Reseña Crítica: La Noción de Estado de Alessandro Passerin D´Entrèves
Introducción
El
libro “La Noción de Estado” de Alessandro Passerin D´Entrevès, es, sin lugar a
dudas, una completa y profunda síntesis sobre el Estado desde los griegos hasta
la modernidad. De una escritura clara y concisa, el autor nos muestra la
complejidad del concepto y el desarrollo del análisis histórico hasta entender
el surgimiento del Estado Moderno.
Desde
Platón y Aristóteles, pasando por autores como San Agustín, Maquiavelo,
Rousseau entre otros clásicos dentro de la historia del pensamiento político,
el autor se inmiscuye en las profundidades de la filosofía política para darnos
un panorama del Estado que nos permite acercarnos a su complejidad de un
periodo a otro.
Antes
que nada el autor nos advierte que el uso de la palabra Estado se empezó a
popularizar a comienzos de la modernidad, endilgando a Maquiavelo como el autor
que popularizó el concepto de lo que antes se conocía con neologismos como polis para los griegos, res publica para los romanos, civitas o regnum durante la edad media.
Claro, no sin antes advertir las diferencias conceptuales debido a la época en
que se utilizaron.
Tomando
en cuenta lo anterior, y con dos mil años de evolución de ese concepto político,
analiza el Estado a través de tres nociones: el Estado como fuerza, pura fuerza, es decir, el cuerpo político que
tiene el monopolio del poder para hacer valer su existencia a la sociedad; el Estado como poder, en el que la fuerza debe
ir acompañada con el derecho o la legalidad, no es la pura fuerza, sino fuerza
respaldada por las leyes, lo que comúnmente se conoce como Estado de Derecho;
la tercera noción que abarca es el Estado
como autoridad, en el entendido que no todo es coerción, sino también aceptación
y consentimiento para imponer el orden que lleve justicia, de esta manera
Estado y justicia aparecen fuertemente ligados. En la modernidad ese Estado
justo será acompañado por nuevos elementos de aceptación como los conceptos de
nación y patria; surgiendo el concepto de Estado Nación y el amor a la patria.
El Estado como fuerza
En
este punto Passerin plantea un primer acercamiento acerca de la noción del
Estado, la pura fuerza, entendiéndose esta no sólo la fuerza física sino la que
proviene de la habilidad y sabiduría del que manda, hecho fáctico que es más
fácil de percibir dentro de una determinada comunidad. El Estado no es nada si
no sabe imponerse y sólo se puede imponer si tiene la fuerza para ello.
¿Es la
fuerza el elemento sustancial del Estado o es solo la aplicación de su
ejercicio? Para Passerin, la noción del Estado como fuerza está presente en
todas las épocas, desde los griegos hasta el siglo XX; de ese modo desde el
argumento de Platón -por boca de Trasímaco para el que “la justicia no es más
que un nombre para designar en la ciudad lo que conviene al que manda”- hasta
la actualidad se han desarrollado distintas teorías políticas que ponen énfasis
en la capacidad del Estado para imponer por la fuerza.
De esa
manera Passerin rescata la visión de algunos pensadores clásicos como Lutero
para quien los príncipes son el azote o los verdugos de Dios y son necesarios
para domeñar a los malvados y conseguir que reinen el orden y la paz por medio
del terror, para De Maistre, el Estado aparece como la suprema encarnación de la fuerza. Passerin
señala que ya a en los inicios de la modernidad Maquiavelo planteaba que el
problema central de la política es un problema de fuerza y mientras un Estado carezca
de esta está condenado a la ruina.
Para Maquiavelo
la fuerza es un elemento clave para la supervivencia de cualquier Estado y en
su libro el Príncipe, recomienda al hombre de Estado aprender a no ser bueno, a
hacer uso de la maldad de ser necesario, parte de una concepción negativa del ser
humano. Para Maquiavelo, asegura Passerin, los hombres son malvados y
perversos, poseídos por una sed inextinguible de dominio, por lo que para
gobernar se debe partir del hecho de que todos los hombres son criminales en
potencia y que querrán conquistar el poder en la menor oportunidad (Passerin,
66 y 67).
Una
teoría que presenta a la sociedad como relaciones de fuerza es la denominada
teoría de las clases sociales planteada por el marxismo para el cual las
relaciones de producción son relaciones de lucha entre dos clases antagónicas,
por un lado están los que poseen medios de producción y por el otro los que no
poseen medios de producción. Según el marxismo, la historia de las sociedades
es la historia de la lucha de clases en donde la clase dominante subordina y
somete a las clases dominadas a través del Estado; de esa manera el Estado es
todo un aparato político al servicio de la clase dominante para asegurar la
explotación sobre la o las clases dominadas. El Estado como fuerza es elemental
para que una minoría poseedora de los medios de producción subordine y explote
a las demás clases desposeídas de esos medios de producción.
Otra
teoría que pone énfasis en la noción del Estado como fuerza es la teoría de las
élites. Esta teoría, contrario al marxismo, es una teoría conservadora donde
los que gobiernan son las élites de una determinada comunidad. Sus principales
autores son Gaetano Mosca y Wilfrido Pareto, el primero parte de dividir a la
sociedad entre gobernantes y gobernados, los primeros poco numerosos son mantenidos
por los segundos a través de la fuerza, hecho tan evidente para cualquier
observador; el segundo plantea que la historia del Estado es una historia de
circularidad de élites, una clase poco numerosa (la aristocracia) se mantiene
por la fuerza y domina a la mayoría; para Pareto la historia de la humanidad es
un cementerio de aristocracias pues éstas no duran, unas desaparecen para
aparecer otras que la sustituyen. Alessandro Passerín plantea que la diferencia
de Mosca y Pareto con Marx es que mientras para los primeros, la historia
siempre ha sido así, una minoría gobernando una mayoría, el marxismo tiene un
elemento superador que es la sociedad sin clases.
Ya en
pleno siglo XX, la Ciencia Política, a través del estudio empírico trata de
demostrar que el aparato político es acaparado por grupos de presión que tratan
de incidir en la gobernanza para su propio beneficio. La moderna Ciencia Política
separa el estudio político del problema del Estado y como le interesan las
relaciones de fuerza en un determinado contexto social, se desinteresa del Estado y amplía su
análisis a otras relaciones de fuerza. Para Bentley, precursor de la Ciencia Política
el gobierno es un proceso, una cosa que se hace de acuerdo a determinados
intereses que determinan el obrar de los hombres vinculándolos entre sí a
través de una gran variedad de relaciones denominados grupos de interés que
utilizan la fuerza o la presión para imponer sus intereses. La existencia de
grupos de presión conllevará al surgimiento del pluralismo político, reduciendo
toda realidad política a la dinámica de grupos en lucha.
Finalmente,
la noción de Estado como fuerza no es la negación de las otras dos nociones de
Estado (como poder y autoridad), sino que en última instancia la fuerza impera
sobre el derecho y sobre la autoridad. Passerín denomina como realismo político
a todo intento de reducir el problema de Estado como un mero problema de
fuerza, producto de una concepción negativa del ser humano. Pareciera que para
Passerin todas las teorías antes analizadas son reduccionistas, sin embargo al meter
todas esas teorías en un solo costal es pecar de lo que el mismo critica:
vulgar reduccionismo. De todas las teorías antes analizadas, solo el marxismo
no tiene una concepción negativa del ser humano, en efecto para Marx, el hombre
es producto de las condiciones materiales en las que se desarrolla su
existencia y no parte de una concepción natural del ser humano, sino de una
concepción histórica en la que los hombres se encuentran al nacer. Son las
condiciones materiales los que le dan al hombre una concepción del mundo
determinada y que les permiten actuar de una forma determinada. Por otro lado
desde el análisis de la así llamada Ciencia Política, que buscó hacer análisis
de la simple observación, trató de hacer a un lado valores para investigar
desde los datos, el papel del sistema político y los grupos de presión que
sobre ese sistema pesan. Sin embargo, para avanzar continuemos con la obra de
Passerin
El Estado como poder
Una
vez analizado el Estado desde el “realismo político”, Passerin se dirige a
plantear la noción del Estado como poder, entendiéndose éste no como la pura
fuerza o la fuerza por sí misma como elemento sustancial del Estado sino fuerza
que se apoya en la legalidad, la fuerza apoyada en una relación jurídica, de
derecho. La noción del Estado como poder o como fuerza basada en el derecho no
es nuevo y data de los griegos, pero fundamentalmente de los romanos.
En
esta parte el autor se plantea analizar cómo una noción del Estado no se puede
concebir sin el derecho, entendiéndose ésta como normas o constituciones sobre
el que el Estado debe actuar. El autor encuentra dos relaciones entre Estado y
Derecho, los que lo consideran como uno y la misma cosa y los que consideran al
derecho como precursor del Estado. El autor señala la enorme influencia de la
civilización romana en el surgimiento del Estado Moderno y enfatiza la carencia
de una teoría de la norma jurídica en el caso griego.
Es
interesante señalar la contraposición existente en los griegos entre lo que es
un gobierno de hombres y un gobierno de leyes. Para Platón el ideal sería un
gobierno de hombres sabios, mientras que Aristóteles, discrepando de Platón
señala por el contrario que un gobierno de leyes es superior a cualquier
gobierno de hombres por la simple razón de que mientras que la ley es
inteligencia sin pasiones, el hombre es gobernado por la codicia y es fácil es
de corromper. Para Passerin los griegos no conciben al Derecho un atributo
esencial del Estado sino como un instrumento para el desarrollo de la actividad
del mismo.
Sin
embargo, para los romanos, señala Passerín, el Estado no es concebible fuera
del derecho y el derecho no es concebible sin la justicia, por lo tanto una ley
injusta no es ley y al no serlo no puede dar sustento al Estado, de ahí que
para los romanos el Estado y el Derecho están indisolublemente unidos. Para los
romanos el Estado emana de la ley y la ley emana del pueblo jurídicamente
organizado, por tanto señala el autor, la ley es en esencia la emanación de la
voluntad colectiva del pueblo.
Se
señala por lo tanto, una vinculación entre la ley y el Estado que da origen al
poder. El poder es atributo del Estado en tanto que es un Estado de Derecho,
fuera de la cual es pura fuerza y por tanto no es Estado.
El
autor señala que esta concepción de unidad entre Estado y derecho creado por
los romanos es deformada en el medioevo a través de la separación entre Estado
y derecho, si bien en la edad media, el Estado debe ser un Estado de derecho,
el derecho precede al Estado. En el medioevo, mientras el Estado es una
creación humana, el derecho puede existir sin el Estado. Por lo tanto se pueden
identificar dos tipos de derecho: el que emana del Estado y el precede al
Estado, este último es el denominado derecho natural que es diferente y
superior a los demás y que más adelante nos llevará al término del derecho
positivo.
De la
noción del Estado como poder o de la relación entre Estado y derecho surgirá un
nuevo concepto y elemento sustancial en la época moderna que será el de
soberanía. No basta con que el derecho cree al Estado o que este sean
creaciones humanas mutuas, sino que el Estado debe prevalecer y ser aceptado
por los de adentro y por los de afuera de la comunidad, es decir, debe ser
reconocido como Soberano. La soberanía por lo tanto será parte esencial del
Estado Moderno y nos llevará a dos instituciones muy importantes: la
representación y la división de poderes, la primera de origen medieval mientras
que la segunda más propia de la modernidad.
Con el
concepto de la soberanía y la complejidad en el aparado del Estado con
instituciones como la representación y la división de poderes se va ungiendo el
Estado como lo conocemos actualmente. De esa manera el Estado está dotado de
poder que administra, promulga leyes,
juzga e impone tributos por razón de un conjunto de normas que son de derecho público.
De
esta manera llegamos a que el Estado Moderno es un ordenamiento jurídico. Para
el autor, el problema del nacimiento el Estado Moderno no es otro que el del
nacimiento y afirmación del concepto de soberanía desde las relaciones desde
dentro de una comunidad dada y las relaciones de poder entre diversas
comunidades en el plano internacional. En términos de la soberanía, los
gobernantes tienden a reclamar todo el poder. La soberanía es unidad,
indivisibilidad, perpetua y absoluta.
Por
otra parte, señala el autor, para Hobbes la soberanía no es solo un atributo
del Estado sino el alma misma del Estado, un alma artificial como el Estado
mismo, resultado de la autorización y de la renuncia al derecho a gobernarse
así mismo. Para Hobbes, la soberanía está estrechamente vinculada con la fuerza
pero no se confunde con ella, sin embargo, el reinado de la ley es precario sin
la fuerza. Los pactos, sin la espada son meras palabras.
Ahora
bien, se pregunta el autor, ¿es posible controlar el poder sin contradecir la
lógica misma de la soberanía? En este sentido se trata de determinar si el
poder puede ser ordenado de tal forma que garantice la seguridad que Hobbes considera como la
mínima condición para la existencia del Estado. De lo que se trata pues es de
controlar el poder sin destruir la soberanía y la salida fue la moderna teoría
de la división de poderes que ya los clásicos definen como la constitución
mixta.
El Estado como
autoridad
Habiendo
desarrollado al Estado como fuerza y como poder, es menester llegar a la
conclusión que no basta que el estado ejerza la fuerza y de que esa fuerza
tenga respaldo legal, hace falta que el Estado sea reconocido como autoridad
por los subalternos a través de una serie de valores que fortalezcan la
relación entre mando y obediencia. Palabras como orden, justicia, patria
permitirá transportar al plano valorativo la noción de poder como fuerza legal.
Para
el autor la palabra “orden” está cargada de significados emocionales de la que
carece la palabra “legalidad”. El orden encarna la normalidad, la paz y la
seguridad y se impone por la misma
evidencia de la razón y no por la fuerza. El orden es un bien deseable, es
positivo y por lo tanto necesario y es lo que distingue al hombre de la bestia.
Ahora
bien el orden basado en la legalidad, se pregunta el autor, hasta qué punto
puede llamarse “legítimo” y “justo”. En otras palabras es el Estado un “orden
justo”, es decir, es la encarnación de la justicia o es un medio para llegar a
ella. Cualquiera que sea la respuesta lo que se plantea es la relación del Estado con la Justicia.
Con
respecto a otro concepto valorativo, la nación, aunque su definición arrastre
consigo un carácter plurisignificativo se le suele relacionar como un
sentimiento y este como un poderoso
incentivo para perseguir una serie de fines. La nación significa un sentimiento de singularidad de cada pueblo, el respeto
por sus propias tradiciones, la custodia celosa de las particularidades de cada
Estado que aparece en Europa en el movimiento cultural denominado Romanticismo.
Para el autor el término de nación marca
el advenimiento de un nueva consciencia política y al mismo tiempo de una nueva
pasión, la pasión nacional similar a la pasión religiosa de los pueblos del
medioevo y que la unidad nacional se convierte en un ideal que debe perseguirse y alimentarse dando
origen a lo que se conoce como Estado nación como el único Estado bueno.
Por
otra parte el concepto de patria para Passarin es un concepto mediador entre
Estado y Nación y de él procede ese halo
sentimental y emocional que circunda a los Estados modernos que puede adoptar
la forma de una aspiración hacia la unidad y la independencia o sobre la
orgullosa afirmación de la libertad.
Los conceptos
de orden, justicia y patria se utilizan para justificar o legitimar al Estado.
Otro elemento necesario para justificar la legalidad es sobre el ejercicio del
poder que implica que unos hombres que detentan el poder dictan mandatos a
otros hombres y estos hombres tienden a obedecer dichos mandatos, para ello se
plantea como pregunta, ¿Cuál es la fuente del poder? El autor señala que es el
principio del carácter sagrado de la autoridad y del deber de obediencia que ha sobrevivido del derecho
divino de la edad media, pero que dicho reconocimiento exige la apelación a un
principio superior que la legitime: la fuerza y el consentimiento. En cuanto al
consentimiento éste se da por la aceptación de un poder establecido y del
reconocimiento de las desigualdades inherentes a las relaciones sociales y
políticas. En cuanto a la libertad, para que el Estado pueda proporcionarla, habría
que distinguir entre libertad negativa y positiva.
Por
libertad negativa se entiende la remoción de los obstáculos que se opongan al
desarrollo individual y el aseguramiento de una esfera de independencia que haga posible tal desarrollo, por lo tanto
leyes buenas son aquellas que resulten indispensables para asegurar la pacífica
coexistencia de los hombres. Por libertad positiva es la libertad de incidir en
cómo y por quién debe ser ejercido el poder.
Finalmente
el autor concluye como el elemento que da legitimidad al Estado, la
determinación del bien común que ha sido uno de los temas más controvertido a
lo largo de la historia y que sin lugar a dudas determina el éxito o el fracaso
de los Estados Modernos.
Conclusiones
Finalmente hemos llegado al final de este
ensayo sobre el análisis del libro “la noción de Estado” y con ella una cosa
queda clara: el Estado es producto de un largo producto histórico que se fue
haciendo complejo conforme se hacían complejas las relaciones sociales y
políticas. El Estado no es producto natural, es una construcción humana que
surgió en una situación histórica determinada y que se fue haciendo compleja
conforme las sociedades evolucionaban. Para una teorías, el Estado no es sino
producto de las relaciones sociales basadas en la necesidad de vivir en colectivo
por parte de los hombres, para otras teorías, es Estado es producto para
mantener el dominio de una minoría sobre una mayoría dentro de las comunidades.
La discusión sobre el Estado ha perdurado
durante siglos y aun hoy se sigue perfeccionando pero lo que es un hecho es que
se pueden identificar tres nociones: el Estado como fuerza, el Estado como
poder y el Estado como autoridad, en términos generales las tres nociones están
fuertemente vinculadas y relacionadas entre sí en el sentido de que las
nociones del Estado como poder no niegan la fuerza del Estado, sino que esa
fuerza está legalizada y esa legalización a la vez es consentida por el
carácter de autoridad que tiene al
consentimiento del Estado como una necesidad de las sociedades civilizadas.
Sin lugar a dudas, el tema del Estado ha
generado una secular discusión en aras de encontrar la esencia del Estado
Moderno y el autor, con profundidad y conocimiento profundo ha logrado
sintetizar las nociones actuales e históricas del Estado para aclarar la
discusión que sobre el mismo se tiene en la actualidad.
El intento del autor consistió en sintetizar el
complejo pensamiento que sobre el Estado han pensado grandes mentes, el intento
es interesante, pero no por eso deja de ser incuestionable, ciertamente el
derecho y la autoridad producen en la concepción del Estado un elemento
imparcial, un arbitraje entre la convivencia de los hombres y sus encontrados
intereses. Se escucha hablar sobre los medios de comunicación de masas del
Estado de derecho y de la autoridad del Estado para con todos sus ciudadanos,
pero todas, absolutamente todas las decisiones están basados en cotos de poder,
en una interpretación a modo de las
leyes y en amor a la patria para
defender oscuros intereses económicos. A un sin negar la complejidad del
Estado, termina de imperar la fuerza del Estado, violentando el marco legal y
aprovechando los medios de comunicación como controlador y adormecedor de las
masas. Antes como hoy, el Estado, pese al derecho y al consentimiento de los
hombres, se impone por la fuerza, utiliza la fuerza como el principal
instrumento de mantener el estado de cosas que benefician a unos cuantos. El
conocimiento de ese hecho sustancial ha promovido dos tipos de acciones,
conocer la fuerza del Estado como un intento de la clase dominante de
perpetuarse en el poder o conocerlo para transformar las condiciones imperantes
de dominación y explotación de una minoría sobre los intereses de toda una
comunidad.
Passerin,
D., & Alessandro. (2001). La Noción del Estado. Barcelona: Ariel
S. A. .
