes insustanciales que sirven para mejorar un sistema político autoritario, poniendo trabas a la expresión ciudadana aun cuando hay nuevos mecanismos de comunicación, como controles al acceso de las redes sociales como ya se escucha hablar a algunas autoridades en México. Sin embargo, el debate propuesto por Cesar Cansino es interesante y de una enorme actualidad.
Finalmente, termino esta reseña crítica no sin antes saber que he dejado de lado temas importantes tocados por el autor como el papel de la Ciencia Política en América Latina y sus principales representantes tanto de derecha como de izquierda.

Bibliografía


Cansino, Cesar. (2010). “La Muerte de la Ciencia Política”. México. Editorial Debate

martes, diciembre 02, 2014

Reseña crítica: El capital en el siglo XXI de Thomas Piketty

Del autor

Esta reseña crítica parte de una primera lectura del libro que ha causado revuelo y tenido un impacto internacional desde su publicación en francés en septiembre de 2013. El tema de interés plasmado en el libro es el estudio de la desigualdad en el sistema capitalista a partir de la –nada fácil- reconstrucción de una base de datos agregados, con una temporalidad de tres siglos respecto a Francia y Reino Unido y de una temporalidad menor para países como Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Australia,  y otros países hoy considerados ricos y/o emergentes.
Como economista, lo puedo catalogar como un autor que se ubica en medio de dos corrientes totalmente opuestas, el marxismo y la corriente neoclásica; una para él demasiada dogmática (Piketty; 448) y otra pérdida por “su pasión infantil por las matemáticas y las especulaciones  puramente teóricas” (Piketty; 47). Es partidario de utilizar el concepto de “economía política” y no de “ciencia económica” en el sentido de lo que se le quiere dar a entender en los momentos actuales. La noción de economía política es el reconocimiento de que pertenece a un cuerpo de conocimientos más amplio dentro de las ciencias sociales y por lo tanto va más relacionada con otras ciencias  como la antropología, la sociología, la historia, la política etc., mientras que para la “ciencia económica” la economía está más divorciada de las otras ciencias sociales y constantemente se pierde por “el uso inmoderado de modelos que a menudo no es más que una excusa para ocupar terreno y disimular la vacuidad de contenido” (Piketty; 448). En general y por las conclusiones de su estudio respecto a la vuelta del estado, lo puedo ubicar como partidario de la escuela keynesiana.
A los clásicos, les reprocha y a la vez les comprende el que no utilizan instrumentación teórica para demostrar sus aseveraciones muchas de ellas cargadas de prejuicios. Se declara partidario del método empírico de Kuznets (autor del siglo XX) al que le reconoce ser uno de los pioneros en el uso de una base de datos para demostrar sus argumentaciones.
Piketty se propuso crear una obra monumental que explicara la dinámica del capitalismo desde la revolución industrial hasta nuestros días, por lo que es un analista del largo plazo con el afán de entender el problema de la desigualdad no por la desigualdad misma, sino porque la considera como un elemento promotor de un régimen político oligárquico y una seria amenaza a los valores e instituciones democráticas.
Considero que con el título de su obra quiere hacer eco de aquella monumental obra de Carlos Marx que tiene el mérito de descubrir las enormes desigualdades que provoca este sistema de mercado.
Sin embargo Piketty es un crítico de Marx, aunque le reconoce como un teórico clásico que se hizo la pregunta correcta, la respuesta que le dio Marx dista de ser satisfactoria.
Entre las muchas diferencias existentes entre el capital de Marx y el capital del siglo XXI de Piketty, una que quisiera resaltar es que mientras para Marx, el sistema tiene contradicciones antagónicas -es decir, que no tienen solución dentro de las relaciones capitalistas, en el sentido de que la riqueza genera pobreza y desigualdad social-, para Piketty, el sistema tiene solución al estilo que lo tuvo Keynes en la década de los 30 del siglo pasado, el papel del estado. Nada más que el papel que jugó el estado en el siglo XX debe ser diferente al papel que el estado debe jugar en el siglo XXI. Para Piketty, no se trata de quitarles a los ricos y darles a los pobres de manera tan explícita. Se trata de modernizarlo, no de desmantelarlo y quizá aquí se encuentre el debate que Piketty propone, anteponiendo que el papel del estado es indispensable, habría que darle forma a través del debate la forma moderna que ese estado debe tener.
Desde mi punto de vista, en ese debate volverá a tener razón el viejo Marx.



Del marco teórico

El tema de Piketty es el tema de la desigualdad. De Marx resalta el haber planteado la teoría de la acumulación que provoca una mayor concentración y centralización del capital y por ende una mayor desigualdad inherente a la dinámica del desarrollo capitalista, lo que Piketty denomina “el principio de acumulación infinita” que nos lleva a un periodo apocalíptico, esta argumentación marxista la confronta con la tesis de Simon Kuznets que señala que el capitalismo en su desarrollo genera inexorablemente una disminución de la desigualdad del ingreso y por ende una mayor prosperidad y felicidad para todos, algo parecido a un cuento de hadas. Entre ambas visiones diametralmente opuestas, Piketty se ubica en medio de los dos polos, ni la acumulación es infinita, ni tiene irremediablemente a reducirse sino que se comporta como un ciclo. Según el mismo muestra en su libro, hasta antes de 1914, la acumulación y por ende la desigualdad iba en constante aumento, pero de 1914 a 1970 se suscita una disminución de la desigualdad, en ese sentido sus estudios se parecen a los resultados de Kuznets. La desigualdad tendió a caer, pero a partir de la década del 70 se revierte nuevamente y la acumulación y la desigualdad han mostrado un aumento preocupante.
¿Qué provocó según Kuznets una disminución de la desigualdad en gran parte del siglo XX (de 1915 a 1970)?: el desarrollo tecnológico y el aumento del “capital humano”; ¿qué provocó la disminución según Piketty?: fenómenos coyunturales como la primera y segunda guerra mundial, la guerra fría, la crisis de 1929 y el avance del socialismo que alertó a los estados a impulsar una mejor política distributiva.
Entonces deduciendo este argumento de Piketty, parece que sin decirlo directamente le da la razón a Carlos Marx; la ley de la acumulación es un proceso constante que genera una alta  concentración y centralización de capital solamente contrarrestada en algunos periodos por coyunturas importantes como las que marca el propio Piketty, pero no negada pues más tarde que temprano termina por imponerse la ley irrefutable de la acumulación.
Lo que Piketty no se atreve a declarar abiertamente es que el único periodo del largo trayecto que él analiza sobre la desigualdad mundial se debe a factores coyunturales que se suscitaron entre 1915 y 1970 y no a un proceso cíclico como normal como el parece afirmar en su libro.
Suponiendo que el proceso cíclico de la desigualdad sucede, sólo se podría corroborar a muy largo plazo, cuando pasen unos 100 o 200 años o más que muestre esa regularidad que dice tener, sin embargo es mucho esperar como para quedarse con los brazos cerrados y no hacer nada al respecto. Y como Piketty mismo lo dice, en términos de pronósticos él se declara incapaz de predecir el futuro.
Al contrario de Marx, que planteo su análisis del capital como una herramienta emancipadora de la clase obrera en su lucha contra la clase capitalista, Piketty señala: “que quede claro: mi propósito aquí no es abrir un proceso de los trabajadores en contra de los propietarios, sino más bien  a ayudar a cada uno a tener una mejor perspectiva” (Piketty, 54).
El método utilizado por Piketty va de lo general a lo particular, comienza con un leve marco conceptual que le permitirá exponer sus los supuestos de su explicación, se basará en los elementos básicos de las cuentas nacionales construidas por la macroeconomía desde el siglo pasado, analizará la relación de desigualdad entre naciones, al interior de una nación, entre ingresos, entre ingresos del trabajo y entre ingresos del trabajador, se apoyará no solo de una extensa base de datos, sino de la literatura y de la historia. En fin es una obra que en efecto invita al debate donde plantea la pregunta correcta ante estos momentos aciagos que estamos viviendo.

Estructura del libro

Primera parte: Ingreso y capital

En la primera parte del libro Piketty reconoce los conceptos básicos de su análisis. Ingreso, producción, riqueza, capital, relación capital / ingreso, primera ley fundamental del capitalismo, distribución, crecimiento.
Menciona que ingreso = producción; a la vez, el ingreso nacional = producción interna + ingresos netos recibidos del extranjero, también el ingreso nacional = ingresos del capital (en forma de beneficios, dividendos, intereses, rentas, regalías, etc.) + ingresos por trabajo (sueldos, remuneraciones, honorarios, primas, etc.)
En el concepto de capital incluye el conjunto del capital inmobiliario (inmuebles, casas) utilizado como vivienda y los capitales financieros y profesionales (edificios, equipos, máquinas, patentes, tierras, acciones, obligaciones, ganado, oro, recursos naturales, etc.) utilizados por las empresas privadas y agencias gubernamentales.
Aunque no es lo mismo capital y riqueza, los tomará como sinónimos como elemento simplificador para el análisis y en ese sentido la riqueza nacional = riqueza privada + riqueza pública. Según pudo constatar en la base de datos, la riqueza pública  es muy baja en los países desarrollados por lo que la riqueza privada representa casi la totalidad de la riqueza nacional. Formalmente la riqueza nacional = capital nacional = capital interno + capital extranjero neto.
Un elemento que el utilizará durante todo el libro es la  relación  capital / ingreso que denota con la letra griega β y mide el valor del capital total de un país en relación a años de producto o ingreso nacional. Señala que las disparidades en el ingreso resultan de la desigualdad en los ingresos del trabajo y de la aun mayor desigualdad en los ingresos del capital originado a la vez por la enorme concentración de la riqueza (Piketty, 65).
Un dato importante señalado por el autor es que el acervo de capital en los países desarrollados se divide en dos partes aproximadamente iguales al día de hoy: capital inmobiliario y capital productivo.
Acto seguido el autor anuncia la primera ley fundamental del capitalismo en la que α = r * β, donde r es la tasa de rendimiento que históricamente ha oscilado alrededor del 5% sin definir bien que es lo que determina esa tasa.  La fórmula α = r * β señala que α es la participación de los ingresos del capital en el ingreso nacional y β es la relación capital / ingreso.
Adelantándome a los capítulos menciona una segunda ley fundamental del capitalismo donde  β = s / g, válida solamente a largo plazo donde s es la tasa de ahorro y g la tasa de crecimiento del ingreso nacional, a la vez g es la tasa global de crecimiento del ingreso nacional, es decir, la suma de la tasa de crecimiento del ingreso nacional  por habitante y la tasa de aumento de la población.
Un dato importante que resalta el autor es que una prioridad para los economistas del siglo XVIII y XIX era la medición del stock del capital mientras que en el siglo XX la prioridad fue la medición del flujo del ingreso y solamente a partir de la década de 1990-2000, la cuantificación de la riqueza volvió a primer plano (Piketty, 72-73).
En términos de la desigualdad mundial, establece que hay países con un ingreso promedio por habitante que oscila entre 150 y 200 euros mientras otros tienen 20 veces más esa cantidad. Menciona también que la distribución mundial del ingreso es más desigual que la distribución mundial de la producción.
Entre los conceptos básicos señalados en esta primera parte del libro está la denominada ley del crecimiento acumulado conforme a la cual una tasa de rendimiento anual por algunos puntos porcentuales, acumulada sobre varias décadas lleva a un muy significativo incremento del capital inicial (Piketty, 92). Esta ley es muy importante porque  con el 1% de crecimiento anual, una sociedad se renueva profundamente en el largo plazo y no como realmente se cree que es un crecimiento raquítico que no hace mover la producción agregada.

Segunda parte. La dinámica de la relación capital ingreso

En esta parte el autor señala la metamorfosis del capital en términos de su estructura durante el largo periodo estudiado, también señala la relación de la vieja Europa con el nuevo mundo y la relación capital / ingreso a largo plazo.
En los países estudiados se advierte que la relación capital / ingreso siguió una evolución con una relativa estabilidad en los siglos XVIII, XIX y principios del siglo XXI y con un cambio importante en el siglo XX.
Si bien la relación capital / ingreso se mantuvo constante de manera aproximativa, no así la estructura de capital, pues en los siglos XVIII y XIX la forma dominante de riqueza era la territorial mientras que en el siglo XX y principios del XXI es el capital inmobiliario, industrial y financiero la que predomina sobre la territorial.
El autor hace un análisis de Francia, Reino Unido, Estados Unidos Canadá y Alemania y toma en cuenta las vicisitudes de cada uno de esos países a largo plazo.
Se encontró con la complejidad de medir el capital o la riqueza en aquellos lugares donde existía la esclavitud como en los Estados Unidos. Pues en esos estadíos tuvo que considerar a la población esclava como capital, es decir, como un objeto que es susceptible de ser vendido y comprado. De esa manera mientras en Estados Unidos los esclavos forman parte de la riqueza en Europa, no se consideraban a los hombres como esclavos y por lo tanto no se les consideraba como riqueza por lo que la relación capital / ingreso difería de país a país.
Nuevamente lo que el autor encuentra es que la relación β difiere dependiendo si se toma un porcentaje de la población como capital o no.
Entre los países que no contaban con esclavitud la relación capital / ingreso se mantuvo relativamente estable a largo plazo, pero no así la estructura, pues esta cambio drásticamente al pasar a predominar el capital inmobiliario, industrial y financiero sobre el capital territorial.

El autor señala que el capital o la riqueza es difícil de medir a corto plazo debido a la volatilidad de los precios, pero esa dificultad desaparece en el largo plazo pues ha quedado demostrado que el movimiento de los precios en un periodo demasiado largo se neutralizan.
Un punto débil que encuentro en el autor es con respecto a sus rodeos para explicar la determinación de la tasa de rendimiento, al tratar de explicar cómo se determina r hace alusiones a la teoría de Marx, -desde mi punto de vista equivocado- y a la noción neoclásica de la productividad marginal del capital pero no logra explicar de forma consistente como se mide esta tasa.
En la obra de Marx si hay una teoría de la tasa de rendimiento. Para Marx,  el capital se divide en capital industrial y el comercial, sólo el primero crea plusvalía pero sin el segundo, esta plusvalía no se puede realizar, por lo que es indispensable para el ciclo total del capital; por lo tanto los capitales se van a dividir entre las ramas económicas y el comercio para determinar una cuota general de ganancia o ganancia media bajo el principio de que a capitales iguales, ganancias iguales, pero ¿qué papel juega el rendimiento?, el rendimiento es producto del capital a préstamo que implica la división de la ganancia media en ganancia del empresario (ganancia del capitalista industrial y el comercial) + rendimiento (ganancia del capital a préstamo), por lo que el rendimiento es el pago del servicio de tener capital (en dinero primero, en mercancía después) por el que el prestamista recibe un título que le da derecho a una ganancia sin necesidad de trabajar. Ese rendimiento no tiene una tasa natural pero tiende a oscilar entre  cero y el valor total de la ganancia media. Por lo que su determinación se deberá a la oferta y la demanda de fondos prestables.
Sin embargo Piketty, tras darle vueltas al asunto simplemente indica que en promedio la tasa de rendimiento a través de los siglos oscila alrededor del 4 y 5 por ciento aproximadamente por lo que la determinación de la tasa de rendimiento no se debe a un estudio teórico, sino a la base datos estadísticos que maneja.

Tercera parte: estructura de la desigualdad

En este parte analizará la desigualdad en la mayor parte de sus vertientes, la desigualdad entre ingresos nacionales, desigualdad entre ingresos del trabajo, desigualdad entre ingresos del capital, desigualdad entre ingresos de trabajo y de capital, desigualdad entre el patrimonio o la riqueza. Esta es una parte medular dentro de su teoría y demostrará el aumento de la desigualdad a principios del siglo XXI y la preocupación que esto conlleva.
La primera regularidad que Piketty encuentra es que la desigualdad respecto al capital siempre es mucho mayor que la desigualdad respecto al trabajo. De esta manera señala que “la participación del 10% de las personas que reciben el ingreso del trabajo más elevado suele ser del orden  de 30% de total de los ingresos del trabajo” (Piketty, 288) mientras que en el caso del ingreso por capital es superior al 50% e incluso hasta 90%, estos datos se mostraron constantes en todas las épocas de los países estudiados.
El autor señala que la clase media patrimonial constituye la principal transformación estructural de la distribución de la riqueza de los países desarrollados en el siglo XX.
El autor hace énfasis en la desaparición de las sociedades de rentistas como sociedades dominantes, o aquellas élites que preponderantemente vivían de la renta de la tierra y en su lugar aparecen las sociedades de ejecutivos dentro de las clases contemporáneas.
Con respecto a la desigualdad de los ingresos del trabajo plantea la posibilidad de una carrera entre la educación y la tecnología en el sentido de que los trabajadores modernos deben estar cualificados para alcanzar una remuneración mayor, sin embargo toma en cuenta el papel de las instituciones en la forma en que han buscado o no paliar dichas desigualdades.
En la actualidad tenemos desde súper salarios de ejecutivos hasta el salario mínimo que son de una evidencia abrumadora.
Finalmente en este apartado el autor analizará la desigualdad en la propiedad del capital, encontrando que existe una híper concentración patrimonial tanto en Europa como en los Estados Unidos, el autor señala que en todas las sociedades conocidas y en  todas las épocas, la mitad de la población más pobre en patrimonio no posee sino apenas el 5% de la riqueza total.
Finalmente señala que el aumento de la desigualdad irá en aumento siempre que r > g y en ese sentido muestra a la desigualdad como inherente al capitalismo. Según la base de datos la tasa de rendimiento oscila entre 4 t 5 por ciento y de acuerdo con el crecimiento del ingreso, el ubica una tasa de 1.5 y 2 por ciento, salvo el periodo excepcional de 1915 a 1970, donde el crecimiento de los ingresos superaba el de la tasa de rendimiento y la desigualdad disminuyó.
Salvo este periodo de 1915 a 1979, en todos los demás periodos la tasa de rendimiento es mayor a la tasa de crecimiento y eso es lo que está pasando actualmente por lo que puede crearse las expectativas que en el siglo XXI, la desigualdad aumentará.
Un elemento que complementa lo dicho anteriormente es el aumento de la desigualdad en los países ricos a partir de la década del los ochenta del siglo pasado y que han continuado en la primera década del siglo XXI.
Finalmente señala que de seguir aumentando la desigualdad  en el siglo XX, la gran acumulación de capital  producirá el surgimiento o la permanencia de una oligarquía poniendo en entre dicho las instituciones democráticas.

Cuarta parte: regular el capital en el siglo XXI

Hemos llegado a la parte de las propuestas, a la vuelta del estado con nuevo rostro y con nuevos retos, no se trata de repetir errores del pasado, sino de modernizar el quehacer del estado para conservar las instituciones democráticas.
Piketty se pregunta ¿podemos imaginar para el siglo XXI algo que trascienda el capitalismo y que sea a la vez más pacífico y duradero? (Piketty, 519). El autor señala que la institución ideal que permitiría evitar la desigualdad sería un impuesto mundial y progresivo sobre el capital. Cosa utópica según el mismo reconoce.
Lo que queda para Piketty es recatar el papel del gobierno en la producción y distribución de la riqueza y la construcción de un estado social apropiado para el siglo XXI que garantice derechos elementales como educación, salud, jubilaciones.
La forma en que el estado puede proporcionar estos servicios será a través de un impuesto progresivo sobre el capital.
De los impuestos que históricamente se cobran están los impuestos al ingreso, los impuestos al consumo, los impuestos al capital, cotizaciones sociales.
En algún lugar hemos visto que en el siglo XVIII y XIX el capital que predominaba era el capital territorial, incluso Ricardo propuso un impuesto a la renta como paliacate para reducir el fenómeno de la desigualdad, durante el siglo XX, se le dio prioridad al impuesto al ingreso y al consumo, sin embargo, aun cuando se podía plantear cierta progresividad, en la práctica no han paliado el problema de la desigualdad, lo que Piketty propone es n impuesto al capital y que sea progresivo, sin embargo, la forma de implementarlo dependerá del debate sobre el mecanismo a instaurarlo de tal forma que no sea una utopía. En este punto está el debate de Piketty, no se trata de incitar a la violencia, sino de preservar las instituciones democráticas amenazadas por la creciente desigualdad.

Reflexiones finales

Finalmente hemos llegado al final de hacer una reseña crítica del libro de Piketty, es un libro que se puede abordar desde muchos ángulos por lo que debe fomentar la crítica pública.
Como el autor lo señala, la base de datos no garantiza resultados 100% precisos, pero lo que se pretende es plantear el debate largamente ausente sobre el fenómeno de la desigualdad creciente en todos los países del mundo
Como lo he informado, el libro se puede abordar desde distintos frentes sin agotar la sustancia del debate público en el mundo. Pude haberme referido solamente a los datos presentes que son muchos y muy informativos, se puede discutir el peso que el autor le da a la historia o al rescate que el autor hace de algunos autores literatos que narraron en sus novelas la situación de sus tiempos, se puede haber abordado desde la forma en que construyó toda la base de datos que sustentan el libro o la ausencia de un debate teórico más formidable como en que existía en los clásicos.
También se puede discutir el libro desde la crítica que hace de la economía como parte de otras ciencias complementarias de las ciencias sociales.
Lo que logro comprender es que con el libro tenemos debate para largo, para darle vueltas y convencernos de lo importante que es hacer algo respecto al panorama nada alentador que uno tiene cuando termina de leer el libro.
Desde mi punto de vista, la discusión girará en torno a sus propuestas, es obvio que el autor con este libro no quiere una confrontación de clases como lo hizo Marx en su época, pues busca convencer hasta los que se benefician del statu quo de lo conveniente que es para todos buscar políticas que abatan la desigualdad y la pobreza.
Por mi parte seguiré analizando el libro y a través de su lectura promoveré el debate que el mismo autor sugiere.

Bibliografía


Piketty, Thomas. (2014). El capital en el siglo XXI. México D. F. Fondo de Cultura Económica